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¿Comer sin carbohidratos?
Varios son los mitos que se
han tejido en torno a las dietas que reducen el volumen de estos
nutrientes en la alimentación. Aquí despejaremos las
dudas más comunes ante este polémico tema.
Ludwig Johnson
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| Si se regresa a la dieta
que siguieron la mayoría de los seres humanos que han
habitado la Tierra, se podría corregir una gran cantidad
de problemas de salud que se presentan hoy día |
Tu vecina "te pasó" la dieta
"buenísima" de su doctor. Has perdido cinco kilos
y estás feliz. La dieta permite comer de todo, menos carbohidratos.
Lo mejor es que no sientes hambre, pero oíste en la radio
que no es buena para la salud.
¿Quién de nosotros no conoce
al menos una persona que dice haberse quitado todos los kilos del
mundo con la dieta "baja en carbohidratos"? En la última
década se han escrito más de 15 best selllers
sobre este tema, y hace unos meses se podía leer en el diario
The New York Times un agradecimiento público a quien
fuera el rey del movimiento low carb, que rezaba: "Gracias,
doctor Atkins, por haber contribuido con la salud en el planeta".
Sin embargo, aun después de tantas historias
de éxito, "comer sin carbohidratos" sigue pareciendo
una locura. ¿No son nuestra fuente primordial de energía?
¿Cómo es eso, por otra parte, de comer carnes y grasas
sin límites? ¿No se supone que las grasas tapan las
arterias, suben el colesterol y propician infartos? Pero es que,
más aún, ¿comer bajo en carbohidratos no es
voltear la pirámide nutricional?
La dieta "alta en carbohidratos/baja en
grasas" ha sido el experimento nutricional más largo
en la historia del planeta. Los resultados no han sido buenos.
Muchas personas que decían comer sano
(sin grasa) comenzaron a presentar hipoglicemia -baja de azúcar-,
HDL (colesterol bueno) disminuido, triglicéridos elevados
y obesidad. Ahora sabemos que estas personas tienen resistencia
a la insulina y/o el más desconocido (y por ello el más
aterrador) de los riesgos cardiovasculares: el Síndrome Metabólico
(Síndrome X del doctor Reaven).
Aunque el motivo del presente artículo
no es exponer los criterios para indicar una dieta baja en carbohidratos
refinados, es importante mencionar dos cosas. En principio, que
las personas con hiperinsulinismo -insulina elevada en la sangre-
son los primeros candidatos. "Comer de todo, pero poquito"
no es un buen consejo para quienes tienen este trastorno del metabolismo.
Recordemos que la insulina es una hormona que aumenta mucho cuando
se ingieren azúcares y harinas blancas -pastas, arroz, pan,
etcétera-, y que al estar más allá de sus valores
normales estimula el apetito, la producción de los triglicéridos,
la retención de líquido y la obesidad. Comer carbohidratos
refinados cuando se tiene hiperinsulinismo no es buena idea. En
segundo lugar, sería prudente comentar lo que hace 20 años
era indecible: que el colesterol de la dieta tiene poco impacto
sobre el colesterol total de una persona -son las grasas saturadas,
y más aún las hidrogenadas, las que tienen alguna
influencia sobre el 15% de éste-, pues el 85% es producido
por el propio organismo.
Ahora bien, entremos en nuestro tema. ¿Qué
se dice y qué es verdad sobre ésta, la más
polémica de las dietas?
No
es balanceada
La dieta se indica para bajar de peso, no para vivir. Unicamente
durante la primera fase se recomienda comer menos de 20-30 gramos
de carbohidratos al día; luego, siempre se agregan alimentos
con fibra, minerales y vitaminas que completan un régimen
balanceado. Cuando se tiene que perder mucho peso, se alterna con
versiones hipocalóricas cargadas en frutas, nueces y vegetales.
Comer bajo en carbohidratos no es una moda
ni "una dieta buenísima". Por el contrario, es
regresar al pasado en el que la diabetes, la obesidad, la hipertensión
y las enfermedades degenerativas eran mucho menos frecuentes. Tal
vez el término "bajo" sea equivocado, pero transmite
a la perfección el objetivo: limitar los alimentos a los
que hace miles de años no teníamos acceso: azúcar
y harinas refinadas. Digo equivocado porque si a ver vamos, los
vegetales son, fundamentalmente, carbohidratos. Y es verdad que
sería ideal consumir el 50% de las calorías de estos
carbohidratos, tal cual lo hacían nuestros ancestros en la
era paleolítica, el problema es que estamos en 2004, y la
realidad es otra: una gran cantidad de niños no come vegetales,
los adultos no tienen tiempo para "llevarse la comida",
y, para colmo, del grupo que logra consumirlos, la mayoría
los acompaña con carbohidratos refinados.
