Durante mucho tiempo el cáncer de mama fue considerado un tema tabú y sentencia garantizada de muerte. Miles de mujeres en el mundo entero lo han padecido, estigmatizadas por el miedo y la desinformación. Como muchos otros procesos, la prevención y el tratamiento de esta dolencia poco a poco fueron conociendo la luz de las imprentas y se incorporó a las conversaciones médico-paciente y madre-hija, al punto de que, hoy en día, son pocas las mujeres que no tienen, por lo menos, información básica sobre la necesidad de auto examinarse, de mantener la disciplina de los chequeos periódicos y de cuáles son las edades más críticas, entre otros asuntos afines.
Aun así, cada año se registran muchos casos, y cada vez que conocemos que alguna mujer cercana a nuestro entorno ha sido diagnosticada con un tumor maligno, a pesar de estar mejor informados y con mayor capacidad de articulación, sentimos de nuevo el mismo miedo de nuestras abuelas, la misma sensación de impotencia ante la novedad del diagnóstico, e igual ataque a nuestra vanidad frente a la idea del cuerpo mutilado.
En la edición que presentamos hoy queremos hablar sobre todas estas cosas. Además de divulgar, desde la óptica médica, cuáles han sido los avances en materia de prevención, diagnóstico y tratamientos de última generación, también abordamos temas relacionados con lo emocional. Cómo enfrentar una situación de diagnóstico positivo y su sucesivo tratamiento.
En esta entrega de E*Salud, y consciente de su misión social, El Universal pretende acercar esta problemática a sus lectores y facilitar su desmitificación. Una manera sencilla de hacerlo es a través del auto examen realizable en casa de forma mensual, cuyo instrumento encontrarán encartado en la revista.
Quiero reconocer muy especialmente al doctor Eduardo Undreiner, presidente de BADAN —Banco de Drogas Antineoplásicas— y a José Ignacio Araque, gerente general de la institución, gracias a quienes se hizo posible esta publicación. —María Teresa Mata |