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Tiempos
de inquietud
¿Cómo saber
cuándo la ansiedad es saludable
y normal, y cuándo deja de serlo? Este trabajo explica los
diferentes trastornos, sus tratamientos y ofrece claves para controlar
esa zozobra. Adriana Gibbs
Todas las personas conocen a viva piel
lo que es sentir ansiedad: los hormigueos en el estómago
antes de la primera cita, la tensión que se siente cuando
el jefe está enojado, la forma en que el corazón late
cuando se está en peligro. La ansiedad incita al individuo
a actuar, lo anima a enfrentarse a una situación amenazadora
y lo mantiene alerta cuando está dando un discurso, por citar
un ejemplo. Pero si se padece de algún trastorno, esta emoción
puede dar un resultado contrario: evita que la persona asuma una
situación y perturba su cotidianidad.
"La ansiedad es la reacción
ante un peligro o amenaza que se manifiesta mediante respuestas
fisiológicas, cognitivas y conductuales que ejercen, de algún
modo, una función protectora. Estos cambios no tienen por
qué ser patológicos, sino que por lo general se consideran
modos de adaptación del individuo a las demandas de la situación.
Ahora bien, si los síntomas se mantienen por largo de tiempo,
la ansiedad puede derivar en un trastorno, afectando seriamente
a la salud", advierte el doctor Alfonso González, profesor
de la cátedra de Psiquiatría en la Escuela Vargas
de la Universidad Central de Venezuela.
Más de un 15% de la población
general llega a sufrir alguna vez, a lo largo de su vida, algún
trastorno de ansiedad, que consiste en una serie de reacciones muy
intensas o demasiado frecuentes o, simplemente, poco ajustadas a
una determinada situación. Las más frecuentes son
las siguientes:
Area cognitiva: preocupación,
temor, inseguridad, dificultad para decidir, miedo, pensamientos
negativos, temor a la pérdida del control, dificultades para
pensar, estudiar o concentrarse.
Area fisiológica: sudoración,
tensión muscular, palpitaciones, taquicardia, temblor, molestias
en el estómago, dificultades respiratorias, sequedad en la
boca, dificultades para tragar, dolores de cabeza, mareo y náuseas.
Area motora: fumar, comer o beber
en exceso, intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse,
tocarse, etcétera), ir de un lado para otro sin una finalidad
concreta, tartamudear, llorar y quedarse paralizado.
La ansiedad está presente como
síntoma en varios trastornos mentales, en algunas enfermedades
físicas, en dolencias del estado de ánimo -está
vinculada con la depresión-, en algunas adicciones -cigarrillo,
alcohol, cafeína, derivados del cannabis y cocaína-
y en trastornos de alimentación -anorexia y bulimia-, entre
otros.
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| NO SE AUTOMEDIQUE |
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González advierte que la automedicación
en el país, tanto de antidepresivos como de benzodiazepinas,
parece ser frecuente, hecho preocupante dados los efectos
de una equivocada administración de medicinas:
por una parte, el desarrollo de la dependencia al medicamento
y, por otra, el efecto tolerancia, que ocurre cuando
deja de tener efecto y la persona sube la dosis. El
recomienda:
Apoyo
médico
Cuando se busca a un profesional del área es
importante preguntar qué tipos de terapia usa
generalmente o si propone medicamentos disponibles en
el mercado.
Confianza
Es vital que la persona se sienta cómoda con
la terapia; de no ser éste el caso, se sugiere
buscar ayuda en otro lado.
Supervisión
Si la persona ha estado tomando medicamentos, es importante
no cortar abruptamente el uso de algunos de ellos, sino
irlos rebajando bajo la supervisión del especialista.
Hay que preguntar al médico cómo se debe
dejar de tomar un medicamento.
Equipo
Cuando la persona se siente cómoda con el profesional
del área que la asiste, debe tomarse en cuenta
que los dos están trabajando en equipo.
