Desde el inconsciente
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"Los sueños son un acto psíquico de pleno sentido", decía Sigmund Freud. Y es que aun cuando la más cuerda de las imágenes oníricas luzca como una inexplicable hilera de incoherencias, el psicoanálisis ha logrado encontrar orden dentro de tan disparatado desorden.
Irene Carrasquero
"Los sueños son un fenómeno normal y universal. Todo el mundo sueña y posiblemente lo hace todas las noches", apunta el psiquiatra y psicoanalista Carlos Rasquin, para quien la experiencia onírica de muchos de sus pacientes, combinada con los acontecimientos de la vida cotidiana -y despierta-, le ha facilitado el encuentro con sus sentimientos más profundos.
¿Por qué soñar?
Fisiológicamente hablando, está más que comprobado que durante el período de sueño las personas pasan por diversas fases. Una de ellas, conocida universalmente como fase REM (siglas que desde el inglés se traducen en Movimientos Oculares Rápidos), es la que alberga a los sueños.
Se sabe a ciencia cierta que esta fase puede ocurrir de tres a cuatro veces durante un período suficientemente prolongado de sueño y que durante ella, entre otros cambios, los ojos se mueven rápidamente, aumenta la frecuencia cardíaca y en los varones se pueden producir erecciones. Quiere decir esto que la fase REM, aun cuando se esté dormido, es de intensa actividad. "Si una persona se despierta durante este período, muy probablemente es capaz de recordar y relatar su sueño".
Pero con todo lo que el hombre ha aprendido sobre el dormir,es poco lo que aún sabe sobre el soñar. "Es posible que se trate de una actividad mental rudimentaria; una especie de pensamiento automático que se activa con algún propósito que nadie ha podido todavía explicar".
Un sueño es un desfile de situaciones caóticas y confusas, a veces locas y casi siempre inexplicables, donde conviven personas que muy probablemente en la realidad nada tienen que hacer juntas, compartiendo historias insólitas y momentos absurdos, en lugares a veces desconocidos, todo con una incoherencia que golpea la cordura del que sueña.
¿Puede alguna mente racional hallar algo de sentido en todo este desordenado sinsentido?
Sigmund Freud
Si alguien quiso alguna vez encontrar una razón a la dimensión onírica de la mente humana fue Sigmund Freud, padre del psicoanálisis y precursor de la interpretación de los sueños como herramienta psicoterapéutica. "El ser humano siempre ha tenido una gran curiosidad por entender los sueños, pero es a partir de Freud que éstos tienen una racionalidad".
Y es que estemos o no de acuerdo con la teoría de este médico y neurofisiólogo, su gran obra maestra La Interpretación de los sueños,1905, es la que introduce el estudio formal del fenómeno del sueño y le aporta, por primera vez, una connotación más mundana y humana que da al traste con todo el halo de magia que hasta ese momento parecía rodearlo.
Freud es el primero en sugerir la idea de que los sueños, aunque caóticos y desordenados, muestran historias hiladas y no del todo azarosas que revelan lo que el soñante esconde en su inconsciente. "Los sueños son la vía regia al inconsciente", determina.
Y para comprender lo trascendente de esta revelación para el psicoanálisis, es menester saber que Freud partía de una organización básica de la mente: lo consciente, aquello que la persona conoce de sí misma, y lo inconsciente, referido a lo que desconoce y no entiende. Concepto en el que el doctor Rasquin profundiza: "Es esa parte desconocida de la personalidad relacionada con miedos, anhelos, recuerdos, fantasías y deseos reprimidos que tienen mucho poder sobre la conducta y la vida de la persona pero que no son percibidos como las aspiraciones conscientes".
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Los sueños son entonces, según la teoría que nace con Freud, una oportunidad privilegiada, única e irrepetible de escarbar en lo inconsciente, que incluso podría ayudar a resolver algunos enigmas de la personalidad y el comportamiento.
