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El abuso sexual infantil se puede esconder bajo la inocente caricia

Pederastia y pedofilia no son lo mismo pero ambas atentan contra la integridad del niño o adolescente

  • YAMILETH ANGARITA

03/07/2018 06:03 pm

Los adultos en general, padres o no, deben estar atentos para evitar la posibilidad de que se registre algún caso de abuso sexual infantil, eso es definitivo, incuestionable, en cualquier sociedad civilizada y moderna. 

Pero para eso lo primero que deben hacer es conocer aspectos básicos relacionados con tal vulneración a la integridad física y emocional del niño o adolescente. Comenzando por diferenciar entre pederastia y pedofilia, porque no son lo mismo.

“Un pederasta, es alguien que quiere sexo con un niño, ya que solo así siente placer. Generalmente el pederasta es alguien a quien el niño no conoce y puede llegar a ser muy violento”, precisa María de los Ángeles Rondón (@sabeunpsicologo), psicóloga con 22 años de práctica clínica, escritora y especialista en dinámica de grupos. 

Agrega que en cambio, “el pedófilo se enamora del niño, lo seduce, lo corteja, le coquetea, lo manipula, lo convence y finalmente lo ataca. De allí que habitualmente sea alguien del entorno del niño, con mucha frecuencia parece inofensivo y los padres bajan la guardia frente a él”. 

Ambos tipos pueden ser encarnados por hombres o mujeres. Sin embargo, “estadísticamente hablando, la mayoría son varones”, señala. 

No hay que dudar que “los malos andan detrás de nuestros hijos a un nivel exponencial que no existía cuando nosotros éramos niños”, menciona sobre este asunto y afirma que el abuso sexual infantil es más común de lo que cualquier persona puede suponer, incluso, puede ser que exista algún caso en el entorno familiar o social inmediato sin que se conozca. 

“El niño sexualmente abusado no puede defenderse”, alerta y aclara muy bien que esas vulneraciones contra la integridad física y psicológica del menor de edad obligatoriamente no implican algún tipo de penetración. 

“El abuso sexual infantil, no ocurre solo en los genitales, aunque en la mayoría de los casos, termina sucediendo lo peor allí”, señala con contundencia.

Por eso justifica que los adultos debemos estar alerta con respecto a todo lo que suceda en el entorno inmediato de los niños y adolescentes, con más razón si se constatan conductas fuera de lo normal de parte de personas que sean mayores que ellos, siendo cinco años la diferencia de edad manejada para este tipo de casos. 

Por ejemplo, “cuando usted nota que en el entorno hay alguien que insistentemente, exageradamente, acaricia el cabello de un niño, lo mima, lo toca, o que cuando la persona se acerca el niño este manifiesta sentirse incómodo, tiene que encender sus alarmas”, y no restarle importancia, enfatiza. 

Rondón fustiga que la mayoría de los adultos lo primero que hace es dudar de lo que le está diciendo el niño abusado. “Porque vivimos en un mundo que tiene a desconfiar de la víctima”, reprocha. 

Por eso insiste a los padres y adultos sobre la importancia de mantener una comunicación efectiva y constante con estos jóvenes. “Involucrarse, interesarse en ellos. Hay que dejar de estar ausente”, critica, y no refiriéndose al hecho de no estar presente físicamente sino de desvincularse de la vida del hijo. 

Haciendo un ejercicio de suposición, sobre un hipotético caso de pedofilia en el que una persona de más edad toque a un niño, la psicóloga recomienda a los padres primero autocontrolarse y luego acudir a los especialistas para manejar con el debido profesionalismo y cuidado el caso. “Debe mantener la calma, hacer silencio y escuchar al niño. Pregúntele más datos pero hasta ahí, no lo obligue a contar lo que le pasó a más personas, ni porque sean de la misma familia, porque puede que comience a sentirse culpable y sentir que el pedófilo tenía razón y ahora está metido en problemas. Luego pida una cita con el psicólogo”, recomienda. 

 “Proteja al niño y proceda. El psicólogo será quien intervenga”, reitera. 

María de los Ángeles Rondón también recomienda a los padres y otros adultos: 

* Conocer los amigos de sus hijos y los padres de ellos. 

* Hablar con otros adultos y transmitir la buena información, seria, sobre este tipo de temas vitales. 

* Cuando observen conductas inapropiadas de parte de un adulto hacia un niño tienen que buscar ayuda profesional. 

* Comunicarse de la manera más efectiva con los niños y adolescentes, tanto para hablar de lo bueno y conocido como para lo que es todo lo contrario. 

* Estar atentos e interesarse en la vida de sus hijos, más aún cuando están creciendo. “Suelten los aparatos electrónicos, hablen con ellos, sáquenlos de allí, establezcan la confianza para que puedan prevenir”. 

* Hay que estar alerta, pero no sobreprotegerlos porque eso les restará seguridad en sí mismos además de que limitará la maduración y soltura que deben desarrollar para el manejo de situaciones y personas, en ocasiones muy exigentes. 

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