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revista Estampas
Caracas, sábado 16 de junio de 2007   


Un mundo singular
en la Sierra Nevada

La magia de
Los Nevados

A tres mil metros
de altura, en el medio
de una fabulosa montaña,
aparece el breve poblado, minúsculo en su extensión, pero inolvidable por
la belleza de sus
paisajes y su gente.
 
Texto y fotos: Johan Manuel Ramírez

Subir por el teleferico más
alto y largo del mundo: fascinante. Es como
ascender sobre las nubes.
Así comienza la mágica experiencia de viajar
a Los Nevados, un pueblito
de 10 aldeas, ubicado en lo más profundo de la Sierra Nevada, en Mérida, pasando mil montañas y dos mil paisajes asombrosos, a cuatro horas y media de camino desde Loma Redonda, la cuarta estación del teleférico.

Allí, en Loma Redonda, y a tan sólo mil metros del Pico Bolívar, aguarda un tropel de mulas y arrieros encargados de llevar al turista a lo largo de un camino surrealista, con montañas y picos por doquier, cada uno más alto y más hermoso que el anterior. A lo lejos, durante toda la faena, se oye el suave rumor del río Nuestra Señora, cuyo sonido es sólo interrumpido por los eventuales gritos del arriero para animar a sus mulas o corregirles la dirección.

Estas, obedientes e incansables, nos llevan sobre sus lomos en un paseo especial. La vista, a lo largo de las cuatro horas y media, es alucinante. Se observan montañas inmensas, interminables, secuestradas por la niebla. Hay tramos adornados por la silueta apenas visible de enormes rocas que aparentan tener sobre sus hombros todos los anos del mundo.

Volver atrás

Con cada paso, y a medida que nos
acercamos a Los Nevados, pareciera
que el tiempo comenzara a devolverse.
Primero por los paisajes remotos, que
dan la impresión de haber  sido testigos
de los primeros años de la Creación;
segundo, porque la vida se simplifica:
nos damos cuenta de que el celular
ya no tiene cobertura, y el arriero comenta:
“En el pueblo tampoco llega CANTV”,
ni hablar de mensajes de texto, Internet,
radio o televisión. Nos hemos desconectado
del mundo. El camino sigue, nos abraza
la neblina, hasta el suelo se hace invisible.
Todo blanco. Mucho frío. Al rato desaparecen
los frailejones y el día se despeja un poco.
A unas tres horas vemos la primera casita.
Está en el medio de la nada, rodeada de verde y aire limpio. Allí vive Francisca, donde atiende su bodega y recibe a los turistas que se detienen al pasar.
En la entrada, un letrero escrito a mano sobre una tabla anuncia sin rodeos: “Bienvenidos a Los Nevados”.

Belleza natural y humana


Además de disfrutar del paisaje, uno debe apreciar la diversidad de personajes que salpican de magia la experiencia. Cada casa es una oportunidad para conocer una familia, una cocina a leña y un café hospitalario. Cada arriero es una ocasión para escuchar historias y divertirse.
Por eso, ir a Los
Nevados no puede limitarse a conocer el pueblo y fotografiar los paisajes,
pues eso es sólo la mitad de la experiencia. La otra mitad corresponde
a conocer a la gente, sentarse en una cocina, junto a una familia, a compartir
un chocolate y ser parte de ellos al menos por media hora.

Así se encuentra uno con la casa de Ricardo Castillo, su esposa María Clara
y su familia numerosa. Desde la cocina, ahumada hasta los rincones, se observa
a través de la ventana lo que parece una fotografía de almanaque: el Picacho León, una montaña que cualquier mañana amanece cubierta de nieve cual
Alpes Suizos. Con suerte, conoce uno a Emilianito, un señor de unos 45 años
que mide lo que un niño de siete.

Cinco minutos más adelante un anuncio dice: “Se venden refrescos bien fríos y beer”; y además de ofrecer bebidas y golosinas, María Ofelia y Eleazar Castillo, esposos desde hace más de 40 años, dan en alquiler su cancha de bolas criollas por 500 bolívares la hora.

Seguimos caminando y dejamos la aldea San Rafael. A 30 minutos está el centro poblado de Los Nevados. En el camino puede uno toparse con Giovanni y su esposa Ana Julia, encargados de barrer la minúscula Plaza Bolívar del pueblo. Son habladores, sonreídos y, como él mismo diría, un tanto “penistos” (penosos).
Al cabo de varias curvas aparece el breve caserío. Desde lo alto pueden contarse sus 20 casas de barro, sus techos de teja, su iglesia en eterna restauración y su plaza de cinco metros. El centro poblado de Los Nevados no es más que una calle de, a lo sumo, 300 metros. El piso está pavimentado con piedras del río; y el imponente Pico San Pedro, el cual, desde ciertos ángulos, muestra un aire de tepuy, se levanta como fondo envidiable de la aldea.

