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revista Estampas
Caracas, sábado 03 de julio de 2004  


El dolor sitiado
Más del 30% de la población mundial padece de dolor crónico o agudo. Es un desorden que afecta al individuo en todas las facetas de su vida, razón suficiente para que la ciencia médica trabaje incesantemente en la búsqueda de su cura definitiva. Betzy Barragán

Sólo el que padece de dolor puede saber y describir su intensidad. Es distinto en cada persona, así se trate de una misma patología. Está determinado por una serie de variables como la edad, el sexo, el grupo étnico, la personalidad, experiencias previas, la educación, la cultura y el estado anímico. Todas estas razones dificultan tener una definición precisa; sin embargo, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor lo describe como "una sensación física y emocional desagradable asociada a una lesión tisular (del tejido) potencial o real, o bien descrita en términos de este tipo de lesión".

El dolor se convierte en una enfermedad en sí mismo cuando limita el movimiento, interfiere en el sueño, altera el estado de ánimo y dificulta las relaciones interpersonales. Cada individuo, tarde o temprano, tiene un encuentro con él. Por ello, científicos de todas las áreas se dedican a tiempo completo a su estudio e investigación.

Recientes análisis han aportado nuevos datos para profundizar en el conocimiento que se tiene en cuanto a la percepción del dolor. Gracias a los avances tecnológicos y a estudios específicos, se ha logrado demostrar que el sexo, las hormonas y la genética, están estrechamente relacionados con el grado de sensibilidad y respuesta que tienen las personas ante un estímulo desagradable.

Un estudio coordinado por el investigador Jon Kar Zubieta, de la Universidad de Michigan, determinó que la mujer es más sensible al dolor y tiene menos capacidad para activar su propio sistema de opiáceos (calmantes) durante la menstruación y la ovulación cuando el nivel de hormonas es bajo. Sucede lo contrario después de la ovulación hasta el día anterior de la menstruación, ya que el nivel de hormonas es más alto y la resistencia mayor. Igualmente, al momento del parto, el nivel de tolerancia es más alto puesto que los niveles hormonales están elevados, condición que ayuda a sobrellevar las fuertes contracciones. A diferencia de las féminas, los hombres poseen un menor número de receptores y tienen más capacidad para activar su propio sistema analgésico; se podría decir que son un tanto más "insensibles".

Pero la investigación no termina aquí. En una entrevista publicada por la revista Science, el doctor Zubieta reveló que los especialistas habían identificado el gen que codifica la enzima llamada catecol-0-metilo, "la cual hace una gran diferencia en la tolerancia al dolor y las emociones y sentimientos relacionados con él". De esto se deriva que existen tres tipos de configuraciones genéticas: una normal, una muy baja, y una intermedia, donde se ubica el 42% de los seres. Esta es una de las respuestas al por qué ciertas personas toleran mejor el dolor, cuando otras ni siquiera soportan un pinchazo.

¿Cuál es el suyo?
Existe una división de tipos de dolor que pretende proporcionar una base general en los estudios epidemiológicos y científicos. Estos son:

Dolor agudo: Comienza habitualmente de forma repentina, inducido por un daño o enfermedad específica, por lo que provoca un signo violento de alarma. Aunque no suele durar más de lo que tarda la lesión en curarse, su intensidad puede ocasionar reacciones generalizadas en el cuerpo. Ejemplos típicos son el dolor menstrual, el de origen odontológico, una fractura de huesos, o la cefalea o jaqueca.

Dolor postoperatorio: Es un tipo de dolor agudo que a diferencia de los otros puede predecirse y calcularse en cuanto a su intensidad de acuerdo con la gravedad y extensión de la cirugía. Suele ser intenso, invalidante y delimitado al órgano o zona intervenida.

