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| Foto: Archivo |
Al nacer, los bebés tienen la piel del prepucio adherida al glande y poco a poco, hasta aproximadamente los tres años de edad, ésta se va despegando. Cuando ello sucede, el prepucio debe retraerse diariamente para la correcta higiene del pene y luego volver a llevarlo a su posición normal; de lo contrario se acumula orina y otros fluidos que pueden infectar y poner en peligro la salud del pene.
La circuncisión se indica cuando, alcanzados los tres años, no es posible retraer el prepucio adecuadamente o se producen grietas o dolor al hacerlo.
¿Y antes de los tres años?
Debe retraerse el prepucio suavemente, sin forzarlo y sólo de forma esporádica. De hecho, lo ideal es que sea el pediatra, durante las visitas mensuales, quien realice esta maniobra, y esperar a que la piel se vaya despegando de forma natural.
¿Existe una alternativa?
Si a los tres años el prepucio no puede retraerse adecuadamente, el niño debe ser visto por un urólogo, quien puede tratar de eliminar las adherencias manualmente, lo cual podría ocasionar un poco de dolor pero evitaría la intervención quirúrgica. Es importante que esta maniobra sea hecha únicamente por el médico y nunca por personas inexpertas. Si no se logra retraer definitivamente la piel, lo más probable es que sea necesaria la circuncisión.
¿Tiene algún beneficio hacerla antes?
Algunas religiones practican la circuncisión como un rito cuando el niño recién nace, lo cual debe respetarse. Sin embargo, desde el punto de vista médico no existen hasta ahora beneficios comprobados que hagan de esta intervención una indicación para todo recién nacido.
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