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Lealmente cocinero
Este
joven chef se ha dado con furia a su oficio. Su entrega no ha sido
en vano: en Estados Unidos acaba de ser nominado para el premio
Rising Star Young Chef of United State, y el restaurante Cacao que
fundó hace dos años en Miami, ha recibido las más
significativas distinciones. Lo menos que podría decirse
es que Edgar Leal le hace justo honor a su apellido. Adriana
Gibbs
El año próximo cumplirá dos décadas
metido en los fogones. Tiene apenas 35 años y la cosecha
del chef venezolano Edgar Leal ha sido más que generosa.
Es el primer venezolano en haber pisado la cocina de la prestigiosa
fundación James Beard, y Cacao -el restaurante que fundó
hace dos años en Miami- fue reconocido por la guía
gastronómica Zagat como uno de los 20 mejores restaurantes
de Estados Unidos. Por si fuera poco, la revista Food&Wine
lo catalogó como el sexto mejor restaurante de Florida y,
recientemente, la revista Time lo distinguió y fue
espléndida en loas para el menú concebido por Leal
y su gente.
Graduado en el Culinary Institute of America
en Nueva York -considerado la escuela Harvard de la cocina-, Leal
tiene en su trayectoria pasantías en el restaurante español
Bulli (tres estrellas Michelin) donde trabajó con el afamado
Ferrán Adriá. En España también estuvo
bajo la tutela del chef Iñaqui Izaguirre, ganador del Premio
Nacional de Gastronomía de España; en Nueva York trabajó
con Daniel Boulod, considerado como uno de los diez mejores chef
del mundo; y en el año 2000 estuvo como chef invitado durante
una semana en Le Café de Paris, Monte Carlo, Mónaco.
Venezuela, por supuesto, también ha probado su sazón,
pues Leal formó parte del grupo Ara como chef del propio
restaurante Ara, y como chef ejecutivo del Centro Lido Hotel y del
Nouveau Grill. Y aunque ahora le vaya viento en popa fuera de nuestro
país, de cuando en cuando nos irriga con su deliciosa propuesta
culinaria. En Caracas estuvo hace unos meses para deleitar los paladares
de los integrantes del Club Pomar con un menú escogido (podría
decirse un pedacito de Cacao en Caracas) y degustaciones dirigidas
de los vinos de esta casa.
Cosa curiosa. Cuando uno conversa con él,
casi nunca utiliza el "yo", lo que no ocurre con el "nosotros".
La palabra del verbo hacer que más conjuga es el "hacemos"
y no el "hago". Al referirse a lo alcanzado -los párrafos
anteriores son apenas un mínimo compendio de lo que ha hecho
en cocina- enfatiza que se trata más bien del logro de todo
un equipo. Le cuesta hablar en primera persona y la modestia que
él devela en el transcurso de la conversación (también
deliciosa, por cierto), no luce impostada. Habla despacio, se da
su tiempo para responder y se muestra sereno, virtud que adereza
con toques de humor muy fino.
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Tamal negro de camarones
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¿Por qué y cómo se
hizo cocinero?
"No podría decir 'desde niño cocinaba'. Ese no
es mi caso. Yo me apasioné por la cocina mucho después.
Cuando era niño me visualizaba como un hippie caminante
y mi sueño de adolescente siempre fue viajar y conocer el
mundo. Entre las opciones estaban las de cocinero, fotógrafo
o peluquero, oficios que te permiten moverte por el mundo y no te
exigen las incómodas reválidas si uno decide irse
a otro país. Escogí la cocina y al principio lo que
quería era aprender lo más rápido posible para
montarme en un barco y viajar. No sabía, en ese entonces,
que pronto conocería a los chef Pierre Blanchard y Marc Provost
(con quienes trabajó en los restaurantes Deuxime Etage y
Gazebo, respectivamente). Ellos fueron mis maestros, unos auténticos
enamorados de lo que hacen, y eso me lo contagiaron. La cocina me
sedujo y aprendí que era una carrera seria. Hoy puedo decirlo:
Fue una gran suerte haber podido dar con este oficio".
¿Cómo ha sido ese tránsito
del Edgar Leal del restaurante Ara hasta el del Cacao?, ¿qué
se mantiene?, ¿qué ha cambiado?, ¿en qué
ha crecido?
