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Sicilia
grecorromana
La mayor isla del Mediterráneo y la más grande de las veinte regiones italianas, ofrece a sus visitantes un caudal inesperado de sorprendentes tesoros arqueológicos. Arquímedes Espinoza

Foto: www.latinstock.com/ Corbis / Guido Cozzi
Los griegos la escogieron para ampliar la Magna Grecia por estar en pleno Mediterráneo cuando éste constituía el centro del mundo. Sus templos y monumentos conforman, junto con las vastas reliquias romanas, la arquitectura árabe en Palermo, las costumbres normandas y las formas del barroco que se expresan en el arte arquitectónico, un escenario donde concurren numerosas civilizaciones atraídas por sus atributos geográficos.
Sicilia es la llave que abre el conjunto de toda Italia. Con todo este patrimonio
vive el siciliano, quien al paso del tiempo encara la vida del presente al amparo
de la fe religiosa, mientras sus jóvenes se entusiasman en exagerados ritos por
las escuadras de fútbol locales y en el vigor de las canciones de Carmen Consoli
y Tiziano Ferro, con el corazón puesto en el amor tal como refiere el carácter romántico del italiano desde que el gran Dante lo destacó en versadas palabras
de poeta nacional.
La Trinacria
Algunos atribuyen el origen del nombre de Sicilia a la rapidez
y abundancia con que crecen
las cosas, es decir, a la fertilidad.
Pero es probable que sea
el número tres lo que marque
su destino. Tres puntas
distinguen la geografía de
la isla por lo cual la llamaron Trinacria en la antigüedad.
Tres también son los mares
que la rodean: El Tirreno,
el Jónico y el Mediterráneo.
Tres las principales cadenas montañosas, y está separada
de la costa continental calabresa
por el estrecho de Messina
en un brazo de agua que abarca,
obviamente, tres kilómetros.
Aunque no existe una ciudad que marque el destino de la isla como lo son
Roma, Nápoles o Milán en sus respectivas regiones, también son tres los polos más importantes de la isla: Palermo, como capital de la región, por sus servicios
y peso administrativo; Catania, con la mitad de la población de la capital, es la provincia económica de mayor relevancia, en que destaca su parque tecnológico,
y Messina, que completa la red urbana norteña y es puerta de conexión activa
con el continente por el incesante tráfico marítimo.

