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revista Estampas
Caracas, sábado 04 de agosto de 2007  

Lo nuevo en quimioterapia

Padecer de cáncer no significa lo mismo hoy que ayer. Las nuevas tendencias en la investigación, específicamente en materia de quimioterapia, están haciendo que esta enfermedad sea cada vez más tratable  —si no curable— mediante tratamientos menos agresivos. Irene Carrasquero.

Foto: www.latinstock.com.ve / corbis / brooke fasani

La imagen de una persona débil, demacrada, sin cabello y con náuseas es el prototipo que, probablemente, todos tienen en mente cuando se piensa en un paciente que está siendo tratado con quimioterapia. Sin embargo, importantes logros científicos están cambiando gradualmente dicha imagen, pues los tratamientos actuales buscan ser menos perturbadores de la calidad de vida del enfermo y más específicos para cada tipo de cáncer. El doctor Carlos A. de Jongh García, oncólogo clínico, comparte con Estampas Temática Salud las nuevas tendencias en materia de quimioterapia, los logros y el camino que todavía queda por recorrer.

Según explica el especialista, puede resultar difícil convencer a un enfermo de someterse a quimioterapia, debido a la mala fama que ésta adquirió desde que comenzó a aplicarse a finales de los años cuarenta. “Los primeros tratamientos eran muy tóxicos y los que vinieron luego no dejaron de serlo. Así, los efectos colaterales que se experimentaban entonces han hecho que la quimioterapia tenga una fama que hoy en día no merece”.

La percepción general que se tiene de esta alternativa —asociándola con náuseas, vómitos, calvicie y debilidad—, se correspondía a una no muy lejana realidad. Para nadie es un secreto que muchos medicamentos son capaces de producir efectos secundarios de cuidado, los cuales pueden afectar de manera importante la calidad de vida del enfermo y limitar la aplicación de la cura. “Esto puede hacer que el paciente deje de recibir una modalidad de tratamiento capaz de ofrecerle un alivio sustancial, además de mejorar su calidad de vida e, incluso, curar su enfermedad”.

A la medida

La comunidad de investigadores en el mundo está consciente de esta realidad. Y en consecuencia ha actuado. “Los científicos buscan diseñar drogas que sean lo más efectivas posible con la menor toxicidad inherente. Es decir, medicamentos que dañen al tumor, pero no al paciente. Es lo que llamamos ‘la bala mágica’. La medicina ideal. Eso no se ha logrado todavía, pero está cada vez más cerca de la realidad”.

Hasta hace algunos años casi todas las medicinas clásicas para tratar el cáncer (conocidas como citotóxicas) estaban diseñadas para atacar y matar las células tumorales, pero su acción también afectaba, irremediablemente, a una fracción más o menos significativa, según el caso, de las células sanas, con consecuencias importantes para el organismo. Hoy en día, los nuevos medicamentos tienen propiedades distintas a las de los tradicionales y son capaces de distinguir las células tumorales de las sanas, aunque sólo hasta cierto punto.

Explica el doctor De Jongh que una propiedad común en la mayoría de las células tumorales es que se dividen más rápido que las sanas. En función de ello, los medicamentos han sido diseñados para identificar las células con esta propiedad y matarlas, con lo cual la enfermedad retrocede. “Pero también es un hecho conocido, desde hace mucho tiempo, que hay ciertas células sanas que también se dividen muy rápido y, en consecuencia, son igualmente atacadas por las medicinas”. Es el caso, por ejemplo, de las células de la raíz del pelo, de la médula ósea (donde se producen los glóbulos blancos, rojos y las plaquetas) y de la boca, las cuales son tratadas por el medicamento con la misma agresividad con la que atacan las tumorales. Y es en este aspecto, precisamente, donde se concentra buena parte de los esfuerzos de las actuales investigaciones. “La idea es lograr que la acción de los medicamentos esté dirigida a una parte tan específica de la célula tumoral que no esté presente en la célula sana, con lo cual pueda lograrse que la toxicidad sea menor”.

Paralelamente, y todavía con más ahínco, las investigaciones están orientadas a diseñar tratamientos que puedan ser específicos para cada tipo de cáncer. La tendencia es hacia tratar de identificar, de la manera más exacta posible, cuál es el tipo de tumor y qué características químicas y biológicas tiene, para poder escoger, entre los diversos medicamentos disponibles y de acuerdo a la situación particular del paciente, el que más le conviene. Es lo que se ha comenzado a llamar el tratamiento a la medida. “En definitiva, el propósito primordial de las investigaciones sigue siendo conseguir medicamentos que tengan actividad contra determinados tumores. Sin embargo, la presión, tanto de los enfermos como de sus oncólogos, quienes tienen que lidiar con los efectos colaterales indeseables, ha logrado que en los estudios clínicos que se hacen actualmente se incluyan protocolos que permitan determinar no sólo la respuesta del tumor a la droga, sino también su efecto sobre la calidad de vida”.