"Ha sido una experiencia de aprendizaje riquísima. En
Cacao estamos haciendo cocina clásica latinoamericana y he
descubierto una cantidad de productos y de sabores que me hacen
pensar que más nunca regreso a lo que hacía antes.
Mi formación ha tenido el acento europeo y en Cacao me ha
pasado lo que podría ocurrirle a un estudiante de música
clásica: luego de pasar por la más renombrada academia
se da cuenta de que el tamborcito le gusta más porque le
mueve el pie y la cintura; esto es lo que me ha pasado en la cocina.
"En cuanto a lo que se ha mantenido diría
que la manera de trabajar en equipo. Mi filosofía es no dejar
a nadie atrás. Nosotros tratamos de que no haya rotación
de personal, y de que cada quien vaya mejorando su calidad de vida.
Eso pasó en Ara y eso lo he mantenido en Cacao. El equipo
con el que he venido trabajando en estos dos años es una
sabrosa mezcla: lo integran jóvenes de Estados Unidos, una
muchacha de Ecuador, uno de Colombia, dos de Bolivia, una de Argentina,
uno de México, dos de Costa Rica, y de Venezuela somos cuatro.
Es un grupo retador en el que nos llevamos la contraria todos. Si
me equivoco la gente me lo dice sin titubeo; existe la confianza
de plantear nuestras diferencias. Además, con cada uno de
ellos he podido advertir que la cultura de Latinoamérica
es mucho más excepcional de lo que creía".
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Escabeche de pato con mousse
de chocolate blanco y zanahoria
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¿Cómo ha sido su experiencia
en el mercado de Estados Unidos?
"Ha sido todo un camino andado y falta todavía por transitar.
Eso de comenzar desde cero en otro país ha sido de lo más
sabroso. Hoy ya somos una referencia. La manera como lo logramos
fue la correcta: poco a poco, eso te permite estar centrado. Cuando
uno se gana las cosas lentamente si se retrocede -cosa que puede
pasar- también se hace poco a poco y uno lo puede detectar;
no hay caída grande".
¿Cuáles son sus creaciones
culinarias más queridas y cuáles, considera usted,
son las mejor acabadas?
"Aunque todo el mundo lo hace, a mí no me gusta decir
'esto es mío', pues siento que uno en verdad hace variaciones
sobre hallazgos ya hechos y creo que hay que ser humilde con los
conocimientos; hay muchas personas talentosas haciendo cosas sensacionales.
Muchos de los platos que hicimos en Ara, por ejemplo, son deconstrucciones
de platos clásicos basados en las técnicas de Ferrán
Adriá. La cocina de uno es la combinación de muchos
descubrimientos, entonces uno no puede decir 'esto es mío',
y creo que mejor es no decirlo porque el día que lo digas
te estancas y te quedas aferrado a eso; la mejor opción es
seguir creando".
¿Y sus más importantes maestros?
Sin duda, Pierre Blanchard. No es el más famoso, pero sí
el más importante. Con él estuve trabajando durante
cuatro años y me formé a partir de sus cosas buenas
y de las no tan buenas. Lo principal fue la mística en el
trabajo: aprendí que la cocina no es una cuestión
de valor ni de horas... es mística, el compromiso de ser
cocinero y de hacerlo bien. Todo esto es herencia de Pierre".
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| SE LLAMA CACAO |
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Latinoamérica junta
Ubicado en Coral Gables,
Florida, Cacao abrió sus puertas en 2002. Su
diseño sobrio y contemporáneo fue hecho
por el arquitecto venezolano Andrés Alibrandi.
La propuesta gastronómica
es cocina latinoamericana contemporánea, basada
en recetas clásicas, muchas de ellas, incluso,
han perdurado por más de un siglo. Las recetas
de Leal son interpretaciones únicas de adaptaciones
de recetas que abarcan desde las regiones del norte
de México hasta el sur de la Patagonia, en Argentina,
y desde el este de Brasil hasta la costa de Ecuador
y Chile. Ofrecen tres tipos de menú de degustación
para hacer el viaje latinoamericano en una sentada.
Dentro de
las especialidades destacan la Reina Pepiada Arepa Chips,
yuca rellena de "Bobó de Camarão",
de Brasil; Tamal negro de mariscos, Codorniz rellena
y Costillas de res cocidas durante ocho horas en Vino
Tannat, de Uruguay. Los postres y bombonería
se hacen con chocolates El Rey. El establecimiento posee
una cava de vinos donde el sommelier Rich Di Giacomo
mantiene cuidadosamente más de 240 tipos de casas
de vinos de todo el mundo. Todos coinciden: la equilibrada
mixtura de todos estos ingredientes hacen de Cacao...
un gran Cacao.