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| ¿NORMAL
O PATOLOGICA? |
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ANSIEDAD NORMAL |
ANSIEDAD PATOLOGICA |
| CARACTERISTICAS GENERALES |
Episodios poco frecuentes
Intensidad leve o media
Duración limitada
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Episodios repetidos
Intensidad alta
Duración prolongada
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| SITUACION O ESTIMULO
ESTRESANTE |
Reacción esperable
y común |
Reacción desproporcionada |
| GRADO DE SUFRIMIENTO |
Limitado y transitorio |
Alto y duradero |
| GRADO DE INTERFERENCIA
EN LA VIDA |
Ausente o ligero |
Profundo |
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Sus maneras
Estas dolencias están frecuentemente relacionadas, de acuerdo
con González, con la estructura biológica así
como las experiencias en la vida del individuo, y con frecuencia
son hereditarias. Existen varios tipos. El especialista los explica:
Trastorno de ansiedad generalizada (TAG):
La persona se siente ansiosa casi todo el tiempo sin ninguna
causa aparente. Puede ocurrir que las sensaciones sean tan incómodas
que, para evitarlas, quien las padece llega a suspender algunas
de sus actividades diarias, pues se aterroriza e inmoviliza. Los
que sufran esta dolencia suelen anticipar siempre un desastre, preocupándose
excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo,
aun cuando generalmente comprenden que su intranquilidad es más
intensa de lo que la situación justifica. No pueden relajarse
y frecuentemente tienen trabajo en conciliar el sueño o en
permanecer dormidos. Sus preocupaciones van acompañadas de
síntomas físicos, especialmente de temblores, contracciones
nerviosas, tensión muscular, dolores de cabeza, mareos e
irritabilidad. El TAG se presenta gradualmente y afecta con mayor
frecuencia a personas en la edad adulta. Es más común
en las mujeres que en los hombres.
Trastorno de pánico: Quienes
lo padecen experimentan sensaciones de terror que les llegan repentina
y repetidamente sin previo aviso: palpitaciones, dolores en el pecho,
mareos o vértigos, sofocos o escalofríos, sensación
de irrealidad y temor a morir. No pueden anticipar cuándo
les va a ocurrir un ataque y muchas personas pueden manifestar ansiedad
intensa, pues existe la continua preocupación de que en cualquier
momento se va a presentar otro ataque. Casi todos los episodios
tienen su intensidad máxima durante los primeros diez minutos;
en casos raros pueden durar un poco más. El trastorno de
pánico es doblemente más común en las mujeres
que en los hombres. Puede presentarse a cualquier edad, en los niños
o en los ancianos, pero casi siempre comienza en los adultos jóvenes.
Fobias: Se manifiestan en distintas
formas. Está la llamada fobia específica que se traduce
en un miedo a algún objeto o situación determinada,
y la fobia social que es el recelo a colocarse en condiciones vergonzosas
en presencia de otras personas. Otro tipo es la agorafobia, que
frecuentemente acompaña al trastorno de pánico y es
el temor que siente la persona de encontrarse en un contexto que
pueda provocar el ataque o en uno difícil de escapar si éste
llegara a ocurrir. Las fobias atacan a una de cada diez personas.
Generalmente aparecen primero en la adolescencia o en la edad adulta.
Nadie sabe exactamente qué las ocasiona aunque parece que
son hereditarias y más comunes en las mujeres.
Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC):
Quien lo sufre suele estar plagado de imágenes persistentes
o sentir de manera incontrolable la necesidad de celebrar ciertas
prácticas. La persona puede estar obsesionada con los gérmenes
y, en ese caso, se lava las manos una y otra vez; puede estar llena
de dudas y sentir la necesidad de reconfirmar las cosas repetidamente;
puede pasar largos períodos de tiempo tocando las cosas o
contando; o puede estar preocupada por el orden y la simetría.
Muchos individuos saludables pueden tener algunos de estos síntomas,
pero el trastorno se diagnostica cuando dichas actividades consumen
una o más horas al día, son muy angustiosas o interfieren
con la vida diaria. El TOC afecta a hombres y mujeres aproximadamente
en igual número y aflige a más o menos una de cada
50 personas. Puede aparecer en la niñez, en la adolescencia
o en la edad madura pero como promedio se detecta en los jóvenes
o en los adultos jóvenes.
