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Cafeína
Mitos y verdades
Presente en el sabroso cafecito de las mañanas, en la taza de té vespertina o en ese pedacito de chocolate que provoca a cada instante. Es la cafeína. Siga leyendo y descubra los mitos y las verdades que hay detrás de su consumo. Aimara Cañizales
Siendo aislada por primera vez en 1820 constituye el principal elemento de la Caffea —planta típica del café—, del Cacahuatl o cacao, de cuyos granos se elabora el chocolate, y es a su vez, sinónimo de la Teína, presente en el té. Esta sustancia, que influye en el funcionamiento del sistema nervioso y puede causar adicción, pertenece al grupo de compuestos químicos denominados metilxantinas, presentes en una gran cantidad de alimentos, más de 60 plantas y algunos medicamentos. Consumida por gran cantidad de personas alrededor del mundo, que disfrutan la sensación “vivificadora” que su ingestión le brinda, la cafeína eleva la temperatura, el ritmo respiratorio y el nivel de ácido gástrico en el estómago, al mismo tiempo que estimula la producción de orina, siempre y cuando se consuma un promedio entre 75 y 150 mg, rango que estaría dentro de los niveles normales en la dieta diaria.
De acuerdo con los expertos, la cafeína estimula el cerebro al interferir en la acción de la adenosina —un transmisor nervioso que produce calma y tranquilidad—, provoca una sensación de euforia y de fuerza durante algunas horas e incrementa los niveles de adrenalina. También facilita la actividad intelectual y la creatividad, al mantener despierto y en estado de alerta a su consumidor. La máxima concentración en la sangre se alcanza entre los 30 y 45 minutos de haberla ingerido, y a las tres horas ya se ha eliminado, mediante la orina, alrededor de 50 % de lo que se absorbió, pues no se acumula en el torrente sanguíneo.
Según datos suministrados por la doctora Lucía Amándola, médico internista e intensivista, “la Administración de Alimentos y Drogas de Estados Unidos (FDA) incluyó en 1958 a la cafeína en la categoría GRAS, o sea, ‘Alimentos generalmente reconocidos como seguros’”. La Asociación Médica de Estados Unidos (AMA) tiene una posición similar y expresa que quienes beban té o café con “moderación” no tienen porqué preocuparse por el consumo de cafeína, mientras sus otros hábitos de vida (incluyendo dieta y alcohol) también sean moderados.
La “sensibilidad a la cafeína” se refiere a la cantidad de esa sustancia que llega a producir efectos secundarios negativos en el cuerpo de cada persona. La doctora Amándola afirma que estas reacciones ante los efectos de este compuesto químico no son siempre iguales: “algunos individuos pueden beber varias tazas de café, té o refrescos de guaraná o cola en el lapso de una hora y no sentir ningún efecto, mientras que otros pueden experimentar estimulación después de una sola taza”.
Grandes dosis, especialmente cuando son consumidas por sujetos no habituados o sensibles, pueden producir dolores de cabeza, taquicardia, convulsiones y, eventualmente, delirios. El uso prolongado de más de 650 miligramos diarios de cafeína, equivalentes a ocho ó nueve tazas de café al día pueden ocasionar úlceras gástricas, incremento en el nivel de colesterol, insomnio crónico, ansiedad y depresión permanentes. Este tipo de consumo también parece estar asociado con disfunciones cardíacas y la aparición de ciertos tipos de cáncer asociados a los alquitranes del café. La dosis letal de cafeína es de 5.000 miligramos, el equivalente a 40 tazas cargadas de café consumidas en un período excesivamente corto.
Mitos y realidades
›› 1 Una taza de café devuelve la sobriedad a una persona ebria: Mito
La cafeína, a pesar de que actúa como estimulante en el cuerpo humano, no ayuda en la desaparición de los efectos del consumo excesivo de alcohol, aunque puede contrarrestar la sensación de somnolencia. Una persona en estado de ebriedad puede, quizás, sentirse “despierta” luego de una taza de café, por ejemplo; sin embargo, la ingestión de ésta no va a eliminar de un momento a otro el alcohol presente en el organismo del individuo.
›› 2 La cafeína suprime el apetito: Realidad
Consumida en cantidades muy altas actúa como supresor del apetito, especialmente en los niños. Amándola indica que “un beneficio atribuido al consumo de cafeína está relacionado a su capacidad de estimular la lipólisis (metabolización de las grasas del organismo), y que teóricamente favorecería la disminución de peso. Pero esa acción ocurre con un costo elevado para el organismo, pues mientras ocurre esta movilización de depósitos de grasa aumentan los niveles de la misma en la sangre, en especial del colesterol y por lo tanto aumenta el riesgo de infarto”.