Si regresáramos a la dieta que siguieron
la mayoría de los seres humanos que han habitado la Tierra,
podríamos corregir una gran cantidad de problemas de salud
que hoy estamos presentando. Ayer, los pobladores de la Tierra no
consumían lácteos -no es fácil ordeñar
a un animal salvaje- ni granos. No le ponían sal a la comida,
y el único dulce que consumían era la miel -sólo
cuando la conseguían-. La carne de los animales salvajes
dominaba la dieta. Como los carbohidratos provenían todos
de los vegetales y las frutas, la ingesta de fibra era alta. Hoy,
el ser humano consume 31% de las calorías de los cereales,
14% de los lácteos, 8% de bebidas, especialmente sodas y
frutas, 4% de los aderezos, la mayoría grasas procesadas
y omega 6, y finalmente 4% de los dulces como caramelos, tortas
y galletas. Esto significa que 61% de las calorías de la
dieta moderna proviene de alimentos que eran desconocidos antes
de la implementación de la agricultura y muchos de ellos
ni siquiera estuvieron disponibles sino hasta hace 200 años,
cuando el procesamiento de los alimentos se hizo popular.
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| PARA
QUIENES |
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¿Problemas
renales?
Olvídese de esta dieta
¿Hiperinsulinismo?
Necesita supervisión médica
¿Estreñimiento?
Ciertamente, no es aconsejable
¿Gota?
La dieta tiende a elevar los valores de ácido
úrico
¿Es
el desayuno la comida más importante?
Se hará cuesta arriba
¿Depresión?
Puede repercutir en el ánimo
¿Diabetes
Insulinodependiente?
No
¿Diabetes
No Insulinodependiente?
Bajo supervisión médica
¿Hipertensión
con medicamentos?
Bajo supervisión médica
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Sube el colesterol
porque se consume grasa
No, no hay que comer grasa. Lo necesario es producir cuerpos cetónicos,
las moléculas subproductos del metabolismo de las grasas.
Aparecen en la sangre cuando el cuerpo pasa alrededor de 30 horas
sin carbohidratos y se agotan las reservas de glucógeno hepático
y muscular. Este estado se denomina "cetosis": el momento
en el que el organismo comienza a utilizar la grasa como fuente
de energía, de manera que al ser ingerida, no es almacenada
sino empleada como combustible.
Es verdad que la mayoría de las proteínas
de origen animal vienen con grasa incorporada -a excepción
de la clara de huevo-; sin embargo, los estudios demuestran que
este tipo de dietas mantiene o disminuye levemente los niveles del
colesterol total, eleva el HDL (el llamado colesterol bueno) y baja
los niveles de triglicéridos en la sangre.
Produce un estado metabólico peligroso parecido a la diabetes
Nada más alejado de la verdad. Se tiende a confundir "cetosis"
con "cetoacidosis", una complicación aguda que
se presenta en la diabetes insulinodependiente cuando los niveles
de glucosa aumentan en ausencia de insulina. En este estado se produce
una gran liberación de otra hormona denominada glucagon,
la cual potencia la producción de glucosa a partir de los
músculos, empeorando aún más el cuadro. Esto,
a su vez, aumenta de forma desproporcionada los niveles de cuerpos
cetónicos, llevándolos a niveles tóxicos para
el organismo. La "cetosis", por el contrario, es un estado
benigno, normal y fisiológico, en el que entra el metabolismo
cuando las reservas de glucógeno se agotan, pero con los
niveles de insulina y glucosa normales.
Muchas personas piensan que la cetosis no es el "estado metabólico
normal"; sin embargo, hemos contado con este recurso para producir
energía desde que éramos nómadas. Con lo que
nunca habíamos contado, sino hasta hace poco, era con el
chorro de insulina -nada normal- que produce el páncreas
cuando ingerimos los dulces y las harinas refinadas que Adán
y Eva nunca tuvieron. La insulina tan elevada no es el "estado
metabólico normal". Los endocrinólogos llevan
más de veinte años estudiando las alteraciones que
produce en nuestro metabolismo.
Resta energía al cerebro
Es frecuente escuchar que el cerebro trabaja con glucosa y que al
retirar los carbohidratos se le priva de su fuente "natural"
de energía. Y es verdad, el cerebro utiliza glucosa para
funcionar, pero también utiliza cuerpos cetónicos,
tan "naturales" como la misma glucosa.
