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Cómo ganarle
a la diabétes
Los avances científicos proporcionan nuevas claves para el tratamiento
de esta enfermedad que afecta a 194 millones de adultos en el mundo
y a un número cada vez más alto de adolescentes. Las líneas que siguen son un llamado a la prevención. María Angela Valbuena
Se piensa que el cáncer y el VIH/sida son los grandes problemas del siglo XXI; sin embargo, el mayor reto para la sanidad pública es la doble epidemia de obesidad y diabetes. El sobrepeso y la obesidad afectan a más de la mitad de la población mundial y las proporciones de diabetes están ascendiendo a un 20% de todos los adultos en muchos países del Medio Este, Asia y Latinoamérica, de acuerdo con las cifras que maneja el doctor Nissim Gabay, diabetólogo del Hospital de Clínicas Caracas.
Considerada por algunos como un problema puramente estético, la obesidad puede generar desequilibrios en todos los sistemas del organismo. Si al sobrepeso sumamos triglicéridos altos, HDL colesterol bajo, hipertensión, valores de glucosa en sangre de 100 a 125 miligramos por decilitro y más de 25 años, estamos en presencia del síndrome metabólico o de resistencia a la insulina, que implica un aumento en las probabilidades de sufrir una enfermedad cardíaca, un derrame o diabetes mellitus.
La diabetes ocurre cuando falla el mecanismo que regula la cantidad de glucosa en la sangre. El azúcar contenida en los alimentos es procesada por el aparato digestivo y almacenada temporalmente en el hígado, para luego ser liberada en el torrente sanguíneo en forma de glucosa. El páncreas, por su parte, produce una sustancia llamada insulina que transporta los nutrientes al interior de las células para ser empleados como combustible. “Si una persona tiene más de 126 miligramos de glucosa por decilitro en un examen de sangre, se le considera diabética. Sin embargo, valores entre 100 y 126 determinan riesgo prediabético”, explica Gabay.
Cuando las células beta del páncreas, que son las que producen insulina, son destruidas se habla de diabetes tipo 1 o insulinodependiente. Por otra parte, si se trata de un trastorno tanto en la secreción como en la acción de la insulina, entonces se habla de diabetes tipo 2 o no insulinodependiente. De no tratarse oportuna y adecuadamente, la enfermedad puede ocasionar insuficiencia renal, ceguera y problemas arteriales que pueden llevar incluso a la amputación de las extremidades inferiores.
La obesidad es el principal factor de riesgo modificable de la diabetes tipo 2. Se calcula que al menos la mitad de todos los casos de diabetes podrían eliminarse si se pudiera prevenir el aumento de peso en los adultos. Por otra parte, en los últimos 15 años se ha duplicado el índice de masa corporal en los niños de 6 a 15 años de edad y en el último quinquenio se ha registrado un brote de diabetes tipo 2 en adolescentes. Largas horas frente al televisor y los videojuegos, la comida chatarra y sobre todo, los refrescos o “caramelos líquidos”, como los llaman los investigadores (una lata contiene cerca de 10 cucharaditas de azúcar), son señalados como los principales responsables.
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| ALERTA NARANJA |
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›› 23% de la población mundial sufre de síndrome metabólico
›› 1,7 billones de personas tiene alto riesgo de afecciones
no trasmisibles relacionadas
con el peso.
›› 2 visitas semanales a establecimientos de comida rápida aumentan cuatro veces la incidencia de la diabetes.
›› 194 millones de adultos en el mundo padecen de diabetes
›› 90% de los casos de diabetes son de tipo 2
›› 15% de las personas con diabetes tiene algún problema
en el pie
›› 7 de cada 10 amputaciones de pierna se practican a pacientes con diabetes
›› 85% de las amputaciones por úlceras diabéticas pueden evitarse
›› 20 minutos diarios de ejercicio moderado disminuyen la probabilidad de diabetes tipo 2 en 58%
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Nuevas fórmulas, mejores resultados
Si bien la insulina ha sido empleada durante décadas para el tratamiento de la diabetes, en la actualidad existen otras opciones. Una de ellas es la metformina que actúa de diversas formas para bajar la cantidad de azúcar en la sangre, principalmente reduciendo la secreción de glucosa por parte del hígado y reforzando la acción de la insulina. La metformina puede reducir las probabilidades de desarrollo de la diabetes en un 31% en personas que padecen de síndrome metabólico y se emplea en paciente con sobrepeso y en etapa de prediabetes.
Otras drogas empleadas actualmente para tratar la diabetes pero que han probado ser efectivas para su prevención son las glitazonas, que ayudan a los músculos del cuerpo a utilizar la insulina de manera más efectiva. Para el 2007 se espera la nueva generación, constituida por los glitazares, más potentes y de mayor beneficio que sus predecesoras.
Adicionalmente a las nombradas existen tres tipos de sustancias que se suministran por vía oral y muchas veces se emplean en combinación para el manejo del metabolismo de la glicemia, mejorar el desempeño de la insulina, optimizar el perfil lipídico, controlar la hipertensión (presente en un 50% de los pacientes diabéticos) y prevenir eventos trombóticos.
Otro descubrimiento lo constituye el rimonabant, que bloquea los receptores del sistema canabinoide, responsable del equilibrio entre el consumo de alimentos y el gasto energético. La sustancia parece actuar como un supresor del apetito, con resultados muy esperanzadores: estudios realizados arrojaron que cerca del 40% de los pacientes tratados con rimonabant perdieron al menos un 10% de su peso corporal en el transcurso de un año. Adicionalmente, presentaron mejoras en los niveles de colesterol en la sangre y la respuesta a la insulina, así como en otros indicadores del síndrome metabólico. De confirmarse sus propiedades, el medicamento sería lanzado próximamente al mercado y usado para promover la pérdida de peso y la lucha contra la diabetes.
Nuevas formas de presentación de la insulina también estarán disponibles en un futuro muy cercano para mayor comodidad de los pacientes dependientes: la transdérmica, en forma de parches y los inhaladores orales, de gran utilidad para tratar la respuesta glucémica (la alteración del nivel de azúcar en la sangre que se produce al comer) y como complemento de otros tipos de insulina de acción intermedia o prolongada.
Sin embargo, a pesar de los avances de la medicina en el campo de la farmacología, el estilo de vida continúa siendo el arma más poderosa en la lucha contra la diabetes tipo 2. Un estudio denominado Programa de Prevención de Diabetes demostró que una reducción en las calorías a ingerir y 20 minutos diarios de ejercicio moderado son suficientes para perder 7% del peso corporal, disminuir la incidencia de enfermedades cardiovasculares en un 20% y la probabilidad de desarrollar diabetes mellitus tipo 2 en un 58%. Con respecto a esta última, el resultado puede ser aún más extraordinario —hasta 71%— en personas mayores de 60 años.
El mensaje es sencillo: si la diabetes es producto del cambio en nuestro estilo de vida, entonces una vuelta a los buenos hábitos es el mejor remedio, y sin efectos secundarios desagradables. La prevención debe comenzar en casa, educando a los hijos bajo un régimen de alimentación y vida sana y continuar con los médicos, a través de la correcta información sobre la enfermedad y el oportuno tratamiento de los primeros síntomas.
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