›› 3 La cafeína puede ser útil en tratamientos de dolores de cabeza: Realidad
Entre los usos que se le da a esta sustancia se incluyen los terapéuticos, pues como ya hemos dicho, es beneficiosa para algunas dificultades de la salud, pudiendo ser éstas respiratorias, por ejemplo. En el caso de cefaleas y de migrañas la cafeína, suministrada en cantidades moderadas, provoca una vasoconstricción, disminuyendo así el flujo sanguíneo en el cerebro y por lo tanto la disminución del dolor de cabeza. La especialista añade que entre los medicamentos que contienen cafeína se encuentran fármacos para aliviar el dolor, la migraña, la gripe y diuréticos. Además, por su capacidad de estimulación respiratoria, también es recomendada en el tratamiento de la apnea —cese de respiración por algunos segundos— en los recién nacidos y como antídoto para la depresión respiratoria en sobredosis de heroína y otros estupefacientes.
›› 4 Un café después de comer facilita la digestión: Mito
La cafeína no aumenta la secreción de enzimas pancreáticas o digestivas.
›› 5 La cafeína aumenta la concentración y combate la fatiga: Realidad
Sí es posible que la cafeína aumente la atención en personas cansadas y mejore el rendimiento de éstas en ciertas actividades. Usted puede experimentar después de ingerir un alimento que contenga este componente, sensación de estar más despierta (o) y activa (o), todo va a depender de la sensibilidad a la cafeína que su organismo posea y del promedio de consumo diario de la misma.
›› 6 La cafeína hace daño al corazón: Mito
Un informe del National Research Council sobre la Dieta y la Salud indica que la evidencia que vincula el consumo de café con el riesgo de desarrollar la enfermedad de las arterias coronarias es débil e inconsistente. En 1989 un informe publicado por el prestigioso Framingam Heart Study —en información suministrada por la especialista— examinó todas las relaciones potenciales entre el consumo de cafeína y las enfermedades cardiovasculares y no detectó efectos dañinos por el consumo de café. En opinión de Amándola, “la cafeína no causa hipertensión arterial crónica, ni tampoco un aumento persistente en la presión sanguínea. Aquellas personas que son más sensibles pueden experimentar un aumento breve en la presión sanguínea, que no dura más de una hora. Sin embargo es aconsejable que las personas hipertensas o con antecedentes de infarto del corazón, o apoplejías cerebrales mantengan un consumo moderado de cafeína”.
›› 7 La cafeína causa enfermedades en las mamas: Mito
Los resultados de una investigación mundial, que analizó 100.000 casos de mujeres fallecidas por de cáncer de mama, no evidenciaron relación alguna entre el consumo de cafeína y el desarrollo de esta enfermedad. La misma investigación —y otras que se han llevado a cabo en el Consejo de Asuntos Científicos de la American Medical Association y el National Cancer Institute— demostró que el consumo de cafeína no está relacionado con la aparición de quistes fibrosos benignos en los senos, aunque en algunos casos se piensa que la cafeína podría agravar la condición.
›› 8 Los niños no deben tomar café: Mito
Los padres deben aplicar el sentido común para decidir qué cantidad de alimentos o bebidas con cafeína suministran a sus hijos, tal como sucede con cualquier otro alimento. Las investigaciones indican que no hay diferencias en la tolerancia a la cafeína entre niños y adultos, aunque, sobre todo, hay que tener cuidado con los menores pues hoy en día las bebidas cafeinadas pueden estar reemplazando alimentos altamente nutritivos en la dieta, tales como la leche —y por supuesto, es mucho más nutritivo para un pequeño tomar esta bebida pura, que con añadido de café o chocolate—. Los estudios han demostrado que los alimentos y bebidas que contienen cafeína no tienen efecto sobre la hiperactividad ni tampoco, sobre el período de tiempo en que los niños ponen atención, pero debe restringirse en niños hiperactivos debido a que es un estimulante.
›› 9 La cafeína interfiere en la actividad de los medicamentos”: Realidad
Muchos medicamentos pudiesen interactuar con alto consumo de cafeína, pero Amándola recomienda siempre consultar al médico o farmacéutico sobre las posibles interacciones de la sustancia al ingerir o adquirir medicamentos. Debido a su efecto excitante puede llegar a inhibir los resultados tranquilizantes de algunos sedantes, y puede junto con la ingestión de ciertos antidepresivos causar alteraciones en el ritmo cardíaco. Existen medicinas en el mercado que, incluso, tienen este compuesto químico —tal es el caso de algunos antigripales, por ejemplo—, es obvio, entonces, que lo recomendable es seguir el consejo de la especialista, pues si bien la cafeína inhabilita la acción de algunas medicinas no actúa así con todas.
›› 10 La cafeína es dañina para las mujeres embarazadas”: Por comprobarse
Lucía Amándola dice que “la seguridad del consumo de cafeína durante el embarazo es controversial”. La Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos (FDA) ha establecido que la cafeína no afecta la reproducción humana si es consumida con moderación (menos de dos tazas al día). Las investigaciones del Center for Disease Control and Prevention de la Facultad de Medicina de Harvard y de la Universidad de California, en Berkely, establecen que el consumo moderado de cafeína no reduce las posibilidades de las mujeres de quedar embarazadas. Sin embargo, según lo que indican algunos experimentos, su consumo exagerado puede aumentar el riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro y recién nacidos de bajo peso.
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