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Miami/Caracas
Los comensales que frecuentan Cacao deliran
con su Escabeche de pato con mousse de chocolate blanco y zanahoria,
su Tamal negro de camarones, su Causa de pulpo o con la degustación
de postres de chocolates -El Rey- a distintas texturas y temperaturas.
Estas son algunas de las recetas más pedidas. Pero en estos
días él está de lo más entretenido con
una "receta" muy personal: el hijo que acaba de tener
con su esposa Mariana Montero, quien también es chef e integrante
del equipo de Cacao. "A ella la conocí en el restaurante
Ara hace seis años. Lo nuestro empezó por el baile.
Hicimos cursos juntos de tango, y desde entonces estamos bailando...
A los dos nos encanta".
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Matambre al estilo argentino
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Escuchándolo hablar me preguntaba
cómo sería la cotidianidad en una casa (y en una cocina)
habitada por dos chef. En la de ellos pareciera ser particularmente
divina. "Mariana desayuna pero yo sólo tomo café
con leche. Los domingos es otra cosa: desayunamos huevos, carne
mechada, arepas... aclaro que no soy de esas personas que se cuidan
mucho al comer... mientras más fuerte es el desayuno dominical,
más feliz soy. En casa cocinamos los dos: nos dividimos las
tareas. Nadie le mete la mano a lo que está haciendo el otro,
pero después nos lo medio criticamos: 'a tu arroz le pasó
esto', 'a tu pasta lo otro'... Los domingos siempre tenemos invitados:
los convidados traen las bebidas y Mariana y yo nos encargamos de
la comida... todo un festín".
¿Cuál es el oficio culinario
que más disfruta?
"Me gusta en las tardes ocuparme de la pastelería, pues
es un momento de silencio muy relajante, pero también me
encanta el momento del servicio, el de la acción".
¿Su mayor locura en los fogones?
"En cocina soy prudente, diría que un poco más
de lo normal. No tomo riesgos arbitrariamente. Cada uno ha sido
bien pensado".
¿Qué extraña
de Venezuela?
"Lo que más extraño es la gente. Me gusta de
mi país que la gente cree en las cosas, incluso en lo sobrenatural;
por ejemplo, en los duendes. En Estados Unidos no es así,
allá todo tiene un precio. Tengo que estar allá porque
ese es mi camino, pero ojo, no es que me encante...".
Y cuando está aquí ¿extraña
algo de Miami?
"La ciudad tiene sus sectores. Yo vivo en South Beach y eso
lo puedo extrañar a diferencia del resto; me gusta el estilo
de pensamiento que hay en South Beach".
¿A qué le sabe Caracas?
"A ají dulce y cilantro, pero hay más sabores:
lo noté esta mañana cuando me bañé:
el agua de Caracas es sabrosísima".
¿A qué le sabe Miami?
"Algo que me gusta de la Miami de ahora es que no es sólo
cubana: la Miami de hoy es tan venezolana como peruana o como brasilera;
es, por tanto, una experiencia de vivencias, sabores y estilos de
cocina diversos: me gusta la concentración de personas tan
distintas: los brasileros, ¡qué gente! Soy rochelero
y cuando empiezo la fiesta no la paro; con los brasileros me he
dado codo a codo con ellos. Estoy fascinado con Brasil".
¿Cuál es el error que
encuentra con más frecuencia en la cocina de hoy?
"Dos: arrogancia y soberbia. Hay cocineros que piensan que
lo saben todo y no investigan más. Repiten el menú,
los mismos platos... en cocina uno nunca llega, uno siempre está
andando y la vida te da siempre oportunidades de cambiar que no
hay que dejar pasar".
¿Cuál es la receta de
su vida?
"Más que una receta de cocina hablaría de mi
visión de cocinero, la cual ha cambiado. Ahora creo que lo
más importante es la totalidad del restaurante, no sólo
la cocina; esto no quiere decir que haga menos cocina, pero hay
que ser gran cocina, gran gerencia, gran diseño; hay que
hacerlo todo muy bien". Como en Cacao.
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