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revista Estampas
Caracas, sábado 05 de mayo de 2007   


Secretos
de juventud


La edad no les ha cobrado una mala jugada. Sus rostros y cuerpos se mantienen bien. Acá los cuidados y filosofías de vida que les han permitido lucir radiantes a través del tiempo Lorena Meléndez / Fotos: Natalia Brand y Rodolfo Beer

Maquillaje: Luis Enrique Urbano

 

Mayela Camacho
sin incógnitas

“No hay cosa más pública que una notaria, ¿A quién vas a engañar?”. Esa es la razón por la cual esta diseñadora de modas no esconde nada, ni los 50 años que ya alcanzó, aunque muchos piensen que tiene una década menos.  Hoy en día es una de las más importantes representantes del fashion local y lo único que mantiene de aquellos días es la talla y el peso.

Esa facultad de haberse conservado tan bien a través de los años viene acompañada de un metabolismo maravilloso que no la deja privarse de lo que se le antoja. “Me encanta la comida y cocinar. Todos dicen que soy muy golosa”.

¿Qué cómo es posible que luzca tan delgada? Le encanta hacer ejercicio y por eso lo practica a diario con su entrenador personal al menos por una hora. Hace de todo: Pilates, trote y tenis, actividades que le ayudan a quemar las calorías que sobran y, de paso, le permiten salirse del ritmo diario para dedicarse a sí misma y olvidarse del trabajo.

Camacho cree que es importante que el tiempo de descanso y sueño sean extensos, pero no tanto. Confiesa que la cama le desespera y por eso no duerme más de siete horas.

La diseñadora comenta que le gusta mantener siempre en alto su estado de ánimo y para lograrlo piensa en positivo. Procura no estresarse, prefiere resolver en vez de enloquecer ante las situaciones críticas y, cuando éstas se le han escapado de las manos, las acepta, una condición que asegura haber alcanzado con la experiencia.

“Estoy en una etapa divina”, dice. Camacho se siente libre para hacer con su vida lo que me provoca y lo que le apasiona, sin hacerle daño a nadie.

En cuanto a las rutinas de belleza, confiesa que no es constante con ningún tipo de cremas. Lo que sí cumple es un tratamiento de hidratación, mínimo una vez al mes. Tampoco falta en su agenda una sesión de masajes dos veces por semana.
La experta en moda apunta hacia la risa para rejuvenecerse. “La gente inteligente se ríe de sí misma”, dice y también lo practica, una cualidad que va de la mano con la espontaneidad con la que actúa en muchas ocasiones.

El mejor momento
de Marialejandra Martín

Ni las extenuantes grabaciones
de las telenovelas ni los ensayos
de las obras de teatro ni las giras
nacionales. Nada ha podido con
la buena materia prima, como asegura su estilista, que tiene Marialejandra Martín. Muestra fehaciente de ello es su cabello,
que jamás ha sido teñido y que apenas en estos últimos meses
luce sus primeras e incipientes canas.

Su rostro ha soportado miles
de close up en la pantalla
chica y en el cine. Ni se preocupa cuando un reflector la ilumina directamente, pues sólo corrobora
la tersura de una piel con mínimas líneas de expresión que le han
dejado las más de cuatro décadas que ostenta orgullosa, sin complejos y sin cirugías faciales. La actriz cree que todavía es temprano para hacerse una primera operación, así que prefiere esperar cuando verdaderamente la necesite: “Si yo me lo hiciera ahora, definitivamente no me voy a ver de 20 años”, dice.  

Cuando está fuera de los escenarios y estudios, Martín procura llevar un maquillaje muy natural, poco recargado, sólo luciendo lo necesario. Le encanta consentirse, usar cremas hidratantes y todos aquellos implementos de belleza
que la hagan sentirse bien. Regularmente se hace tratamientos en la cara para mantener la firmeza, entre ellos la Micro, una especie de peeling para aliviar las impurezas. Acota que la mejor arma para no envejecer es la prevención,
de la cual es una ferviente practicante.

La actriz comenta que el ejercicio catártico de la actuación le ha ayudado a no envejecer prematuramente. “Lo bueno del oficio es que siempre estás haciendo cosas que te permiten salirte del cuadradito. Puedes gritar, puedes llorar, todo ayuda a que uno esté liberándose constantemente”, dice.

Desde hace años cuenta con el asesoramiento de su entrenador personal Julio Martínez, aunque en ocasiones ha abandonado el ejercicio durante las temporadas en las que se encuentra saturada de trabajo. Trata de comer sano, pero nunca hace dietas, toma lo que le provoca a cualquier hora. Sin embargo, cuando siente que se ha excedido, trata de no caer en lo mismo la semana siguiente.

Hoy en día, Marialejandra Martín tiene un hijo de 25 años y dice que cuando andan juntos parecen una pareja como la de Aston Kusher y Demi Moore. La veterana actriz, asegura que ahora está en su mejor momento: “Físicamente me siento bien, yo me veo mejor ahora, a todo nivel”... y se le nota.

