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Foto: www.shutterstock.com / sandra g. |
Cuestión de
Altura
En la carrera por
querer ser grandes
no siempre los niños
llevan la delantera. Para muchos padres,
la posibilidad de que sus hijos sean pequeños parece ser
una amenaza. Aquí, el cuándo, el cómo y el
no necesariamente de la terapia con hormona
de crecimiento.
Irene Carrasquero
“La mayoría de los niños
(o en realidad, sus padres) que consultan por talla baja no tiene ningún trastorno o enfermedad”, es lo primero que aclara la doctora Cecilia Capriles, endocrinóloga pediatra.
“A veces, la mejor terapia es tranquilizar a los padres y simplemente hacerle un seguimiento a la talla”.
Primero lo primero. Antes de mencionar la palabra tratamiento, hay que definir si ese niño que es percibido por sus padres como pequeño realmente lo es y amerita ser evaluado a fondo para descartar algún factor que esté retrasando su crecimiento.
La doctora Capriles explica cuáles son los casos que definitivamente vale la
pena investigar un poco más:
1. El niño que está por debajo del tercer percentil (la más baja dentro de las curvas de crecimiento). “Esto quiere decir que de cien niños de su edad y población, hay menos de tres que tienen su misma talla. Aquí es cuando realmente puede hablarse de talla baja. Por encima de eso, es simplemente un niño pequeño, pero normal”.
2. El niño que está dentro de algún percentil normal pero ha bajado en las curvas. “Es el caso del niño que estaba en el percentil 50, por ejemplo, pero bajó al 25 y luego al 10. No es un percentil anormal pero ha ido cayendo hacia las curvas
más bajas, lo cual indica que algo está pasando y hay que estudiarlo”.
3. El niño que tiene una talla normal para su población pero es bajo para su potencial genético. “Es un niño que se ve normal y está, por ejemplo, en un percentil 10, pero su papá y su mamá están en el percentil 75. Aquí es bueno estudiar la causa”.
4. El niño que gana peso pero no crece. “Esto sugiere que puede haber un trastorno hormonal de base que debe investigarse”.
Si el niño no cae dentro de estas categorías es probable que efectivamente sea pequeño, sí, pero normal, también. Lo mejor en esta situación es evaluarlo, tranquilizarlo y simplemente hacerle seguimiento a su talla. “En estos casos, el papel del pediatra general es fundamental”.
Qué investigar
Todavía la palabra tratamiento es prematura. El siguiente paso, si el niño está dentro de una de las situaciones anteriores que ameritan ser investigadas, es realizar pruebas que permitan entonces determinar la causa específica por la
que el crecimiento es lento. Luego, y dependiendo de la situación, se decidirá si es necesario intervenir y de qué forma.
Lo básico es realizar un perfil general, además de pruebas tiroideas y renales. Esto se complementará, dependiendo del caso, con otros exámenes más específicos:
La talla familiar
Se refiere al potencial genético o talla media de los padres y se mide combinando la estatura del padre y la madre, pero “convirtiendo” ambas en talla femenina o masculina, dependiendo de si se trata de una niña o una niño:
• Para una niña: Se toma la talla de la mamá tal como es y a la talla del papá se
le restan 12 centímetros para “convertirla” en una talla de mujer. Ambas se suman y se dividen entre dos.
• Para un niño: A la talla materna se le suman 12 centímetros , para “convertirla” en una de hombre, se le suma intacta la talla del padre y se divide entre dos.
La talla del niño o la niña puede considerarse normal cuando el resultado es igual o 10 centímetros por encima o por debajo de la media de los padres.
La edad ósea
Se determina con una radiografía de la muñeca y la mano izquierda, la cual permite medir cuánto han madurado los cartílagos de los huesos del carpo y los dedos y, por ende, cuál es su potencial de crecimiento. Esta edad ósea puede estar de acuerdo con la edad del niño, pero también puede estar desfasada. “Si está por debajo de la edad cronológica, significa que tiene mayor potencial de crecimiento, pero si por el contrario, está por delante de la edad cronológica, implica que la talla final podría estar comprometida. Esto se ve con frecuencia en niños obesos que crecen aceleradamente y luego se estabilizan, alcanzando una talla similar a las familiares. También puede ser un indicio de pubertad precoz, condición que debe ser evaluada y tratada a tiempo”.