Desde el diván
Tomando en cuenta la naturaleza enigmática, desconocida y absolutamente inaccesible del inconsciente, la mera idea de que es posible acceder a él a través de la interpretación de los sueños parece ser un tentador reto para cualquier psicoanalista.
"Para analizar los sueños (y, en general, la personalidad), Freud desarrolla la técnica de la asociación libre: cada persona debe seguir el hilo de sus propias asociaciones y ocurrencias para encontrar la verdad y el significado de esas escenas que sueña".
Partiendo de esta propuesta, es justo -y casi obligado- aclarar que no existe una simbología universal que pueda aplicarse indiferentemente a todos los sueños.
Que las serpientes son penes o que la caída de los dientes son sinónimo de muerte son aseveraciones superficiales que nada tienen que ver con la realidad particular de quien sueña. "La simbología popular no tiene ningún fundamento, pues los enigmas de los sueños son estrictamente personales".
Así, interpretar un sueño es un acto de mucho compromiso, que requiere entrenamiento, experiencia y conocimiento para el cual no cualquier persona está capacitada. "Quien analiza un sueño tiene que ser muy respetuoso del soñante, del momento y de las limitaciones que inevitablemente implica ese sueño, pues siempre va a haber un remanente de enigma".
En el proceso de terapia psicoanalítica, en mayor o menor grado, siempre va a aparecer la experiencia onírica. "El hilo conductor del psicoanálisis es la vida despierta, las preocupaciones, las relaciones interpersonales y las fantasías del paciente, pero cuando aparece un sueño lo consideramos como un material privilegiado, por el hecho de que tiene una gran conexión con el inconsciente y constituye por eso un aporte muy revelador".
En la experiencia del doctor Rasquin, los sueños evolucionan a la par de la vida y de las situaciones que el paciente va experimentando, mientras van ampliándose en su cobertura de temas y situaciones. "Generalmente, cuando existe una situación abarcadora de la conflictividad de la persona puede aparecer un sueño como un gran mural que recolecta e ilustra el momento que está en proceso de discusión. Es como un efecto de revelación; es una ventana que se abre".
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Manifiesto y latente
"Puede haber sueños más breves o sueños más enigmáticos; pero, en definitiva, todos son una enorme condensación y tienen una capacidad de resumen de la vida. El material del sueño nunca es trivial".
Y es que el más mínimo símbolo dentro de una experiencia onírica puede ser la más grande revelación de lo que el soñante guarda en su inconsciente. "Cuando el acto más simple en la vida cotidiana como, por ejemplo, tener sed y tomar agua, se presenta en un sueño, están abiertas una cantidad de conexiones que hacen de él un evento sumamente cargado".
De allí se desprende la teoría, también planteada por Freud, de que todo sueño tiene dos dimensiones: el contenido manifiesto, que son las imágenes evidentes que la gente recuerda del sueño, y el contenido latente, que son todos los sentimientos, expectativas, conflictos y sentimientos que están detrás de esas imágenes que aparecen en la más trivial e inofensiva de las escenas.
Otra contundente aseveración que demuestra que los sueños son tan personales e íntimos como el que los sueña y su propia vida.
Ello, Yo y Súper-yo
Otro concepto planteado por Freud se refiere a que las tres dimensiones de la personalidad -introducidas por él y vigentes en el psicoanálisis moderno- tienen mucho que hacer en la experiencia onírica:
1. El Ello: definida por el doctor Fernando Rísquez, psiquiatra y psicoanalista en su libro Conceptos de Psicodinamia, esta dimensión se refiere "a la porción inferior, desde el punto de vista del siglo XIX, formada por todos los impulsos instintivos, o sea, por las manifestaciones específicas, las manifestaciones inherentes a la especie: los instintos". Es la parte primitiva, innata y desorganizada de la personalidad; son los impulsos, los deseos y los desbalances, los cuales según Freud están de forma pura en el inconsciente y por ello son el mayor componente de los sueños.
