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CARACAS, domingo 24 de agosto, 2008 | Actualizado hace
 
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Sabor latino

El verdadero sentir de nuevas comunidades se aprecia en ciertas zonas de Chicago, donde el inglés y el español se mezclan

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El Mercado de la calle Maxwell, aunque no se encuentra en la misma ubicación sigue siendo un símbolo de la diversidad en la ciudad (Sally Ryan/The New York Times)
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EL UNIVERSAL
domingo 24 de agosto de 2008  12:00 AM

En una galería de arte de cinco pisos situada en Pilsen, el barrio latino de Chicago que está en boga, se escuchaban los acordes vibrantes de una guitarra. Cuatro artistas latinas exponían sus pinturas en una sala abarrotada de gente que conversaban mientras se movían al ritmo de la música y bebían cerveza y vino. El barullo parecía atraer a los amantes del arte desde distintos puntos de la edificación ubicada en 1932 South Halsted Street, el corazón de un paseo dedicado a las artes que abre sus puertas al público el segundo viernes de cada mes.

Muchos provienen de los suburbios u otras zonas de la ciudad, pero como en la mayor parte de Chicago en estos días, es la población creciente de latinos la que da vida al lugar. Carolina Reyes, una de las pintoras cuyas obras estaban exponiéndose, dejó un vecindario del norte de Chicago hace dos años para establecerse en Pilsen y aprender más de su cultura.

Para eso no necesita irse de Chicago, una ciudad situada a más de 1.600 kilómetros de la frontera con México y que ha acogido a unas 800.000 personas de origen hispano, en su mayoría mexicanos. Esta comunidad representa más de una cuarta parte de la población y crece cada día más.

"Yo mismo soy oriundo de un área predominantemente latina de las afueras de Los Ángeles y me mudé a esta ciudad hace 25 años. Mi esposa, una latina de Texas, se vino hace 12. Es natural que nos sintiésemos atraídos por áreas como Pilsen, donde el español y el inglés se mezclan en medio de mosaicos brillantes y murales de héroes mexicanos, y Little Village, donde los grupos de mariachis que cantan en los restaurantes muy bien podrían ser del sur de la frontera. Es algo que va más allá de la familiaridad y el hecho de que comer y entretenerse en la parte latina de Chicago sea más económico".

"Todo está sucediendo tan rápido", explicó Carlos Tortolero, quien se mudó a Chicago procedente de México a los tres años. En 1982, a los 28, comenzó lo que sería el Museo Nacional de Arte Mexicano, la principal institución cultural latina de la ciudad. "Se está convirtiendo en una ciudad mexicana".

a lo latino
Los inmigrantes transformaron a Chicago en una de las ciudades de mayor crecimiento de la historia de EEUU. Pasó de ser un terreno pantanoso, casi inhabitado a principios de los años 1800, a una metrópolis de un millón de personas en 1890. Una versión actualizada de ese pueblo multicultural puede verse los domingos en un mercado de las pulgas, cerca del lugar donde supuestamente la vaca de la señora O'Leary pateó la farola que desató el Gran Incendio que devastó Chicago en 1871. Conocido como el mercado de Maxwell Street, se extiende por Canal Street al sur de Roosevelt Road. Después de más de 100 años, la ciudad aún atrae a inmigrantes de todas partes.

En la actualidad, al igual que sucede con gran parte de Chicago, el mercado se mueve al ritmo latino. Las personas parecen llevar el paso de la estridente música latinoamericana mientras recorren las cuatro cuadras donde se encuentran los puestos de venta de piezas de arte, joyas, bolsos y artículos de cuero.

Gastronomía gourmet
Si ve un hombre delgado con una "chivita" que conoce a los vendedores de comida de la calle, puede que sea Rick Bayless, el chef y autor de libros de cocina de Chicago que elevó la comida tradicional mexicana a la condición de gastronomía gourmet por el sólo hecho de comer tortillas con mole en Lencho's Tacos siempre que estaba libre. Cuando llegan a Chicago, "las personas se sienten más libres de ser ellas mismas", afirma Bayless, quien adoptó la cocina mexicana y en 1987 abrió Frontera Grill (445 North Clark Street; 312-661-1434) en el área de River North. Su éxito, junto con el de Topolobampo, otro restaurante de su propiedad, dio inicio a la creación de establecimientos serios y nada estadounidenses, que han hecho de la ciudad un lugar destacado cuando de comida latina se trata.

Frontera está decorado con obras de arte mexicano que Bayless y su esposa coleccionaron durante años. Una de las especialidades de la casa más pedidas por su simplicidad y frescura son los tacos al carbón (carne a la parrilla con guacamole, frijoles y tortillas preparadas al momento, por 16 dólares).

En el barrio West Side de la comunidad de Humboldt Park, un área predominantemente puertorriqueña y mexicana, el pequeño restaurante Maíz (1041 North California Street; 773-276-3149) de Carlos Reyna es el santuario de los platillos aztecas elaborados a base de maíz (tortillas, tamales y sopas). Otras de las especialidades, muchas de las cuales son servidas por su propio dueño, son los tamales de vegetales cocidos en hoja de cambur y los tamales triangulares con mole, que pueden degustar con las conocidas bebidas frías, los batidos de frutas que Reyna solía beber en la Ciudad de México. No deje de probar el batido con sabor a pepino.

En los últimos 36 años, Roberto Marín, otro inmigrante latino, no ha dejado de tocar salsa, género musical con el que creció en Colombia. En el día trabaja como operario de máquinas en una fábrica de componentes eléctricos, y casi todos los sábados en la noche toca el bajo en Las Tablas, restaurante de carnes colombianas situada en Irving Park, al noreste del centro de la ciudad.

No obstante, Pilsen, ubicado en la comunidad Lower West Side es, quizás, el barrio que más se identifica con la comunidad latina de la ciudad. Es casi 90% latino, y son estas personas quienes en su mayoría administran cafés, restaurantes y las nuevas tiendas de moda del lugar.

Caminando hacia el este por la 18th Street, desde la estación del metro de Chicago, se llega al corazón de Pilsen. Es una calle donde abundan los cafés y restaurantes como Café Mestizo (1646 West 18th Street; 312-421-5920) y Mundial Cocina Mestiza (1640 West 18th Street; 312-491-9908), un local donde puede disfrutar un exquisito "brunch" los fines de semana. Pruebe el filete de ternera con huevo que sirven con contornos propios de la cocina mexicana y tortillas calientes por unos 12 dólares.

Más hacia el este está Bombón (1508 West 18th Street; 312-733-7788), una panadería y pastelería mexicana especializada en tortas para bodas.

Jeff Bailey / The New York Times Syndication
Traducción Servio Viloria


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