¿Qué tienen en común dos de las poblaciones
más sanas del mundo, los esquimales y los aborígenes
de Australia? Los cuerpos cetónicos que producen sus dietas
bajas en carbohidratos.
Sólo se pierde líquido
Es cierto que los primeros dos días se pierden glucógeno
y agua, pero, luego de 48 horas, el cuerpo comienza a perder peso
proveniente de la grasa. ¿Cómo se puede explicar que
un cuerpo pierda 40 litros de agua y muestre un físico que
luce mejor?
La dieta "se come" los músculos
Al pasar las primeras 48 horas sin carbohidratos, el organismo produce
la energía a partir de las grasas y las proteínas.
Se piensa que este tipo de dieta "se come" los músculos
porque están formados de proteínas. Sin embargo, cuando
ingerimos proteínas en la dieta, el cuerpo no necesita utilizar
las reservas de los músculos. Lo único que se pierde
en este tipo de dieta son las grasas.
Disminuyen los niveles de serotonina
El cerebro produce serotonina gracias a un aminoácido llamado
triptófano, el cual compite con otros más grandes
para atravesar la barrera hematoencefálica. Cuando comemos
carbohidratos la insulina se dispara (también con las proteínas,
aunque en menos proporción) y desvía los otros aminoácidos
hacia los músculos. Así, el triptófano se queda
solo, pasa al interior del cerebro y aumentan los niveles de serotonina.
En otras palabras, los carbohidratos aumentan la capacidad del organismo
de producir serotonina. Sin embargo, en condiciones normales (sin
cuadros depresivos) las concentraciones de serotonina no sufren
durante un período corto sin carbohidratos.
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| Comer sin carbohidratos es
muchas veces la única opción para bajar de peso,
ya sea porque no se toleran las dietas "de calorías",
o porque no se tiene éxito con otro tipo de plan |
Se dañan
los riñones
El legendario mito de que las dietas altas en proteínas dañan
los riñones proviene de una verdad médica vista al
revés: el hecho de que al reducir las proteínas en
la ingesta -hasta cierto punto- se disminuye el fallo del funcionalismo
renal en las personas que ya tienen de antemano alguna patología
en los riñones. Simplemente porque el disminuir la ingesta
de proteínas es una buena estrategia en quienes presentan
fallo renal, algunas personas llegaron a la ilógica conclusión
de que lo opuesto también debía ser verdad: que grandes
cantidades de proteínas conducen al daño renal.
Imagina que te lesionas una pierna al caer
durante una carrera. ¿Dirías que los ejercicios aeróbicos
son malos para las piernas? Por supuesto que no. Guardarías
reposo, pero no por ello dejarías de recomendarle a la gente
esos ejercicios con todos sus beneficios para la salud. En el caso
de una dieta alta en proteínas, con los riñones en
mal estado, es igual. Una persona con problemas renales tiene un
tipo de dieta previamente indicada por su médico. No solamente
no debería hacer ésta, tampoco debería hacer
muchas otras.
No existe persona en el planeta que por haber
hecho una dieta baja en carbohidratos se haya lesionado los riñones.
Por el contrario, la dietas altas en carbohidratos podrían
ocasionar mayor retención de líquido, endurecimiento
de las arterias y, eventualmente, hipertensión, una patología
que de no ser controlada, sí puede lesionarlos. Más
aún, muchas personas que consumen dietas altas en carbohidratos
refinados tienden a tener valores de glicemia por encima de lo deseado,
lo que produce un proceso denominado glicosilación de las
proteínas, que eventualmente también podría
perjudicarlos.
Se acumula grasa en el hígado
La mayoría de las personas con sobrepeso tienen una condición
reversible denominada hígado graso. A mayor obesidad, mayor
hígado graso. Sería lógico pensar que al ingerir
grasa, esta se habría de acumular en el hígado. Sin
embargo, la mayoría de los triglicéridos que allí
se encuentran son "hechos en casa" a partir de los carbohidratos.
Existen estudios que evidencian cómo después de una
alta ingesta de carbohidratos, los triglicéridos aumentan
en la sangre. El encargado de este acto de magia es nuevamente nuestro
invitado de honor: la insulina. Que, dicho sea de paso, se encuentra
generalmente en altas concentraciones en las personas con sobrepeso.
¿Conclusión? No se acumula grasa
en el hígado a causa de esta dieta. Por el contrario, los
especialistas que tienen experiencia indicando este tipo de regímenes,
han visto cómo se corrige la condición de hígado
graso al tiempo que se adelgaza.
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