Laboratorio de civilizaciones
Si se trata de explorar los primeros asentamientos humanos en la
región, es en el collar de pequeñas islas alrededor de Sicilia donde permanecen algunas muestras. Cerámica en las islas Eólicas, testimonio del primer contacto
del mundo egeo y miceno; necrópolis en la isla de Pantellería, un testimonio arqueológico que nos trasporta a la prehistoria; ruinas en Mozia, al oeste de la isla, donde prosperó un puerto fenicio para el comercio entre Africa
y Europa; grabados pintados en Levanzo y en la gruta de Addaura, próxima a Palermo y la necrópolis
de Castelluccio en Noto.
Pero al constatar la presencia grecorromana en Sicilia, son precisamente las costas oriental y meridional —los lugares de llegada de los griegos—, donde
hoy se conservan numerosos monumentos de la antigüedad. De ellos tomaron
los romanos sus patrones de belleza y los adecuaron a su historia de dominio imperial.
Regreso al pasado por carretera
La ciudad de Messina es el primer puerto
de entrada a Sicilia, una vez que se
ha cruzado el brazo de mar que separa
la isla del continente, a través del tránsito incesante de ferries que en un lapso
de 15 minutos, entre costa y costa, llevan
y traen su carga de vehículos y pasajeros.
Taormina y Naxos
Tomando la autopista A18 en dirección al
sur, se llega, en media hora, a Taormina,
la joya de Sicilia. Cinco kilómetros después
se encuentra el balneario Jardines de Naxos, cerca del cual yacen los restos de la que
fuera la primera colonia griega en Sicilia,
la vieja ciudad de Naxos, fundada en
el año 735 a.C. En ella descubren los griegos
las bondades del suelo siciliano. Tres siglos y medio después la ciudad es destruida y los colonos se instalan en un nuevo asentamiento en el Monte
Taurus. La llamaron Tauromenion y es hoy la actual Taormina.
La que fue lugar de descanso de algunos de los escritores más importantes del siglo XX como Truman Capote, Tennessee Williams o Thomas Mann, entre otros,
y de artistas como Greta Garbo, Cary Grant, Orson Welles o Dalí, Taormina ha dejado de ser un lugar de reflexión. Ni la misma Liz Taylor volvería con sus esmeraldas y diamantes al lugar que compartió con el finado Burton; es mucho
el agite que existe en este eje de exaltación turística de Sicilia.
Taormina fue un enclave especial cuya posición permitía el control del tránsito
a lo largo de la costa jónica, lo que constituyó su fortuna y su gloria, pero también su desgracia porque todos los conquistadores añoraban su dominio.
El teatro grecorromano es su monumento por excelencia. El lugar, la forma
y la construcción del mismo indican el período de opulencia, grandeza y esplendor de los griegos que luego continuaron los romanos. Completan la belleza del lugar los adornos naturales que ofrece la bahía de Naxos y la vista hacia el volcán Etna.
Catania
Siguiendo hasta el final de la misma autopista el visitante se encuentra con la urbe de Catania, cuyo aeropuerto es punto de llegada para quienes ingresan en vuelos nacionales. Fundada por los griegos en 729 a.C., su destino está ligado al volcán Etna que se eleva al norte de la ciudad, y a los milagros de santa Agata, su patrona. El manto negro de sus calles, proveniente de la piedra volcánica, cubre con su tono oscuro el paisaje, convirtiéndose en el signo que recuenta la historia repetida de destrucción y renacimiento de la urbe.
Aunque son destacados los tesoros de las diversas culturas que han prosperado en la ciudad, en particular las obras de carácter barroco más elaboradas y llenas de gracia de toda la isla, nuestro recorrido grecorromano nos sitúa en el centro de Catania, donde, a pesar del aglomerado urbano, todavía se conservan las ruinas del teatro, el anfiteatro, murallas, baños termales y algunos edificios y sepulcros
en pleno centro de la ciudad y que pueden admirarse mientras se visitan las tiendas de Benetton, Versace o Gucci en la vía Etna, con todo el vibrante agite
que ofrece esta principal avenida comercial.
Megara y Siracusa
Saliendo de Catania y tomando la vía 114 hacia
el sur en dirección a Siracusa, se llega en unos
treinta minutos al sitio de Megara Iblea, donde
yacen las ruinas de una fortaleza helenística
y algunos templos de una de las primeras colonias griegas en la isla. Posteriormente, a 15 minutos
al sur, se llega a Siracusa, una de las más grandes
e importantes ciudades del Mediterráneo en la antigüedad, fundada por los griegos en 734 a.C.
Tras varios siglos de esplendor cultural y de luchas
y conflictos externos que condujeron a la instalación de gobiernos autoritarios, Siracusa cae en manos
de los romanos durante la Segunda Guerra Púnica,
en cuyos sucesos brilló la genialidad de Arquímedes, el sabio matemático quien planificó la defensa
de su ciudad natal durante dos años,
pero no pudo evitar su caída.
Situada al lado de la moderna urbe, se haya Ortigia, centro histórico situado
en la pequeña isla adyacente a la costa, que sirvió de asentamiento original
a la colonia y cuya prosperidad se equiparó con la de Atenas y Roma. Debió
haber sido una estupenda ciudad ya que el cónsul romano Marcelo, quien
la sitió, protegió todas las edificaciones sagradas durante el saqueo y la mantuvo como capital de Sicilia y residencia consular.
A ocho kilómetros del centro se encuentra el castillo Euríalo, una imponente obra de fortificación griega para defensa de la ciudad que permite la admiración no sólo de lo que fue este enclave, sino de uno de los más atractivos panoramas de la actual Sicilia. También son de enorme atracción el teatro griego, el anfiteatro romano, las excavaciones del Paraíso y de Los Capuchinos, hechas en la piedra por los esclavos para sacar los bloques de granito para construir edificios y monumentos; y el museo arqueológico Paolo Orsi.
Agrigento

