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revista Estampas
Caracas, sábado 04 de julio de 2009 
 

Alergias
bajo control

Con manifestaciones que pueden ir desde inofensivas hasta muy serias, como dificultades para respirar y shock anafiláctico, son una afección común en los niños que puede -y debe- ser identificada a tiempo.
Irene Carrasquero



Las pruebas
para determinar alergias en los niños son fáciles de hacer, rápidas y -en manos de profesionales preparados- seguras y efectivas. El doctor Carlos Ortega Tamayo, pediatra y alergólogo, comparte su experiencia de años identificando y tratando reacciones alérgicas en los más pequeños.

¿Cuáles son los alérgenos más comunes?
En la vida cotidiana existen casi tantos alérgenos como cosas nos rodean. Sin embargo, ciertos elementos se repiten como causantes de reacciones en personas sensibles y son los que normalmente están en el ojo de alergistas e inmunólogos. Alimentos, neumoalergenos, insectos, animales y medicamentos parecen ser una buena distribución de los agentes alergénicos, pues aquí se agrupan los más comunes.

Alimentos
Según la experiencia del doctor Ortega, los que comúnmente producen alergia en los niños son la leche de vaca, los huevos, el ajo, la papa, el tomate, algunos cereales (como arroz, maíz, trigo y avena) y ciertas frutas (sobre todo fresa, durazno y naranja).

Momento oportuno para aclarar un aspecto que tiende a confundir a muchas madres. "No es lo mismo la intolerancia a la lactosa, muy común en niños, que alergia a la leche". La alergia es producida por la proteína de la leche, mientras la intolerancia se da a la lactosa, es decir, al azúcar que contiene. "Para que un elemento produzca alergia debe ser proteína y el azúcar no lo es; por lo tanto, no puede ser alergénica".

Neumoalergenos
"Éstos son los que entran al organismo por las vías aéreas, siendo el polvo casero el principal desencadenante de cualquier proceso alérgico". Y son los ácaros que viven en el polvo los grandes responsables de que éste sea tan alergénico. "Este arácnido -al que mucha gente mal llama insecto- vive en las alfombras, colchones, almohadas y pliegues de cortinas y se alimenta de residuos de piel de nuestro organismo, caspa del pelo y cutículas de las uñas".

Insectos
Poca gente sabe que la cucaracha es sumamente alergénica. "Ella tiene alérgenos en su contenido gástrico, en el epitelio de su cuerpo, en sus deposiciones y en sus huevos". Pero quizás los insectos más temidos son las avispas, las abejas y algunos tipos de hormigas, cuyas picaduras en personas sensibles, especialmente en niños, pueden ocasionar reacciones muy peligrosas. La más riesgosa es el shock anafiláctico, que se caracteriza por pérdida del conocimiento, dificultad respiratoria, caída de la tensión arterial e incluso infarto. "El shock anafiláctico frecuentemente es mortal y muchas veces no da tiempo de llegar a una clínica u hospital. Por eso el paciente siempre debe llevar consigo su equipo de emergencia (antialérgico, adrenalina y esteroides)".

Animales
Las mascotas son muchas veces causantes de alergia en los niños. Los agentes directamente responsables de estas reacciones son las proteínas que se desprenden al ambiente provenientes de su piel, saliva y orina. Los casos más comunes tienen que ver con animales domésticos como perros, gatos y hámsters, además de caballos y conejos.

Medicamentos
La alergia a los medicamentos puede no ser fácil de determinar, pues en la mayoría de los casos las reacciones adversas pueden estar relacionadas con sobredosis, efectos colaterales e interacciones con otros medicamentos, y no directamente con la mera intolerancia a la formulación. En todo caso, vale la pena saber que la penicilina y los antibióticos relacionados con ella son los medicamentos más alergénicos, seguidos por las sulfamidas, los anticonvulsionantes, algunas preparaciones de insulina y ciertos anestésicos locales como la novocaína. El yodo, muy utilizado como medio de contraste en exámenes de rayos X, los antiinflamatorios no esteroideos (AINES), ibuprofeno, aspirina, dipirona y ketoprofeno también pueden producir reacciones poco deseables.

