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revista Estampas
Caracas, sábado 03 de septiembre de 2005  


Las caras del peeling

Es una de las terapias de la piel más utilizadas para eliminar —y en ocasiones atenuar— el acné,
las manchas y los efectos del fotoenvejecimiento.
Así se revela en esta entrega donde se desmenuzan
los tipos y sus usos más comunes. Células muertas, ¡adiós!

José Ramón Villalobos

Cuando se le quiere declarar la guerra a los problemas más apremiantes de la piel, la ciencia cosmética ofrece un universo de posibilidades. Una de ellas: el peeling (to peel significa “pelar”), un método rejuvenecedor que se está posicionando con holgura entre las terapias más utilizadas por los dermatólogos —y cirujanos— para derribar y neutralizar las patologías domiciliadas en el rostro y el cuerpo. Esta es su mejor apuesta: barrer las células muertas a través de una exfoliación profunda que da paso a un tejido sano y joven. Es, para más señas, un refuerzo inestimable a las cirugías (a veces una alternativa) y a los tratamientos faciales domésticos. Su dinámica tiene ese norte: lograr, en la piel, un borrón y cuenta nueva.

Objetivos y beneficios
Las manchas, arrugas, cicatrices y puntos negros (en algunos casos estrías) constituyen sus blancos de ataque y para derrotarlos no mira a los costados. Así que sus pretensiones son tan vastas —y delicadas, según el tipo— que debe ser aplicado bajo la sabia supervisión de un especialista. ¿Sus beneficios? Podría convertirse en la solución a muchos malestares estéticos. Vaya su oferta: mitigar las arrugas, acelerar el recambio cutáneo, disminuir las manchas, destapar los poros, nivelar las cicatrices. Después de un peeling —anuncian las revistas dermatológicas— la piel renace vigorosa, tan fresca como la cara de un bebé.

Métodos de acción
Desde sus inicios —se estima que hace unos 30 años— los peelings médicos han evolucionado en sus hábitos y rituales de aplicación. Hoy se registran no menos de cinco tipos; unos alcanzan la dermis, otros la epidermis (o ambas membranas). A continuación los más comunes:

Peeling Químico. Tiene como base el uso de químicos (glicólico, salicílico, retinoico, entre otros) sobre la piel, cuya acción provoca una descamación que propicia la renovación cutánea. Es el más famoso de todos. La dermatóloga Vanesa Piquero lo describe así: “Los ácidos que lo componen sirven para atender las distintas patologías de la cara y el cuerpo. La tolerancia del paciente y los objetivos del tratamiento definen el tipo de sustancia a utilizar”. ¿Qué son estos ácidos? Muchos son derivados de plantas, frutas (manzana por ejemplo) o caña de azúcar y se presentan en concentraciones distintas, de cuya escala dependerán sus efectos y profundidades. Se divide en tres categorías:

Superficial: es el más sencillo pero no por eso menos efectivo. Como actúa sobre la primera capa de la piel (epidermis) tiene entre sus bondades la atenuación de pecas y manchas, y el alivio de las marcas del acné. Favorece además —esto es muy publicitado— el control de la grasa y los diferentes tratamientos dermatológicos.

Medio: llega a la parte superior y media de la dermis, de manera que la descamación es fuerte. Opera con buen tino sobre las arrugas finas y medias.

Profundo: su trascendencia es considerable (en oportunidades se utiliza anestesia) y es el más utilizado para manchas y fotoenvejecimiento severo, pues alcanza las arrugas recónditas. Si bien su suministro es menor (es bastante abrasivo), la renovación de la piel es completa.

Peeling con láser. Remueve áreas lesionadas o líneas de expresión. Muchos dermatólogos lo emplean —también— para mejorar la apariencia de las arrugas que bordean los labios y ojos (las llamadas “patas de gallo”) y en ocasiones complementa al peeling químico. En términos técnicos, es un equipo que emite unas ondas de luz que actúan sobre los estratos de la piel. ¿Qué produce? Elimina el deterioro de la capa superior, y tensa la media. La recuperación puede extenderse entre 4 y 10 días.

Peeling mecánico. Las huellas del acné, las cicatrices y las estrías constituyen su carnada más preciada. Se clasifica en microdermoabrasión (trabaja la cubierta cutánea) y dermoabrasión (es profunda: surca la dermis). Algunos expertos le conceden atributos tan celebrados como el rescate del brillo perdido. Su mecanismo: un motor de rotación con cabezales de diamantes que liman la superficie de la piel. En el caso de la dermoabrasión se recurre a la anestesia local o general y la mejoría es más lenta (15 días aproximadamente).

Peeling ultrasónico. Es llamado de “última generación” y algo de esa referencia tiene porque es un equipo de ultrasonido que emite ondas que se proyectan directamente hacia la dermis. La espátula ultrasónica que le acompaña ayuda a la extracción de impurezas y a la apertura de poros. Asimismo, los estímulos eléctricos que genera promueven la producción de colágeno y de fibras elásticas. Entre sus ventajas se menciona la disminución de surcos faciales y de las arrugas suaves. Realiza —afirman sus ejecutores— una limpieza profunda.