Continuando hacia el suroeste por la vía 115, se llega
a la capital del barroco siciliano, la ciudad de Noto.
Luego se sigue hacia Ragusa y se continúa hasta
la ciudad balneario de Gela en un recorrido de casi
dos horas. Esta pequeña ciudad, al sur de la isla,
presenta un caos urbano que ha venido constriñendo
el asentamiento histórico fundado por los griegos
en 669 a.C.
Desde aquí partieron las colonias griegas para fundar Agrigento en el año 580, la cual se encuentra
a una hora de carretera por esta misma ruta.
Agrigento nació enfrente del mar africano en unas condiciones topográficamente favorables para el comercio, que le permitió, según palabras del poeta Píndaro, “gozar del equilibrio entre la necesidad y la satisfacción”, como lo testimonian sus templos, las numerosas galerías de columnas, estatuas y obras de arte. El plano
de este asentamiento presentaba la forma de un gran anfiteatro naturalmente fortificado y flanqueado por dos colinas. En este lugar la Sicilia helenística
alcanzó un nivel cultural nunca más logrado por otras generaciones futuras.
La antigua Akragas confinada hoy en el área arqueológica que ha sido declarada patrimonio de la humanidad, se divisa por los imponentes monumentos del
Valle de los Templos orientados en dirección al sol naciente, fuente y principio
de la vida, con el mar de fondo y rodeado de las plantas de almendras que
en febrero anuncian la primavera.
Selinunte
Fundada por los colonos
de Megara en el año 628 a.C., constituye la colonia griega
más occidental de Sicilia.
Sus conflictos territoriales
con la vecina Segesta
le hicieron víctima de una
de las más terribles masacres ocurridas en el mundo
antiguo, lo que propició
su destrucción dos siglos después
de erigida. A sus ruinas se llega a través de la vía 116 que parte
de Agrigento hacia Sciacca, en una hora y media aproximadamente.
Señas
www.canalsocial.net
Sicilia. Guide d'Italia:
Touring Club Italiano. 2002
Vuelos a Sicilia, con conexión desde
Roma y Milán al aeropuerto de Catania
a través de Alitalia, Air France e Iberia.
| Joya como pocas |
La Villa Romana del Casale en Piazza Armerina representa el testimonio más importante del período romano en Sicilia por la magnificencia de sus mosaicos policromos en óptimo estado de conservación.
Fue construida entre los siglos III y IV d.C. en el ámbito
de un sistema latifundista al que pertenecía su propietario, que podía ser una poderosa familia romana o algún jerarca del imperio. Luego de ser destruida por los normandos, fue cubierta por una avalancha de fango hasta que en el siglo XX las excavaciones dieron
luz a este palacio con sus baños termales, piscinas, gimnasio, corredores y habitaciones, cuyos pavimentos fueron decorados con una de las mayores colecciones
de mosaicos que abarca cerca de 3.000 m2 de la villa, con una riqueza y variedad que no tienen parangón
en el mundo. Esta joya inestimable de la historia
del arte es patrimonio de la humanidad desde 1997.
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| !Qué mafia! |

›› Empédocles (Agrigento).
Jefe de la facción democrática
de su ciudad natal. Su fama como
científico y médico le permitió
ocupar importantes cargos públicos.
›› Epicarmo (Siracusa). Comediógrafo griego.
Considerado el máximo representante
de la comedia dórico-siciliana.

›› Leonardo Sciascia (Agrigento).
Escritor, ensayista y político.
Algunas de sus obras
han sido llevadas al cine.
›› Luchino Visconti. Aunque no es siciliano,
realizó dos películas de reconocido sentir local:
La tierra tiembla, basada en el espíritu rebelde
de los pescadores; y El Gatopardo.

›› Luigi Pirandello (Agrigento).
Dramaturgo y novelista.
Recibió el Premio Nobel
de Literatura en 1934.
›› Giuseppe Tomasi di Lampedusa (Palermo).
Autor de El Gatopardo en el que relata
la decadencia de la aristocracia siciliana
durante la unificación del país.

›› Salvatore Quasimodo (Ragusa).
Poeta que mereció el premio Nobel
de Literatura en 1959.
›› Teocrito (Siracusa). Uno de los
más importantes poetas
del helenismo.

›› Vincenzo Bellini (Catania). Niño prodigio
de la música que logró fama por su obra
operística. Elevó el papel de las divas
del bel canto en sus composiciones
de gran lirismo.
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