Análisis El presidente de Colombia
ratificó que "no se arrepentía" de haber bombardeado
un campamento rebelde en Ecuador. Tal señalamiento lo
hizo el pasado 16 de abril durante el III Foro Económico
Mundial sobre América Latina. "De ninguna manera me pudiera
arrepentir (... ) yo veo que se ha acusado mucho por haber
entrado en territorio ecuatoriano, a un lugar de la selva
donde había unos delincuentes que asesinaban a los colombianos,
pero no se ha cuestionado que esa violación de soberanía
la hizo el grupo terrorista de las FARC".
El planteamiento hecho por Álvaro Uribe pone de relieve
nuevos conceptos que en materia de geopolítica y de derecho
internacional, en el marco de un proceso irreversible de globalización,
comienzan a incidir en las relaciones entre los estados y
especialmente en Latinoamérica.
En la frontera ecuatoriana no sólo se produjo una acción
armada, allí se confrontaron dos modelos políticos
y económicos, dos concepciones que intentan imponerse
en un mundo donde las fronteras y la soberanía territorial
han perdido su denominación original. Es la confrontación
entre la democracia occidental atada a la economía liberal
y el populismo nacionalista que, en el caso de América
Latina, ha encabezado el presidente venezolano Hugo Chávez
y que ha promovido una alianza internacional contra EEUU.
Para el proyectista de la Ley contra la Delincuencia Organizada
y estudioso del tema del terrorismo internacional Bayardo
Ramírez Monagas, en las reuniones de Río y de la
OEA, en donde se discutieron y acordaron resoluciones sobre
el ataque al campamento guerrillero en Ecuador por parte de
Colombia, se abordó el problema de la violación
de la soberanía territorial del Estado ecuatoriano, sólo
a la luz del concepto de "soberanía territorial", que
se establece en la carta de la OEA como único principio
que regía la discusión.
A juicio de Ramírez fueron dejados de lado "estratégicamente"
las Convenciones de la ONU y las convenciones internacionales
contra el terrorismo y su financiamiento, suscritas por los
países del continente. Todo ello en un mundo donde los
ejércitos ya no pelean sólo contra los ejércitos,
sino contra amenazas. Se trata de un mundo globalizado en
lo económico, político, tecnológico y militar,
con grandes fenómenos globales que no fueron previstos.
En tal sentido, precisa Ramírez que por efecto indeseado,
la delincuencia organizada y el terrorismo internacional,
también se globalizaron como aparatos de poder y como
estados paralelos. Estos nuevos enemigos son tan poderosos
como lo puede ser un estado formal. Nos encontramos en un
mundo donde la soberanía territorial, si bien es cierto
que hay que respetarla, ella no debe ser sólo territorial
porque el terrorismo y la delincuencia organizada actúan
en el hiperespacio, utilizan el sistema financiero globalizado
y establecen alianzas políticas y económicas extraterritoriales,
que incluyen a gobiernos que por intereses ideológicos
y económicos, comparten objetivos comunes con el terrorismo.
De allí que Ramírez establece una soberanía
superior que identifica como "soberanía compartida".
Esta no sustituye la territorial pero significa que hay una
amplitud diferente que contiene una obligación internacional.
Cuando los estados firman la convención contra el terrorismo
(1999) o la convención contra la delincuencia organizada
(2000), se adquieren una serie de compromisos que los países
deberían asumir.
El caso Bin Laden
El filósofo Paul Berman, estudioso del terrorismo islámico,
nos explica que en los días que siguieron al ataque de
las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, mucha gente
anticipó una rápida victoria de parte de EEUU. "Se
pensaba que el ejército terrorista no era más grande
que un barco pirata, pero Al Qaeda ha permanecido (... ) El
rostro espiritual del barbado Bin Laden se asoma desde camisetas
y carteles en varios países, como si fuera el nuevo Che
Guevara", sostiene Berman. "Es una organización relacionada
con las élites gobernantes de varios países".