Lupe Gehrenbeck
y las emociones
anti aging

El amor es el antídoto que la dramaturga y actriz ha utilizado para mantenerse joven y burlar el paso del tiempo. “Vivir enamorada de tu pareja hace que te cuides, te arregles, te hace querer sentirte bella”, dice. Es adicta a la segregación de endorfinas que le produce ese estado, la misma que siente al subir diariamente al Avila y al hacer ejercicios, por eso admite que las razones para conservar una rutina de actividad física son, esencialmente, catárticas.

El poder de su verbo es el vehículo para drenar rabias, disgustos, risas
o preocupaciones. Prefiere sacarlas
y jamás dejarlas añejándolas dentro de sí para no amargarse. “Siempre expreso lo que pienso” afirma,
y este mecanismo lo utiliza como una herramienta para hallar fácilmente
la risa, un arma conocida para no envejecer.

Su consejo, aparte de conseguir el amor, es hacer lo que sea necesario para alcanzar lo que se quiere, por eso, en su trabajo, Gehrenbeck dice que el éxito la ha ayudado a mantenerse.

Quizás las cualidades juveniles de Gehrenbeck se reflejen principalmente en la lozanía de su rostro. Terso, liso, níveo, es el resultado de una práctica estética cuya máxima es jamás dormirse sin remover el maquillaje. El cuidado de su cutis lo inició desde su adolescencia, cuando su madre le regaló una crema Christian Dior y un agua de rosas. Desde entonces se limpia la cara a diario, haciendo sólo excepciones cuando el jaleo la ha dejado exhausta. El otro sabio consejo de su mamá fue el uso del sostén con ballena o francés, para evitar que la gravedad y los años provoquen estragos en la figura.

Su alimentación la basa en el consumo de harinas integrales, vegetales, frutas y el poco consumo de carne roja. Pero esta tendencia no la ha seguido toda su vida, sino que fue su esposo quien poco a poco le fue contagiando, muy acertadamente, la necesidad de comer sano.

El retrato
de
Raúl Amundaray

“La edad no es cuestión de cédula, sino de células, y con esas estamos bien”. Así contesta el eterno galán
de telenovelas quien pareciera
haber hecho el mismo pacto que Dorian Gray para conservar su juventud. “Escondo las tijeras y cuchillos para no romper el retrato”, dice mientras ríe recordando la historia del célebre personaje de Oscar Wilde. Aún cuando hace más de cuarenta años que encarnó
a Albertico Limonta en El derecho
de nacer
, su figura no denota cansancio, más bien se mantiene sólida y sin muchas alteraciones, irradiando la simpatía y el buen humor de la experiencia.

Prefiere guardarse el secreto.
Su edad no la dice sino que la mantiene como un misterio que muchos quieren develar, pues
le encanta crear un aura de
suspenso alrededor de su personalidad.

Si de ejercicios se trata, Amundaray admite que no levanta pesas ni trabaja con máquinas, pero realiza su deporte favorito, la natación, que es clave en su vida diaria.

Deja escapar dos prácticas que le ayudan a mantenerse. Es un amante de las frutas, sobre todo de la lechosa, y las consume todos los días sin discriminar horarios. Evita comer a deshora, aunque a veces las grabaciones constantes no
le permiten proteger ese orden en su ingestión. Sólo fuma cuando alguno de sus personajes lo requiere, aunque confiesa que le han dicho que le falta más pericia para sostener el cigarrillo como se debe.

El actor comenta que no tiene ningún tratamiento especial para su cutis, no existe una marca de cremas que se aplique con regularidad. Sin embargo, de vez en cuando, su esposa le compra algunas lociones para consentirlo, sin que ello imponga una rutina de belleza. Eso sí, admite haberse refrescado el rostro con algunas cirugías.

Lleva ya varios años sin el bigote que tanto lo distinguía en la época de Cristal. En vista de que su personaje en Voltea pa’ que te enamores no lo requería, decidió prescindir de ese mostacho negro y grueso que le imponía tanto carácter a su estampa. Así se quitó unos años de encima, lleva un semblante más fresco y limpio, aunque dice no tener inconveniente si algún otro rol le exige dejárselo crecer. Su cabello tampoco lo tiñe, por eso deja entrever el color gris desde sus sienes, además de unas notables entradas.

La voz portentosa que le ha servido como insignia se conserva, pero ésta no es excusa para que deje escapar su buen humor. “Un día si haber reído es un día perdido” dice y entre risas y frases pegajosas va reiterando una y otra vez su cualidad dicharachera con toques de refinamiento de los caballeros de su época dorada. Un consejo para mantenerse joven: Hacer el amor, pero “eso sí, hacerlo con mucho amor de por medio”.

 
 
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