Dolor oncológico o asociado al cáncer: La enfermedad cancerosa puede producir molestias de muchas formas debido al crecimiento local de un tumor que puede afectar las más diversas estructuras corporales como huesos, nervios o cualquier órgano interno. Estas manifestaciones pueden alcanzar todos los grados de intensidad, desde una simple molestia, hasta dolores muy intensos, continuos o episódicos. Este tipo de dolor también es causado por tratamientos como cirugía, radioterapia o quimioterapia.

Dolor crónico no oncológico: Se asocia a padecimientos que por definición tienen características crónicas como la artrosis, la artritis reumatoidea, las fibromialgias, y los dolores crónicos de columna.

Dolor neuropático: Se origina en algún punto de la vía nerviosa y se caracteriza por ser intenso, episódico, tipo ardor o quemazón, asociado muchas veces con alteraciones de la sensibilidad. Dolores neuropáticos típicos son la neuralgia del trigémino (tipo de jaqueca que afecta la cara), la neuralgia postherpética (persistencia del dolor luego de haber padecido herpes Zoster o culebrilla) o el dolor neuropático posterior a una amputación.

Un estudio coordinado por el investigador Jon Kar Zubieta, de la Universidad de Michigan, determinó que la mujer es más sensible al dolor y tiene menos capacidad para activar su dolor y tiene menos capacidad para activar su propio sistema de opiáceos (calamantes) durante la menstruación y la ovulación

Una lucha de varios siglos
Mucho tiempo ha transcurrido desde que Hipócrates, 300 años a.C., tratara a sus pacientes con los derivados de la corteza de sauce blanco (ingrediente activo de la aspirina) y otras sustancias químicas como la belladona, la mandrágora o el beleño. En esa época, un dolor de muelas o el agudo malestar causado por una caída, quemadura o cortada, había que sobrellevarlo con gran valentía.

Después de varios siglos, el uso de la corteza de sauce como antipirético y analgésico quedó un poco en el olvido, y fue sustituido por el opio, sustancia química utilizada por los médicos durante la Edad Media, e incluso, transcurridas varias décadas del siglo XVIII. Nada digno de resaltar sucedió hasta el momento en el que Laboratorios Bayer patenta e inicia la comercialización del ácido acetilsalicílico, conocido con el nombre de aspirina, a finales del siglo XIX.
Luego de un período de aparente inactivad, se dieron a conocer avances considerables en el campo de la analgesia; después de la aspirina, surgen una variedad de calmantes como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), muy eficientes en el manejo del dolor, pero con efectos colaterales indeseables en el caso de uso prolongado en pacientes crónicos. Ulceras, perforación o sangrado gastrointestinal, disminución de la función renal y el bloqueo de la agregación plaquetaria, son algunas de estas inevitables molestias.

Las cifras de enfermos que padecen de dolor son alarmantes. Es un problema que afecta a millones de personas en todo el mundo, y el índice de consumo de calmantes es equivalente. Cada año, solamente en Estados Unidos, mueren aproximadamente 16.000 personas a causa de hemorragias gastrointestinales, un número similar a los fallecimientos producto del virus del sida.

Ante este retador panorama el trabajo de los investigadores se centró en desarrollar medicamentos con iguales beneficios pero sin las complicaciones anteriormente mencionadas. Este esfuerzo conjunto dio como resultado lo que hoy se conoce como tecnología COX-2, llamadas también drogas de diseño, que se caracterizan por tener efectos específicos y selectivos en donde se origina el dolor.


Infografía: Amadeo Pereiro

Tecnología COX-2
"Mucho tiempo tomó determinar el mecanismo de acción que tienen los analgésicos en el control del dolor", según lo explica la reumatóloga Verónica Liendo. Esta función radica en la inhibición de una enzima conocida como ciclooxigenasa, de cuya síntesis se derivan otras sustancias químicas como las prostaglandinas, que son responsables de la inflamación, el dolor y la fiebre.
Con el avance de los estudios se descubrió que la ciclooxigenasa estaba presente en dos formas: COX-1 y COX-2. También se lograron identificar los efectos específicos que tienen cada una de ellas. La COX-1 tiene una función protectora en el organismo; entre otras cosas, ayuda a mantener protegida la mucosa gástrica, mantiene el flujo sanguíneo en los riñones y facilita la agregación plaquetaria. Por otra parte, la COX-2 es la que favorece la formación y mantenimiento de la inflamación y, por ende, del dolor.