¿Cómo identificar una alergia?
Las reacciones alérgicas, independientemente de la causa, pueden ser similares y varían de intensidad entre un niño y otro, con efectos que van desde los más leves hasta los más peligrosos. Los síntomas más comunes son:

• Estornudos frecuentes con prurito (picazón), obstrucción nasal y rinorrea acuosa, todo lo cual configura la rinitis alérgica.
• Angioedema, que se caracteriza por hinchazón principalmente en los párpados, labios y genitales, siendo su forma más grave la del edema de glotis (abertura superior de la laringe), la cual podría llegar a ser mortal.
• Dermatitis atópica, caracterizada por erupciones que pican y con aspecto de escamas, particularmente en mejillas, codos, rodillas y nuca.
• Urticaria, que se manifiesta en rosetones o ronchas por todo el cuerpo con prurito.
• Diarrea intratable.
• Asma con crisis de disnea, sibilancia y tos.
• Inflamación de la lengua y/o la laringe, que puede ocasionar dificultades para respirar.
• Anafilaxia (shock anafiláctico), que ocurre en las reacciones más fuertes, con pérdida del conocimiento, dificultad respiratoria, caída de la tensión, infarto y hasta la muerte.

¿Qué hacer ante la duda?
En todos los casos, cuando una madre sospeche que su hijo es alérgico debe consultar a un médico especialista en alergias para determinar si realmente se trata de eso. "Especialmente cuando debido a la picadura de un insecto, incluso un mosquito, al niño se le hace una gran inflamación y le salen ronchas por todo el cuerpo, la madre debe ir un alergista, pues la próxima vez que le pique puede tener un shock anafiláctico", indica Ortega Tamayo.

El especialista hará al niño un examen de sangre para medir la inmunoglobulina E (IgE), un anticuerpo que produce el organismo para defenderse de aquellos elementos que le hacen daño. "Para los lactantes, este factor debe estar en menos de 20, para los preescolares en menos de 40 y para los adultos en menos de 100".

Si el resultado está elevado, es muy probable que este niño tenga un proceso alérgico, por lo que el siguiente paso será realizar pruebas para determinar cuáles son los elementos que específicamente están produciendo estas reacciones. "También es importante tomar en cuenta si hay un aumento de los eosinófilos, un tipo de glóbulos blancos que debe estar normalmente en menos de cuatro".

¿En qué consisten las pruebas de alergia?
Hoy en día existen básicamente dos tipos de pruebas: las dérmicas (o cutáneas) y las serológicas, de más reciente data. "Hasta hace unos años no se indicaban pruebas de alergia en niños menores de cuatro años. Esto ha cambiado y hoy por hoy se pueden hacer a cualquier edad".

Las pruebas dérmicas consisten en un leve pinchazo en el brazo o el antebrazo, donde se coloca una pequeña gota de solución que contiene muy diluido el alérgeno que se quiere medir, desde polvo, pasando por mosquito y abeja, hasta todo tipo de alimentos. Para cada alérgeno se hace una punción y es imprescindible que el niño haya estado al menos cinco días sin tomar ningún tipo de antialérgico o antigripal.

"Es importante aclarar que en el caso de los alimentos se hacen pruebas solamente de aquéllos que el niño come y que podrían estarle provocando alergia. No tiene ningún sentido probar con alimentos que el niño no consume nunca". Estos tests son sumamente sencillos y en el caso de los niños -ya que se prueban pocos alérgenos- se hacen en una sola sesión que normalmente no dura más de 15 minutos.

Por su parte, la pruebas serológicas, conocidas como Rast (por sus siglas en inglés), consisten en tomar una muestra de sangre y verificar en el laboratorio la sensibilidad del niño a distintos tipos de alérgenos.

Entre ambas opciones, el doctor Ortega utiliza más las cutáneas, las cuales en su opinión ofrecen resultados más precisos y son menos costosas que las Rast. Además, son cada vez menos traumáticas, pues ya no se inyecta la sustancia intradérmicamente -como se hacía antes- sino que se pone en contacto con la piel mediante una leve punción.

¿Cómo se trata una alergia?
Los pasos a seguir van a depender del tipo de alérgeno que se está enfrentando. "En el caso de que se demuestre una alergia alimentaria, lo primero es suprimir indefinidamente los alimentos a los cuales el niño demostró sensibilidad".