La prueba de somatomedina C o IGF 1:
“La hormona de crecimiento en sí no es la que estimula directamente el crecimiento de los cartílagos de los huesos. Una vez segregada, ella va al hígado, donde se transforma en el factor de crecimiento somatomedina C (también conocido como IGF 1), responsable directo por el alargamiento de los huesos”. Mediante un examen de sangre simple se determina si el niño es capaz de producir este factor; si se descubre que hay déficit, es probable que también lo haya de la hormona de crecimiento.
La prueba de secreción de hormona de crecimiento:
Mediante este estudio se puede determinar si la causa por la que el niño no crece de manera adecuada está en el déficit de esta hormona. “El análisis debe ser realizado por un médico y consiste en darle al niño un medicamento que actúa como un estímulo para la producción de la hormona. Dos o tres horas después se mide la secreción y si no se produce suficientemente, es probable que el niño tenga un déficit. Si éste es el caso, lo recomendable es hacer una prueba adicional que permita confirmarlo”.
Qué esperar
Todos estos estudios van a permitir al médico determinar la causa por la cual ese niño no está creciendo al ritmo esperable. Casi con seguridad, estará dentro de una de las siguientes situaciones:
1. Es de talla baja familiar: Es el niño que crece a una tasa normal y tiene una edad ósea acorde con su edad cronológica, pero es pequeño porque sus papás lo son. “Usualmente a estos niños no se les trata, pero en ciertos casos merecen ser estudiados, pues a veces los padres son pequeños por causas que no fueron descartadas y vale la pena profundizar un poco”.
2. Tiene un retardo constitucional de crecimiento y desarrollo: “Este niño, por lo general, crece muy bien los primeros años de vida pero comienza a situarse en los percentiles más bajos de las curvas entre los dos años y los años cercanos
a la pubertad. En este niño, el “estirón” ocurre tardíamente y seguramente va a llegar a la talla que le corresponde por herencia, pero más tarde. Este retardo responde a su reloj biológico y generalmente hay antecedentes en la familia”.
3. Tiene talla baja idiopática: “Este niño es pequeño, crece lento y cada vez se despega más de las curvas normales de crecimiento, sea la de sus papás o la de su población, pero no se encuentran causas que lo justifiquen, pues es sano
y no tiene trastornos hormonales”.
4. Se ha visto afectado por ciertos factores nutricionales: Es el caso del niño que no gana peso o lo pierde, sea porque decide hacer una dieta, se alimenta mal o está desnutrido. “El niño va creciendo bien, pero en lo que comienza a variar el peso, la velocidad de crecimiento se desacelera”.
5. Tiene problemas tiroideos y hormonales: Es el niño al que se le determina hipotiroidismo, hipercortisolismo o déficit de la hormona de crecimiento, entre otros.
Cuándo actuar
Es sólo en este momento cuando puede comenzar a pensarse en un tratamiento con la hormona de crecimiento. Los casos en los que comúnmente se indica son:
1. Niños que no son capaces de producir por sí mismos la hormona: Es obviamente la primera indicación. Se trata de los casos en los que, mediante dos pruebas, se ha determinado que el niño no segrega la hormona de crecimiento suficientemente. “Este déficit puede ser de nacimiento, lo cual es bastante raro,
o adquirido, que puede deberse a factores autoinmunes u otro trastorno adquirido, así como problemas de tiroides.
