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La gastronomía filipina

La embajada de Filipina en Caracas
nos recibió, muy amablemente, para mostrarnos una típica
mesa filipina. Deseándonos ¡Mabuhay!, que es
un saludo que significa larga vida y se brinda a la hora de comer,
el agregado cultural, la señora Gumabay, nos ofreció
una rica merienda.
Definitivamente, para acercarse
a Filipinas, la aventura comienza por el paladar. Un archipiélago
en el océano Pacífico de 7.107 islas nutre la variedad
de ingredientes que visten esta colorida mesa. La fusión
de culturas es la que gobierna este caldero de sabores atrevidos.
La influencia de la colonia española pesa con sus guisos
y pucheros, para crear junto a la china y a sus antepasados malayos
los más exóticos platos mestizos.
Las lumpias de camarones y cerdo
junto a los lechones asados son los que se acaramelan bajo el fuego
y son un lujo al paladar ansioso, feliz de las muchas fiestas que
allí se celebran. Toda la gama de alimentos marinos se funden
con las ofertas europeas como salamis y chorizos envueltos en vapores
y bambúes a la braza. La pimienta y ajo llevan la batuta
acompañados de soyas y jengibres.
El arroz es el alimento básico
y se prepara de múltiples de maneras, como postre o como
plato principal. La mayoría de las delicadezas nativas contienen
Malagkit (tipo de arroz glutinoso) como ingrediente de honor
en sus comidas. Preparan el Suman, unos sabrosos bollitos
de este arroz envueltos en hojas de plátano.
Acompaña siempre el
bagoong, que aparece en algún platito, aparte, esperando
untar y aromatizar con su fuerte presencia. Es una pasta de camarones
muy penetrante y suele acompañar casi todos los platos con
el arroz que se cocina sin sal.
Los más variados ingredientes,
bajo el ropaje de la franja tropical, hacen coincidir el mercado
existente con las playas del Caribe. En la época de intenso
tráfico de especias, el onoto arribó a sus costas
procedente de nuestras tierras también calidas, y allí
prosperó y lo rebautizaron con el nombre de Bija que
se usa como condimento de manera habitual. Muchos de sus guisos
son similares a la comida criolla, sumándose a los continuos
visitantes de Asia que los han aliñado con otras especias
y modos diferentes de preparación. El vapor y la parrilla
compiten por acicalar de igual forma carnes y mariscos. El plato
más conocido, donde se siente esta divina fusión,
es el Kare-Kare, un guiso de rabo de buey y verduras, condimentado
con salsa de pescado, bija (onoto), salsa soya, y bañado
con una suculenta salsa de maní. Los platos se acompañan
con rodajas de papaya verde, pescado fermentado o pasta de gambas
y trozos de crujiente corteza de cerdo (chicharrón).
La fiesta y el dulce no faltan
La leche de coco aún se usa como ingrediente, lo cual es
un legado gastronómico de los antepasados malayos de los
filipinos y es el protagonista del Halo Halo, un suculento
postre que se hace con leche de coco, frutas frescas, habas acarameladas,
helado de crema y mucho hielo.
Llaman
merienda a cualquier aperitivo fuera de las comidas principales,
que puede ser tanto en la mañana como en la tarde. El postre
consentido es el Bibingka tanto Cassaba, un manjar de yuca
y coco rayado que se hornea acaramelado en hojas de plátano.
El ñame morado se cocina con leche de coco para lograr una
suave textura en el Ube Halaya.
Los mejores piropos a una invitación
a comer se manifiestan con el entusiasmo al degustar, y dejando
algo en el plato para mostrar que uno ha quedado satisfecho.
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