La primera visitas
al ginecólogo
Una cita
impostergable
Sentimientos de ansiedad
y de angustia suele generar
la primera visita al ginecólogo.
Pero, tras este encuentro,
la transformación de la duda
en certeza genera un estado
de alivio mental y espiritual,
y es que las pacientes
reciben una significativa orientación
sobre educación sexual y estado
de salud del aparato reproductor.
“Los especialistas sabemos cómo
se sienten las pacientes y buscamos
las herramientas para ayudarlas
a que se relajen, que la interacción se genere en forma armónica, que las preguntas o inquietudes de ellas
fluyan y que la comunicación
se establezca”, explica
la ginecóloga Amaloa
Maguhn.
Foto: www.latinstock.com.ve / corbis/ Stephen Welstead
Aspectos vitales de la sexualidad que recién despierta en sus cuerpos,
el proceso del ciclo menstrual y lo concerniente a los órganos sexuales
femeninos, son aspectos que se aclaran durante esa primera consulta, donde además se da información valiosa sobre los métodos anticonceptivos. “Les explicamos sobre las enfermedades de transmisión sexual, y de las posibilidades de contagio cuando se inicia la sexualidad sin protección”, refiere la especialista Maguhn, quien puntualiza que en las niñas pueden presentarse las siguientes patologías: hongos, candidiasis y tricomoniasis. “Estas se contraen debido a la humedad en la ropa interior o la adquieren en las piscinas y en los baños.
Hay casos de infección por condilomatosis, o virus del papiloma humano (VPH)
en niñas que son vírgenes, que no han tenido relaciones sexuales, pero que lamentablemente han intercambiado su ropa interior, trajes de baño
o pantalones con las compañeras del colegio o vecinas de la urbanización”.
Sin fecha ni calendario
La edad para la primera cita varía, y ello porque hay niñas que sufren de una pubertad precoz; es decir, que inician su proceso menstrual a los nueve años. Otras también visitan al ginecólogo antes de desarrollarse, ya que aparecen cambios que pueden generar angustia o curiosidad, como es la aparición del botón mamario, el vello púbico o el olor axilar, detalles que marcan la etapa del desarrollo. Lo usual es que las madres las acompañen a las primeras consultas, y que, a partir de los 18 años, acudan solas a las citas. “Durante ese primer contacto aprovechamos para describirles a las pacientes la vagina, los ovarios, el útero, las trompas de falopio y sus funciones vinculadas en la producción de hormonas que generan las señales de los cambios inherentes a esta importante fase de vida. Es vital explicarles bien lo referente al ciclo menstrual, destacando el momento de la ovulación hacia el día 14 después del primer día de sangrado y que luego vendrá la regla aproximadamente catorce días después. Insistimos en los riesgos de la actividad sexual sin anticoncepción porque es posible que un espermatozoide fecunde su óvulo”, detalla Maguhn.
Durante el examen, el médico emplea un monitor para detallarles a las jovencitas como son ellas por debajo. “Les mostramos los labios mayores, los labios menores, el clítoris, los orificios por donde orinan y excretan, y allí ellas entienden la manera correcta de limpiarse: nunca se deben llevar las heces fecales hacia adelante, ya que en caso de practicarlo de esa manera, se generan infecciones”, precisa la experta.
Posteriormente, el ginecólogo realizará lo que se conoce como “pool vaginal”, examen que consiste en introducir un hisopo similar al utilizado para la higiene de los oídos en el orificio del himen, para luego efectuar la citología. “La evaluación permite descartar cualquier malformación de los labios mayores y menores, o en el útero y los ovarios, por lo que se hace el eco pélvico de vejiga llena. Si la consulta es motivada por ciclos irregulares, o porque no les viene la regla es preciso descartar la presencia de quistes ováricos u otras patologías”.
Al estar pendientes de ese chequeo ginecológico periódico para ir conociendo su cuerpo, las jovencitas demuestran un grado de responsabilidad y madurez fundamental que se traducirá en el futuro en una vida sexual sana y saludable.
Una presunción
Una tendencia sorprende en la consulta diaria de los ginecólogos: las madres de las adolescentes solicitan al especialista que les explique a sus hijas sobre los métodos anticonceptivos porque “presumen” que si las chicas van de viaje con un grupo de amigos, lo más seguro es que van a tener relaciones sexuales —la mayoría de las veces no es así, ya que ellas sólo quieren divertirse. “Incluso nos piden que les indiquemos una pastilla anticonceptiva de inmediato. También hay un abuso de la píldora del día siguiente, que se vende sin prescripción médica y es sumamente perjudicial cuando las jovencitas la utilizan como anticonceptivo”.
Cuando se tiene vida sexual activa
Si ya se han tenido relaciones sexuales antes de esa primera consulta con el ginecólogo, este realizará una revisión externa de los genitales. Después comenzará la evaluación interna: colocará un espejo vaginal muy estrecho y pequeño, con lo que podrá ver directamente el cuello de la matriz, a fin de descartar la presencia de quistes o verrugas.
Luego examinará el interior de la vagina con la ayuda de un espéculo, que es un instrumento delgado de plástico o de metal que termina en una pieza con bisagra, lo que permite abrirlo y cerrarlo. Posteriormente se realiza lo que se conoce como el Papanicolau (PAP), un examen que toda mujer debe hacerse anualmente.
El test consiste en introducir un cepillo pequeño dentro del cuello de la matriz,
que recogerá una muestra. Esta será evaluada por el patólogo, quien determinará si se padece de alguna infección o existen células cancerígenas. Por último,
el ginecólogo hará una exploración llamada bimanual, donde se mide y toca la consistencia de la matriz y de los dos ovarios, por encima del estómago.
| El método más idóneo |
Los expertos aconsejan a las jovencitas el uso de preservativos, porque protegen tanto de embarazos
no deseados como de enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, la mejor protección es la que deberían dar los padres a sus hijas. “El rol asumido
por los ginecólogos no disminuye el papel de los progenitores en la educación de sus hijas, ya que
son ellos los que deben hablarles con toda claridad sobre los temas mencionados y la manera como
afecta el plan de vida un embarazo no planificado, además de resaltar los riesgos de contraer la hepatitis B
o el sida, enfermedad que nos puede tocar porque
no discrimina raza, grupo social, edad o sexo”,
exclama la especialista Amaloa Maguhn.
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