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Una
vida más
dulce

Aunque mucho se ha escrito sobre las propiedades terapéuticas de la miel
de abeja, nunca está de más recordar algunas de ellas. Como bien debe
saber la mayoría de los lectores, las mieles conservan las características organolépticas y los principios activos de las flores —y, por ende, las plantas—
de donde provienen. Así, pues, las que se obtienen, por ejemplo, de las del
romero o del tomillo maravillarán por sus cualidades antisépticas; pero son innumerables los beneficios que aportan al organismo trátese de la miel
que se trate —siempre que sea de calidad. Y es que los minerales, vitaminas, proteínas y ácidos orgánicos que se encuentran en todas ellas no sólo
contribuyen a la mejor asimilación de otros alimentos y a la rápida recuperación
de la energía muscular, sino que sirven como remedio para afecciones respiratorias como tos, bronquitis, irritaciones de la garganta y sinusitis,
y hasta para potenciar el sistema inmunológico y vitalizar la memoria.
Eso sí, recuerde que la miel debe ser de calidad. Así que constate su origen
e infórmese. De esta manera se enterará, por ejemplo, de que toda
buena miel cristaliza... —R.CH.
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