Un soporte vital

Otro de los grandes avances en esta área es, según el doctor De Jongh, lo que en oncología se conoce hoy como el tratamiento de soporte, un aspecto en el que los investigadores también han puesto la lupa. “No es lo mismo decirle a un paciente que existe un medicamento que lo va a curar de su cáncer, pero que va a producirle náuseas, vómitos y malestar de estómago, a decirle que esa droga puede ocasionarle todo eso pero que, paralelamente, le daremos otras medicinas que van a disminuir drásticamente e, incluso, eliminar tales efectos colaterales”.

El tratamiento de soporte, hoy en día parte integral de la quimioterapia, no tiene ninguna acción sobre el cáncer. Su propósito es, única y exclusivamente, ayudar al paciente a tolerar las drogas que sí van a combatir la enfermedad. “Una de las marcas de fábrica de la quimioterapia, hasta hace algunos años, era que los pacientes no dejaban de vomitar. Hoy en día, menos de 10 por ciento sufre de este efecto”. Ello, no sólo porque las investigaciones se han dirigido a que las drogas sean menos tóxicas, sino gracias a estos tratamientos de soporte que disminuyen al mínimo —incluso a cero— algunas de las consecuencias indeseadas de la quimioterapia.

Actualmente los pacientes cuentan con medicinas de soporte que actúan para subir los glóbulos blancos, los glóbulos rojos o las plaquetas, los cuales tienden a bajar también como consecuencia de la quimioterapia, así como para aumentar el apetito, disminuir la inflamación de la mucosa de la boca y la faringe y aliviar los dolores de huesos enfermos, entre otras manifestaciones. “Hoy no se justifica no acompañar un medicamento con su contraparte de soporte”.

Abriendo el abanico

Según explica De Jongh, existen otras opciones de tratamiento que si bien se conocen menos y, en la práctica, no están consideradas rigurosamente dentro de la quimioterapia, son también poderosas armas contra el cáncer y suelen tener menos efectos colaterales.

Las terapias hormonales son el prototipo de estas alternativas. Éstas se basan en la circunstancia bien conocida de que algunos tumores necesitan de las hormonas para crecer, por lo que bloqueando su acceso a las células malignas se puede limitar el crecimiento del cáncer. “Tal vez los ejemplos más elocuentes de tumores hormono dependientes y, por lo tanto, sensibles a este tipo de tratamiento, son el cáncer de próstata y cierto tipo de cáncer de mama. En estos casos, el bloqueo de la actividad de la testosterona (hormona masculina) y del estrógeno (hormona femenina por excelencia) es capaz de producir la inhibición, muchas veces bastante significativa, del crecimiento tumoral. Lo más importante es que esto suele suceder con una toxicidad muy limitada o, en todo caso, manejable”.

La inmunoterapia o terapia biológica, por su parte, se basa en medicamentos que estimulan al sistema inmune del organismo para que luche contra la enfermedad, utilizando para ello sustancias elaboradas por el mismo cuerpo o fabricadas en el laboratorio. Recientemente hay buenas experiencias con esta alternativa para el tratamiento específico de cáncer de mama, de pulmón y de colon.

 

Señas

Doctor Carlos A. de Jongh García
Oncólogo clínico
Centro Integral de Oncología.
Centro San Ignacio, La Castellana.
Telf.: (0212) 263.3232

http://www.ciove.com

 

 

CONTRADICTORIA QUIMIO

Es conveniente porque:
›› Tiene un efecto general.A diferencia de la radioterapia y la cirugía, que son tratamientos locales, la quimioterapia actúa sobre todo el organismo y es capaz de atacar una célula tumoral prácticamente donde quiera que ella esté

›› No amerita equipos sofisticados. Su aplicación es relativamente sencilla, sin máquinas muy grandes y complicadas, y no requiere la intervención de un equipo médico completo en quirófano

›› Puede trasladarse. Tiene distintos métodos de aplicación. Sea intravenosa o intramuscular, puede, en teoría, llevarse a cualquier parte mediante una bomba automática portátil, además de tener la opción de aplicarse oralmente

›› Complementa otros esfuerzos de cura. Siendo una modalidad terapéutica tan distinta a la radioterapia y a la cirugía, encaja perfectamente como complemento, pues tiene un mecanismo de acción diferente y permite hacer más completo el trabajo del cirujano y del radioterapeuta

Pero:
›› Tiene mala fama. Los efectos colaterales de los primeros tratamientos, en momentos cuando poco se sabía de terapia de soporte, hacen que el temor a ellos sea a veces exagerado

›› Ciertamente produce efectos colaterales. Aunque no con la magnitud que se les sigue atribuyendo, ciertos efectos secundarios todavía existen y se deben, contradictoriamente, a la acción que ejercen los medicamentos sobre todo el organismo para atacar la enfermedad

›› Es costosa. Algunos tratamientos pueden tener costos elevados, lo cual se debe a la alta sofisticación de los medicamentos modernos

›› Puede ser larga. A diferencia de la cirugía o la radioterapia, la cual dura, a lo sumo, seis o siete semanas, la quimioterapia puede prolongarse hasta por varios meses e, incluso, años

 

 
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