2. El Yo: "Es, esencialmente, el factor determinante de la conducta consciente y el que verdaderamente se identifica con términos como la voluntad, la lucidez, pero específicamente con la razón, con el raciocinio", explica el doctor Rísquez. El Yo tiene como fin cumplir en la vida real los deseos y demandas del Ello e interviene en los sueños para hacer de éstos una experiencia menos absurda, más lógica y entendible. "Para Freud -según señala el doctor Rasquin- esta intervención del Yo ayuda a que el sueño no sea demasiado perturbador al servicio de que la persona pueda seguir durmiendo".
3. El Súper-yo: actúa como conciencia moral y como el ideal que el Yo debe aspirar. "Está referido a la influencia o a la presión ejercida por el padre y la madre sobre la criatura, tanto desde el punto de vista consciente como inconsciente", explica el doctor Rísquez. Es el representante de todas las restricciones morales y, en caso de conflicto, castiga al Yo mediante el sentimiento de culpa. El Súper-yo es, en palabras del doctor Rasquin, un factor actuante en el desarrollo del sueño y un elemento a identificar, pues también tiene niveles inconscientes. "Sin embargo, es necesario reconocer que en los sueños su severidad se ve atenuada".
En definitiva, la dimensión onírica ha dado -y seguirá dando- mucho de qué hablar. No sólo desde la mente (inconsciente) de tantos soñantes, sino también desde la mente (mucho más consciente) de tantos estudiosos del comportamiento humano.
"Ciertamente, los sueños son una actividad de la mente que, en su carácter fisiológico, constituyen un acto psíquico precario y desordenado al que le faltan instrumentos para que sea un funcionamiento mental coherente. Pero también es verdad que, si se saben leer, pueden aprovecharse para ver cosas que no van a aparecer en el pensamiento lógico y racional del soñante".
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CITAS ONÍRICAS |
» Según la teoría de Freud, los sueños son una vivencia mental que hace posible la realización de deseos incumplidos
» Este propósito se ve más claramente reflejado en los sueños de los niños, que son más obvios y con mayor frecuencia que en los adultos se convierten en pesadillas, pues la realización de los deseos infantiles puede tropezarse con realidades difíciles como la autoridad o las retaliaciones.
» Los sueños son totalmente autobiográficos y aunque el protagonista sea otro, el asunto que se plantea se refiere a una muy personal preocupación del soñante.
» A pesar de lo elocuentes que pueden resultar los sueños, la mayoría de las personas no los recuerda y la actual sociedad, urbana y pragmática, tiende a prestarles poca atención.
» Algunos científicos de la fisiología y la psiquiatría le restan total importancia a la experiencia onírica y la consideran un funcionamiento caótico de la mente dormida que no tiene valor alguno.
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NIÑOS Y MALOS SUEÑOS |
»¿Qué causan las pesadillas?
•Problemas en la casa o el colegio
•Estrés por actividades deportivas o escolares
•Ciertos cambios importantes como una mudanza o la muerte de un ser querido
•Películas o libros de terror antes de dormir
•Algunas enfermedades con fiebre muy alta y ciertos medicamentos
»¿Cómo evitarlas?
•Acostumbre a su hijo a una rutina de sueño. Si no es muy pequeño, elimine las siestas
•Evite que coma o haga ejercicios inmediatamente antes de dormir
•Restrinja las películas y libros de terror, en especial por la noche
•Si es pequeño, déjelo dormir con algún muñeco que le guste para que se sienta compañado
•Deje una luz tenue encendida en su cuarto durante la noche y mantenga la puerta abierta
»Y sobre todo:
•Converse con él sobre estos malos sueños y preste atención a sus problemas cotidianos
•Si se mantienen, considere consultar con un psicólogo infantil
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Señas:
• Carlos Rasquin, piquiatra y picoanalista.
Profesor de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas.
Director del Instituto de Psicoanálisis.
Anexo Hospital de Clínicas Caracas, piso 8, consultorio 801.
Telfs.: (212) 574.7887/6324 |
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