 
CONVIENE SABER

››¿Para quienes está contraindicado?
Especialmente para mujeres embarazadas y personas con:
1. Infecciones
2. Lesiones recientes (irritación
por un bronceado, por ejemplo)
3. Alergia a sustancias
4. Irradiaciones previas
5. Teces muy oscuras
6. Registros de mala cicatrización.

Es contraproducente, además, para quienes se enrojecen con facilidad, niños y preadolescentes. Este es el perfil del potencial candidato: hombre/mujer blanco (a), de edad comprendida entre 25-55 años, con arrugas finas, manchas suaves
y fotoenvejecimiento.

››¿Implica riesgo?
Sí, la aplicación desatinada puede generar manchas, marcas, irritaciones, cicatrices y otras consecuencias; es decir, que la práctica incorrecta acentúa el cuadro del paciente. Se han visto casos de personas que han quedado manchadas por los ácidos o lesionadas por impericias en la maniobra de los equipos tecnológicos.

Por eso, la ejecución del especialista es determinante. Si bien algunos dermatólogos aseguran que los modernos (entiéndase ultrasónico ó láser) no representan peligro, siempre un peeling implica, en mayor o menor grado, cierto riesgo. Otra referencia:
el superficial podría originar cicatrices y alteraciones cardíacas.

››¿Cuáles son los pasos previos?
El diagnóstico de la piel es el punto de partida para el proceso. Acto seguido, se fija un tratamiento a domicilio basado —generalmente— en la aplicación de lociones o cremas que preparan las membranas a tratar. “Todos los métodos son infructuosos —subraya Piquero— si se hace un peeling sobre una piel descuidada. Por eso se recomienda una preparación rigurosa semanas antes de su ejecución”.

A considerar
››La sesión del químico dura media hora; la del mecánico, dos horas, y la del láser entre 10 y 40 minutos.

››El superficial pica, el medio arde y el profundo duele.

››Las pieles blancas son más afines al peeling, las oscuras no tanto por la reacción —no muy próspera— a los químicos y a las ondas del láser.

››Los resultados dependerán de la pertinencia de las sustancias, del método y del área a trabajar.

››Reglas post-peeling: evitar el sol, los ejercicios y la sudoración, así como el agua a presión directa. Al descamarse, el tejido saliente no
debe removerse con las manos, cae espontáneamente (no frotar).

De múltiples efectos
El peeling ejerce una acción individual en cada una de las zonas del rostro:

Daños solares y manchas. “Las lesiones por los rayos UV acumuladas mejoran considerablemente con estas técnicas, porque revierte el proceso del fotodaño y acelera el recambio de las membranas estropeadas”. Así resume Piquero las consecuencias en este caso. Por ejemplo, las manchas superficiales y medias se aminoran con creces. Después de un peeling, esa resequedad —causada por el sol— deviene en resplandor.

Arrugas. La oferta es tentadora. Las superficiales llegan a retirarse y las profundas a menguar entre 30 y 70%. “Cuando se trata de las severas —desgrana Piquero— se hace el peeling químico medio, y si es en una área localizada o específica, uno profundo (se pueden combinar en un mismo tratamiento). Las patas de gallo se eliminan y las muy agudas se alivian significativamente”.

Cicatrices. Es un punto controvertido cuando se habla de peeling. Así lo certifica la experta: “Suprimir una cicatriz con esta terapia es difícil, todo depende de la complejidad de la misma. Lo que sí se logra es levantarla hacia la superficie cutánea para nivelarla o equilibrarla”. En algunas ocasiones se usan los químicos y —a al mismo tiempo— la dermoabrasión o microdermoabrasión. Al confluir estos métodos el desenlace puede ser benévolo.

Pecas. Los químicos —señala Piquero— las aclaran mas no las liquidan. Los versados en láser, en cambio, aseguran que sí desaparecen, incluso que mejoran las coloraciones pálidas y amarillentas de la piel.

Fuera de su alcance
He aquí lo que no hace un peeling:
•Cambiar poros.
•Mejorar la flacidez .
•Retirar cicatrices profundas.
•Remover hiperpigmentaciones agudas.
•Eliminar ectasias vasculares (dilataciones
de los vasos sanguíneos).

 
LO NUEVO
››Cuando se habla de novedades en peeling se hace referencia a las siguientes invenciones:

1 La elaboración de sustancias—por parte de la ciencia y de la farmacología cosmética—
de mejor calidad y con menos efectos secundarios,
2 La mezcla de productos
o sustancias,
3 La fabricación de equipos de última generación (láser y ultrasónico) con objetivos más honestos y con recuperaciones inmediatas. Una primicia en el asunto: hoy en España es un furor el peeling de almendras y uvas, cuya combinación limpia y tensa la piel.

Señas
Peeling ultrasónico y láser

Clínica Dempere.
Unidad de Medicina Integral y Estética. Torre Humboldt. Piso 4. Prados del Este.
Telf.: 975.2322.
Peeling con láser
Clínica Krulig. Centro San Ignacio. Torre Copérnico. Piso 9. La Castellana. Telf.: 266.6050

Fuentes consultadas
Dra. Vanesa Piquero, dermatóloga (especialista en peeling químico) Clínica Luis Razzeti.
Edif. Colimodio. Av Este 2. Telfs.: 571.18.02/265.50.68
www.saludalia.com

 
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