En efecto los ataques de Al Qaeda se extendieron más
tarde a Europa, tienen ramificaciones en Irak y generaron
cambios sustanciales en las legislaciones de EEUU, Europa
y América Latina. A partir de esos ataques "los fondos
financieros de los terroristas son buscados hasta debajo de
la piedras", enfatiza la revista "Cuentas Claras", especializada
en legitimación de capitales. El Fondo Monetario Internacional
estima que el lavado de dinero proveniente de organizaciones
delictivas y terroristas es de 1.500.000 millones de dólares
aproximadamente.
Explica el experto que la mayoría de los gobiernos de
América Latina no comprenden que el tráfico de drogas,
el terrorismo y la delincuencia organizada son un tejido interrelacionado.
Si por ejemplo se trabaja con drogas, también se está
tocando el problema del tráfico de armas, de la corrupción
o el terrorismo. Las FARC se convirtieron en traficantes de
drogas cuando dejaron de tener financiamiento por la vía
de la URSS y tuvieron que buscar cómo financiarse.
Países forajidos
Cuando la congresista republicana, Ileana Ros-Lehtinen introdujo
a principios de abril ante la Cámara de Representantes
una resolución instando al gobierno de EEUU a incluir
a Venezuela entre los países que financian el terrorismo,
argumentó que no es un problema personal. "Es la preocupación
americana porque nuestros vecinos sean países democráticos,
que respeten los Derechos humanos, civiles y políticos..."
Lo que está planteando la congresista no es sólo
que el gobierno venezolano haya protegido a guerrilleros de
las FARC como el caso de Rodrigo Granda, que haya pedido el
reconocimiento de fuerza beligerante para las FARC y guardado
un minuto de silencio por la muerte de Reyes, que de la pluma
del propio Marulanda se haya reconocido el papel de Chávez
como un aliado fundamental o que Venezuela haya estrechado
alianzas con países como Irán, Corea del Norte,
Cuba o Bielorusia. En el juego geopolítico también
está implícito el sistema económico de libertades.
Y Venezuela encabeza a un grupo de países latinoamericanos
reunidos en el ALBA, que comienzan a plantear unas reglas
del juego distintas a las de las democracias occidentales
lideradas por la Unión Europea y EEUU, en el que los
principios democráticos, el libre mercado y el derecho
internacional están siendo cuestionados.
De acuerdo con los documentos encontrados en la computadora
de Raúl Reyes, y las manifestaciones públicas del
presidente Chávez de apoyo abierto a las FARC, el gobierno
de Venezuela ha sido un aliado fundamental de la organización
colombiana calificada de terrorista. Tal alianza se sustenta
en el proyecto geopolítico de la revolución bolivariana,
referido de manera explícita por los jefes de las FARC.
En esa alianza Ecuador igualmente ha jugado un papel de cooperador
que fue obviado en las resoluciones de Río y la OEA.
Según refiere un documento de la Fundación "Seguridad
y Democracia", publicado meses antes del ataque al campamento,
Ecuador erró el cálculo al considerar que una posición
de no confrontación con las FARC va a evitar que esa
organización no desarrolle actividades ilegales en su
territorio. "Existen registros de actividades como extorsión,
secuestros, cobro de vacunas (...) establecimiento de campamentos
militares y siembra de coca. Adicionalmente, la demanda de
armas ha generado graves casos de corrupción dentro del
ejército", dice el documento.
Asimismo recordemos cómo los inspectores de la OEA detectaron
un laboratorio para procesar coca muy cerca del campamento
donde, desde hacía tiempo, estaba establecido Raúl
Reyes en territorio de Ecuador.
Destaca Ramírez Monagas que algunos de estos países
del continente están jugando a ser "estados forajidos".
Tiene que ocurrir un escándalo como el de Ecuador para
descubrir que estos países hacen caso omiso a los convenios
internacionales que prohíben dar refugio a terroristas
o negociar con éstos sin que se entere la víctima,
en este caso el Estado colombiano.
folivares@eluniversal.com