2. Niños con talla baja idiopática (ubicados por debajo del tercer percentil): “No todos los niños en esta situación requieren tratamiento con hormona de crecimiento. Debe estudiarse cada caso y aplicarlo solamente a aquellos con talla baja considerada patológica, que crecen lento y cuyo pronóstico de talla está cada vez más comprometido”. 3. Niños con otros problemas que inciden en la talla: Actualmente el tratamiento está indicado y aprobado mundialmente para niños con Síndrome de Turner y de Prader-Willi (SPW), además de niños con insuficiencia renal crónica, condiciones que se manifiestan, entre otras cosas, en una talla baja.
Cómo actuar
El tratamiento con la hormona de crecimiento se aplica mediante inyecciones subcutáneas diarias, todas las noches a la misma hora. “El proceso puede tornarse complicado desde el punto de vista psicológico para el niño, ya que implica tener que inyectarlo todas las noches, esté donde esté. Por eso, es una terapia que no puede tomarse a la ligera”.
La doctora Capriles es muy enfática al afirmar que este tratamiento debe estar debidamente indicado luego de un buen diagnóstico, y con la mayor seguridad
de que el niño se va a ver más beneficiado que afectado. “El peor efecto secundario de esta terapia es la creación de falsas expectativas”.
En los casos más comunes en los que se aplica el tratamiento, como son niños con déficit de la hormona y niños con los síndromes en los que está aprobado (Turner y Prader-Willi), éste debe aplicarse desde el momento en que se sabe
del problema hasta que cesa el crecimiento. Esto podría tomar años.
Una forma de saber que ese niño ya no está creciendo es cuando la velocidad de crecimiento es menor a dos centímetros por año, o la edad ósea alcanzó 15 años en las niñas o 16 en los varones. “Esto indica que ese niño o esa niña está cerca de su talla final y se puede, entonces, suspender el tratamiento”.
A algunos de estos niños se les continúa dando la hormona en la edad adulta,
en dosis muchos menores y con un esquema diferente. “En estos casos ya no
se les da para que crezcan, sino porque la hormona de crecimiento incide en otros procesos como son el mantenimiento de la densidad ósea, la formación de músculos y la disminución de grasa. De hecho, si un niño con déficit de hormona de crecimiento no es tratado puede terminar con osteoporosis, sobrepeso y aumento del colesterol”.
Existe otro factor asociado con esta hormona conocida como “la sensación de bienestar”, que también es muy beneficioso para estos niños y especialmente, para los adultos deficientes.
En el caso de los niños con talla baja idiopática, por razones que se desconocen y sin posibilidad de hacer una predicción, hay un grupo que responde al tratamiento y otro que no, por lo cual la indicación es probar durante seis meses. Si el crecimiento se duplica durante este período, se considera que el niño está respondiendo positivamente y el tratamiento debe mantenerse. Si, por el contrario, la tasa de crecimiento no se duplica, es preferible suspenderlo, pues no se está ganando nada. “Aquí sólo se está generando estrés adicional y falsas expectativas para el niño y su familia”.
Señas
Doctora Cecilia Capriles
Endocrinóloga pediatra.
Centro Médico Docente La Trinidad
Telf.: 949.6297
Error nada pequeño |
Muchos padres modernos, en su afán por criar niños grandes, fuertes y deportistas (especialmente en el caso de los varones) apelan a razones inexistentes para tratar a sus hijos con la hormona de crecimiento.
La doctora Capriles sale al paso a esta equivocada tendencia: “Esta hormona no sirve para dar ‘empujoncitos' de crecimiento. Todo niño tratado inicialmente acelerará su velocidad de crecimiento pero no terminará necesariamente siendo un adulto más alto, a menos que la indicación sea adecuada y el tratamiento se mantenga hasta que alcance su talla final”.
En general, los niños con talla baja familiar, retardo constitucional de crecimiento o desarrollo tardío no se benefician de este tratamiento.
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Ilustración: amarilis Quintero Ruiz |
›› Su talla está por debajo del tercer percentil
›› Es pequeño y no tiene de dónde heredar esa talla
›› Estuvo dentro de las curvas normales y ha bajado
a los percentiles más bajos
›› Gana peso pero no crece.
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