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Trabajo versus felicidad
Encontrara la felicidad laboral depende del descubrimiento de la vocación y un equilibrio entre la carrera profesional y el salario emocional
Beatríz García Cardona
El trabajo ocupa un lugar esencial en nuestra existencia y es la actividad que determina de manera fundamental cómo es nuestra vida. Los conceptos que agrupa han cambiado según los tiempos, los países y el espíritu de cada época; en esta primera década del siglo XXI y en el marco de unas sociedades tan convulsionadas, ¿cómo vivimos nuestra labor cotidiana? ¿Se trata de una condena o de una fortuna, de un mal necesario o de una complacencia, de una fuente de contrariedades o de salud?
Desafortunadamente, son muchas y variadas las referencias existentes que confirman lo no bien orientadas que están las cosas sobre este tema: el alto desempleo, la contratación temporal, el acoso psicológico en el ámbito laboral, la elevada frecuencia del "síndrome del quemado" (también llamado efecto burnout) y de la presencia de los medios de comunicación que continuamente bombardean con imágenes que resaltan lo maravilloso que sería si nos ganáramos la lotería y no tuviéramos que volver más nunca a levantarnos temprano para dirigirnos a la oficina, todo lo cual no está precisamente en la línea de presentar el trabajo como una fuente de realización, sino más bien de una prisión de donde es necesario huir mientras podamos.
Lo cierto es que la felicidad o infelicidad laboral va a depender de numerosos factores, que en la mayoría de los casos no podemos controlar. Sin embargo, tenemos a nuestra disposición varios elementos que si los llevamos a la práctica pueden tener un enorme impacto positivo en nuestra vida.
Ocupación, carrera o vocación
Los especialistas hacen una distinción entre empleo, carrera y vocación para ilustrar de forma gráfica y didáctica qué tipo de expectativas, necesidades, motivaciones y gratificaciones vinculamos al trabajo: se habla de empleo cuando una persona acude a su trabajo únicamente por el sueldo, lo considera como una carga, a menudo desea que el tiempo pase pronto y está ansiosa por que llegue el asueto, piensa constantemente en la jubilación y nunca recomendaría a sus familiares que se desempeñen en lo que hace. Se habla de carrera en el caso de que la ocupación diaria proporcione satisfacción en términos generales, aunque en ocasiones pueda parecer carente de sentido y una pérdida de tiempo, y los esfuerzos se dirijan, sobre todo, a buscar ascensos, reconocimiento social y mayores ingresos. Por último, si el trabajo es una de las mayores fuentes de gratificaciones de nuestra vida, nos sentimos satisfechos y orgullosos con lo que hacemos, se nos pasan las horas en él sin darnos cuenta, si nuestra labor diaria nos llena de satisfacción sin necesidad de más recompensa, entonces se habla de vocación.
De acuerdo con todo esto, parece claro que lo ideal es la vocación, y que únicamente con ella podemos garantizar la satisfacción simultánea de nuestros dos grandes tipos de necesidades, la de supervivencia y la de crecimiento personal. Sólo ésta permite casar dos conceptos a menudo irreconciliables: trabajo y felicidad. Y es que cuando el trabajo se aparta de nuestras necesidades de crecimiento y se desentiende de lo que da sentido a nuestras vidas, tenemos un problema y hay que buscar soluciones para evitar frustraciones y la pérdida de la salud.
Fluir con el trabajo
Mihaly Csikszentmihalyi, profesor de psicología en la Universidad de Claremont, California, conocido por sus trabajos acerca de la felicidad, el trabajo, la creatividad, el bienestar subjetivo y la diversión, y autor de la obra Fluir en los negocios, afirma que es posible estar satisfecho con cualquier área de nuestra vida, y por supuesto, también en el trabajo, siempre que se logre conseguir un estado en el que la atención, la motivación y la situación se encuentren, dando como resultado una especie de armonía productiva o retroalimentación. Según el autor algunas de las características propias de esta experiencia son:
• Tener metas claras: saber qué debemos hacer a cada paso.
• Recibir una información frecuente y actualizada acerca de nuestro desempeño: se trata de ir conociendo las consecuencias de lo que vamos haciendo y saber si vamos o no por buen camino.
• Mantener un equilibrio entre las demandas y los retos de la tarea y los recursos y habilidades de los que disponemos para llevarla a cabo: si las demandas superan los recursos, nos colocamos en situación de estrés, mientras que, en caso contrario, aparecerá el fastidio.