Personajes por montón

Una vez en el poblado, los personajes se multiplican: Rufina, una ancianita dulce, dicharachera y fanática del chimó, a la que
se le oye decir: “A mí me gustan los turistas
que conversan con uno, porque hay otros que
ni dan los buenos días, como si uno fuese
invisible”. Por otro lado está Justina, quien
atiende su posada y prepara comida para
cuántos sean.

Si una tarde decide caminar hacia El Hato,
a dos horas, debe parar en casa de Desiderio Quintero, vecino de Abilio, otro de los arrieros.
Allí se puede visitar a la señora Alejandrina
y su magnífico jardín de repollitos. En frente,
en una casa amplia y bien construida, está Desiderio, quien vive solo. Tiene 75 años
y hace varios meses su esposa murió.
Sus nueve hijos habitan en Mérida, entonces la espaciosa vivienda, con grandes áreas verdes, está casi desierta. Desiderio asegura haber perdido el ánimo,
pero no parece, pues con alegría y calidez recibe a todo el que se acerca.

Experiencia retro

Llegar a Los Nevados es toparse con un mundo ambientado en los años cincuenta, donde el nevadeño promedio camina, como mínimo, una hora diaria. Las distancias entre las aldeas que conforman esta parroquia son asombrosas: media hora hasta San Rafael, hora y media hasta Curazao, dos horas hasta San Antonio, otras dos hasta El Hato, cuatro hasta Las Plumas. Por si fuese poco, tales distancias son recorridas a pie, pues para el común de los pobladores no es viable alquilar una mula como medio de transporte.

Con zonas tan grandes, sin televisión ni teléfono
y con un periódico que llega con 12 horas de retraso, la comunicación es un gran problema.
Por ello, desde hace tres años existe la emisora comunitaria Aldeas 100.5 FM, única señal que
se emite sobre los diez poblados de Los Nevados, cuya misión principal es informar y comunicar a sus más de dos mil habitantes.
Por ello, no es raro escuchar en plena programación un mensaje que, como
hace 50 años, diga: “La señora María le pide a la señora Juana
que pase por su casa mañana a las 10”.

Viajar a Los Nevados es una experiencia fantástica. Admirar los paisajes y dejarse cautivar por las montañas mientras
se es abrazado por los diez grados centígrados del lugar, debe
complementarse con el hecho
de conocer a los nevadeños
y su embriagante amabilidad...
porque este sitio,  además de un destino turístico de inobjetable belleza,
es generoso en hospitalidad
y calidad humana. Así que emprenda
elviaje. En Loma Redonda
le están esperando.

 

Conviene saber

›› Estadía

Hay tanto posadas amplias y con impresionantes vistas a la montaña, como casas de familia que alquilan sus habitaciones. Los precios oscilan entre 30 y 60 mil bolívares e incluyen desayuno y cena. Algunas tienen televisor en la sala, pero ninguna en las habitaciones. Se pueden conseguir varias con baños privados. Todas tienen agua caliente.

›› Comidas

Si decide no comer en la misma posada donde se hospeda, el costo por cada noche disminuye. El servicio de las tres comidas en otra posada no supera los 20 mil bolívares. Si come en lugares distintos, desayunos y cenas están por el orden de 7 mil, y almuerzos entre 8 y 12 mil.

›› Cocina

Si decide sólo hospedarse, puede llevar comida no perecedera y prepararla en el lugar, pues la mayoría de las posadas tienen cocinas y utensilios que prestan al visitante. Esto, no obstante, debe acordarse con anticipación con los respectivos posaderos.

›› Autorización

Antes de subir por el teleférico, debe solicitar un permiso a Inparques, quienes le autorizarán para llegar hasta Los Nevados. Inparques tiene un puesto de control en la estación Barinitas (al lado de la taquilla donde se compran los boletos del teleférico).

›› Mulas 

Para llegar a Los Nevados hay que recorrer un camino de cuatro horas y media desde la estación de teleférico Loma Redonda. El trecho puede hacerse a pie, pero en la mayoría de los casos se recomienda alquilar mulas. Cada una se renta por quince mil bolívares, y la misma cantidad se le paga al arriero.

›› Teleférico  
Si viaja en temporada alta, el sistema labora todos los días, pero debe asegurarse con anticipación de reservar boletos para la fecha en que desea ascender. En temporada baja sólo hay ascensos de miércoles a domingo. El costo para los adultos es de 55 mil, niños 38 mil, y tercera edad 33 mil.

›› Debe empacar 

Pantalones de jean, monos deportivos, abrigos de todos los tamaños, gorros, guantes, bufandas, zapatos de goma, botas de montaña, impermeable, bolsas grandes para cubrir el equipaje durante el viaje, protector solar, protector labial, chocolate.

›› Importante 

Debe prepararse para un largo camino en mula, aunque por ratos puede caminar. A tres mil metros de altura la resistencia física se ve mermada, por lo que se sugiere llevar un ritmo lento. En Los Nevados la comunicación es nula. No hay cobertura de ninguna compañía celular. Hay un teléfono fijo que rara vez funciona. No se recibe señal abierta de radio y televisión.

 
 
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