Los AINE comunes, como, por ejemplo, el ibuprofeno e incluso la aspirina, bloquean estos dos tipos de enzimas, pero tienen efectos secundarios cuando son suministrados por largos períodos de tiempo a pacientes con dolores o patologías crónicas como la artritis, quienes, en la mayoría de los casos, son personas de edad avanzada con algún otro tipo de complicaciones en su salud.
Con el conocimiento preciso de la función de estas sustancias, el reto consistía en desarrollar medicamentos que lograran inhibir solamente la enzima causante del dolor y la inflamación, y no la COX-1; es así como se llega a la tecnología COX-2. Los fármacos resultantes tienen la capacidad de ser selectivos y específicos, porque identifican y actúan particularmente en la ciclooxigenasa 2. De estas drogas, las más conocidas son el etericoxib, celecoxib, rofecoxib y valdecoxib.

La eficacia de estas medicinas ha sido comprobada en tratamientos de procesos inflamatorios reumáticos, procesos postquirúrgicos, dismenorrea y dolores odontológicos, entre otros. También se tiene información acerca de su acción beneficiosa en el manejo del Alzheimer y en el cáncer de colon. Sin embargo, las investigaciones continúan en pro de desarrollar nuevas sustancias que logren mejorar la calidad de vida de las personas que padecen de dolores crónicos sin que tengan que sufrir los efectos secundarios de consumir ciertos medicamentos.

Fuentes consultadas
- Doctora Verónica Liendo. Reumatóloga.
- Gabriel Gutiérrez Giraldo y Laura del Pilar - Cadena Afanador. Breve reseña histórica sobre el estudio del dolor. Universidad de - Bucaramanga. Colombia.
- Doctor Jorge Dagnino Sepúlveda. Definiciones y clasificaciones del dolor. Universidad Católica de Chile.
- Dpto. de Prensa de Merck Sharp & Dohme
- www.bayer.com
- www.eluniversal.com
- www.diariomedico.com
- www.odontored.cl
- www.odontocat.com

 

 
CALMAR EL DOLOR

››Recientes descubrimientos ponen de manifiesto que los antiinflamatorios cumplen un papel importante al evitar el desarrollo de ciertos tipos de cáncer. Esto se explica a partir de estudios que indican que el aumento en las cantidades de COX-2 en el organismo incrementa las probabilidades de desarrollar cáncer, como por ejemplo el de colon; debido a que la COX-2 convierte las cadenas de ácidos grasos en otros compuestos responsables de ocasionar reacciones inflamatorias.

››El doctor Gurkirpal Singh, investigador de la Universidad de Stanford, y uno de los estudiosos con más experiencia en el campo de las "drogas de diseño", expuso, en una visita a Caracas, los hallazgos esperanzadores del uso del celecoxib en el tratamiento de la poliposis adenomatosa hereditaria, extraña enfermedad de origen genético, que ocasiona la proliferación descontrolada de pólipos en el colon, condición que conduce al cáncer. La acción de este medicamento es frenar el crecimiento y propiciar la muerte de las células perversas; evitando así la formación de los tumores malignos. Muestra de ello es el trabajo de un grupo de investigadores del centro de Cáncer en Houston publicado en la revista The New England Journal of Medicine, en el que se destaca que la administración de celecoxib disminuyó en 30% el crecimiento de células precancerosas, resultados por demás alentadores, ya que, hasta hace poco, no se contaba con
ningún aliado para combatir esta mortífera enfermedad.

 
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