Surge aquí una pregunta: ¿qué hacer cuando se determina alergia a la leche en un lactante? En ese caso, se le da un sustituto. "El más común es la mal llamada leche de soya, que se deriva de esta planta pero no es leche, sino un cereal reducido a harina". Con respecto a la leche materna, el especialista comenta que ésta en sí, tal y como es formulada por la naturaleza, no produce alergia. "Lo que sí puede desencadenar reacciones en el lactante son algunos alimentos que la madre consuma tipo maní, nueces y almendras". Asimismo, los productos químicos para el cabello no son recomendables durante la lactancia materna, pues también puede ocasionar alergias en algunos bebés.

La buena noticia es que en muchos casos la alergia alimentaria desaparece con el tiempo. "En la vida diaria, es común ver personas que son alérgicas a un alimento, dejan de comerlo por dos o tres años, después lo prueban nuevamente y lo toleran. Esto es especialmente válido en los niños". Para tratar algunas alergias alimentarias puede, sin embargo, hacerse una desensibilización oral. "Después de pasar un varios años sin comer el alimento, se comienza a probar poco a poco en cantidades mínimas, teniendo siempre a mano un antialérgico. De esta manera se hace también la desensibilización a los medicamentos".

En cuanto al tratamiento de las reacciones a neumoalergenos, picaduras de insectos y contacto con otros animales, la situación es muy diferente. Para estos casos existe la inmunoterapia, muy efectiva y que puede salvar la vida en situaciones de hipersensibilidad. "Es imposible eliminar totalmente el polvo de nuestras casas o de los sitios que visitamos y acabar con los ácaros en un cien por ciento". Tampoco puede eliminarse el riesgo a ser picado por un insecto o evitar tropezarse con alguna mascota ajena. En estos casos, la mejor alternativa es hacer una desensibilización al alérgeno en cuestión.

"La inmunoterapia consiste en inyectar una solución muy diluida del alérgeno al cual la persona es sensible. Aunque en adultos puede comenzarse con una dilución de 1 miligramo x 10 mil, por tratar con niños yo prefiero iniciar con 1 miligramo x un millón. Durante el tratamiento se va aumentando la concentración en diez veces cada vez y se van distanciando las inyecciones". Al inicio se hace dos veces por semana, después una vez a la semana, luego cada 15 días y en el mantenimiento, que debe hacerse por largo tiempo, una vez al mes. "La práctica norteamericana es mantener este tratamiento por un período de entre 3 y 5 años. Sin embargo, dependiendo del caso, puede suspenderse cuando el paciente pasa un año totalmente asintomático", afirma el especialista.

ES HEREDITARIA

Aun cuando las alergias específicas a ciertos agentes no se traspasan intactas de una generación a otra, la propensión a sufrir procesos alérgicos diversos (que se
conoce como atopia) responde a
la genética.

"Las cifras apuntan a que cuando la madre y el padre tienen antecedentes alérgicos, más del 60% de la descendencia va a ser alérgica. Cuando uno solo de los progenitores es alérgico, este porcentaje es menor, pero sigue existiendo".

En este sentido, el especialista recomienda que si un bebé por nacer proviene de una familia atópica, es una buena práctica tomarle sangre del cordón umbilical para hacer una medición del factor IgE. "Si está elevado, es fácil predecir que este niño va a tener manifestaciones alérgicas durante su vida".


¿SON ALERGIAS?

Se tiende a confundir alérgenos con irritantes primarios.

"El humo del cigarrillo, el monóxido de carbono, los desodorantes de ambiente, los detergentes, los suavizantes y los productos de aseo personal, limpieza y mantenimiento del hogar con olores fuertes, entre otros, son irritantes primarios que pueden producir reacciones. Sin embargo, no son alérgenos porque no son proteínas, y por eso no pueden hacerse pruebas de alergia para ellos".

Los cambios de temperatura, por otro lado, pueden producir problemas de vasoconstricción que se manifiestan en picazón y molestia, y el sol, el calor y el frío extremos pueden ocasionar urticaria. "Mucha gente los llama alergia, pero realmente no lo son".

Señas
Carlos Ortega Tamayo,
pediatra - alergólogo.
Instituto de Alergia, Bello Campo
Telf.: (212) 265.2132, 263.7075, 261.8001

foto: www.shutterstock.com/Catalin Petolea

 
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