• Una concentración profunda, vivir el ahora y una poderosa sensación de control son otras de las características asociadas a la experiencia de fluir.
De la fantasía a la realidad
Hacer del trabajo una vocación y ser capaces de fluir mientras nos ocupamos es una de las cosas importantes para ser felices. Pero, ¿estamos hablando de sueños o de realidades? Ciertamente existen muchos factores negativos que promueven la respuesta hacia el lado del sueño. Precariedad, rigidez horaria, monotonía, bajos sueldos, individualismo, luchas de poder, presiones, incapacidad de decisión… Sin embargo, también se puede afirmar que estos factores desfavorables condicionan pero no determinan, que tenemos a nuestro alcance recursos para tomar la dirección deseada, incluso en los peores escenarios.
Más que el dinero
satisface el llamado salario
» emocional
que se traduce en un clima
laboral agradable |
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Dentro de ese abanico de recursos, el lugar privilegiado lo tiene la escogencia de la empresa donde queremos desempeñarnos. En palabras de Buda: "Tu trabajo consiste en descubrir cuál es tu trabajo, y entonces entregarte a él de corazón". Esa elección abre la puerta hacia la vocación y demanda un conocimiento de lo que nos gusta de verdad, de si tenemos las capacidades para hacerlo y de las posibilidades de llevarlo a la práctica. Para cumplir estos tres requisitos es obligatorio estar dispuestos a ser muy sinceros con nosotros mismos.
En contraposición con esta elección concertada, se encuentra el Principio de Peter, según el cual las personas buscando promoción, reconocimiento, o queriendo demostrarse algo a sí mismas, luchan de forma obstinada por llegar a desempeñar cargos para los que en la práctica resultan ser incompetentes. Así, su esfuerzo es desfavorable. En muchas ocasiones, las circunstancias son inevitables y la elección no es posible. En ese escenario, es bueno recordar que aun cuando no se esté frente al empleo soñado, seguramente es posible mejorar la situación.
Un cambio de perspectiva
Ubicarnos en el lamento, la indiferencia, tomar una actitud de no enredarse la vida, no mejora nuestro rendimiento y, lo que es peor aún, nos atormenta progresivamente, conduciéndonos en la dirección opuesta a nuestro crecimiento personal. Por el contrario, lo que debemos hacer es reorientar nuestra experiencia laboral, dándole otra configuración. Esto se traduce en descubrir las innumerables conductas que pueden ayudarnos a plasmar este cambio de actitud: abrirse al aprendizaje, desarrollar la creatividad, mejorar los hábitos posturales, personalizar el espacio de trabajo, tomar tantas iniciativas como podamos, distribuir las tareas, el espacio y el tiempo de la mejor manera para nuestros intereses, ganar confianza en nuestras capacidades, mejorar las habilidades sociales, tener presente el servicio que prestamos con nuestra tarea, trascendiendo los intereses personales. Lo importante es que este cambio de perspectiva influya positivamente en lo que hacemos y en cómo lo hacemos.
El trabajo puede ser poco deseable, pero nuestra actitud será correcta, y cualquier acción positiva que hagamos disminuirá la sensación de pérdida de tiempo y de falta de sentido.
SATISFACCIÓN |
La consultora británica Chiumiento realizó un estudio en base a encuestas de las principales claves que determinan la felicidad de un trabajador:
1. Las personas se sienten más a gusto cuando trabajan en empresas pequeñas, en contraposición a lo que ocurre cuando las organizaciones tienen más de mil empleados. Lo ideal: empresas con 20 a 100 trabajadores máximo.
2. La felicidad parece ser directamente proporcional a los años que se lleva trabajando en la empresa.
3. Las personas necesitan claridad en la definición de los objetivos a realizar: cuanto mejor sean definidos y descritos, mayor será su satisfacción.
4. Cuantas más situaciones estemos dispuestos a explorar, más opciones tendremos de conocer nuestras capacidades.
5. Las personas que trabajan media jornada resultan ser más felices que aquellas que tienen una ocupación de tiempo completo.
6. Cuando se les pidió a las personas que ordenaran de mayor a menor los 10 factores que las hacían felices en el trabajo, el ítem "un salario competitivo" ocupó el décimo puesto. El primer lugar fue el "salario emocional": tener en la oficina amigos que le apoyen, un trabajo entretenido, horario flexible, una buena relación con el jefe y un buen equilibrio entre trabajo y calidad de vida.
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