Estrés postraumático: El
evento que desata este trastorno puede ser algo que haya amenazado
la vida de esa persona o la de alguien cercano a ella. Frecuentemente,
los que lo padecen tienen persistentemente memorias e imágenes
de la experiencia vivida y se sienten emocionalmente paralizados;
vuelven a vivir el trauma en forma de pesadillas y recuerdos inquietantes
durante el día. Pueden también experimentar problemas
de sueño o depresión, y se sobresaltan fácilmente.
Pueden perder el interés en cosas que antes les causaban
alegría y les cuesta trabajo sentir afecto. Es posible que
se sientan irritables, más agresivos que antes o hasta violentos.
Bajo
tratamiento
El psiquiatra Alfonso González explica que muchas personas
confunden estos trastornos y piensan que los individuos deberían
sobreponerse a los síntomas usando tan sólo la fuerza
de voluntad. "El querer que los síntomas desaparezcan
no da resultado, pero hay tratamientos que pueden ayudar. Las investigaciones
han demostrado que los pacientes responden mejor a una combinación
de medicamentos y psicoterapia; la terapia conductual y la terapia
cognitivo-conductual pueden ser efectivas", afirma.
La primera se concentra en cambiar conductas
específicas y usa varias técnicas para disminuir o
detener un comportamiento indeseable. Por ejemplo, una técnica
entrena a los pacientes en un ejercicio especial de respiración
que consiste en respiraciones lentas y profundas para reducir la
ansiedad. Esto es necesario porque las personas que la padecen frecuentemente
sufren de hiperventilación, respirando rápidamente
cortas cantidades de aire que pueden provocar latidos rápidos
del corazón, mareos y otros síntomas. Otra técnica
es la terapia de exposición que enfrenta gradualmente a los
pacientes a aquello que los asusta y les ayuda a vencer sus miedos.
La terapia cognitivo-conductual enseña a los pacientes a
reaccionar en forma diferente ante las situaciones y sensaciones
corporales que desatan los ataques de pánico y otros síntomas
de ansiedad.
Los dos tipos de medicamentos que se ha comprobado
son seguros y efectivos, son los antidepresivos y las benzodiazepinas.
Entre los antidepresivos figuran los llamados inhibidores selectivos
de la recaptación de serotonina (fluoxetina, paroxetina,
citalopram, escitalopram y sertralina), y otros son mirtazapina
y venlafaxina. Estos no hacen efecto rápidamente, pero lo
bueno es que no causan dependencia, lo que sí puede ocurrir
con las benzodiazepinas. En casi todos los medicamentos antidepresivos
que se recetan, el médico suele iniciar al paciente con una
dosis baja y gradualmente se la aumenta hasta llegar a la adecuada.
Cada medicamento tiene efectos secundarios, pero éstos, por
lo general, se llegan a tolerar o disminuyen con el tiempo. Si los
efectos secundarios llegan a ser un problema, el doctor puede aconsejar
al paciente que deje de tomar el medicamento y que espere una semana,
o más tiempo en el caso de ciertas drogas, antes de probar
uno nuevo. Cuando el tratamiento está por terminarse (generalmente
tiene un tiempo de duración de 12 meses) el doctor puede
disminuir la dosis gradualmente.
"En ocasiones -afirma González-
si la dolencia lo amerita, se prescriben también las benzodiazepinas,
un grupo de fármacos que producen enlentecimiento de las
funciones nerviosas, que pueden producir relajación o sensación
de calma inmediatamente, a diferencia de los antidepresivos que
tardan varias semanas para ser efectivos. Se utilizan para tratar
cuadros de pánico, contracturas musculares, síntomas
de nerviosismo, insomnio y ansiedad".
Entre las benzodiazepinas figuran alprazolam,
fluracepam, loracepam y clonazepam, entre otras. Causan dependencia
por lo que deben usarse en tratamientos cortos de tiempo, de cuatro
a ocho semanas aproximadamente. No deben administrarse con alcohol,
ya que se potencia su actividad ni son aconsejables durante el embarazo
y la lactancia.
Otras fuentes consultadas: http://www.nimh.nih.gov
(página oficial
del National Institute of Mental Health, de Estados Unidos).
David Sobel y Robert Ornstein, autores del Manual de la salud del
cuerpo y la mente.
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