Una mente saludable La psiquiatría y la
neurología trabajan unidas para develar los secretos
del pensamiento humano, explorando el funcionamiento del cerebro y las técnicas
para mantenerlo en las
mejores condiciones
posibles.
María Ángela Valbuena
El cerebro humano fue por mucho tiempo una especie de caja negra y todo lo
que allí pasaba era un verdadero misterio. La psiquiatría estudiaba las formas
de comportamiento mientras que la neurología experimentaba en la mesa de operaciones con los heridos por armas de fuego y de accidentes, única forma
de acceder al órgano vivo. El caso de Phineas Gage, un empleado ferroviario
que sobrevivió a la pérdida de una porción cerebral, tras lo cual su personalidad cambió drásticamente, sirvió a los estudiosos de ambas disciplinas para comprender que las distintas partes del órgano cumplían funciones específicas.
Otra piedra angular en la historia de la neurociencia fue el descubrimiento del médico y patólogo francés Paul Broca, quien determinó que el centro del habla
se hallaba en la tercera circunvolución del lóbulo frontal (ahora conocido también como el Área de Broca). Realizó además importantes contribuciones al entendimiento del sistema límbico, que regula nuestro mundo emocional y su repercusión en nuestra percepción de la realidad, constituyendo uno de los tres estadios cerebrales junto al llamado cerebro reptil (que coordina nuestra vida instintiva y los mecanismos de autorregulación) y el neocórtex (responsable de
la expresión racional y asociativa, además de las funciones cognitivas superiores).
Pero la verdadera revolución llegaría sin embargo con la invención de la tomografía por emisión de positrones, que permite visualizar “en vivo y directo”
la actividad cerebral toda vez que se ha inyectado en la persona un radiomarcador, líquido radiactivo que se une a las sustancias con que se comunican las neuronas (neurotransmisores). Estas se conectan entre sí (forman sinapsis) estableciendo circuitos por donde se conducen las señales eléctricas. Gracias a ello, la neurociencia ha avanzado a pasos agigantados en
la última década, integrando los conocimientos aportados desde la neurología
y la psiquiatría.
Loro viejo
Hoy son muchas las creencias que han quedado atrás, empezando por aquella de que el cerebro se desarrollaba muy temprano y una vez que lo hacía, prácticamente era inmodificable. Así lo explica el psiquiatra Eduardo Carvallo, director de Conexión Red de apoyo humano, un centro de atención diaria donde
el ejercicio de las funciones neurocognitivas es uno de los pilares fundamentales del programa para la integración biopsicosocial del individuo. “En la medida en que tenemos interacción con nuestro entorno y con nuestro mundo interior, se van formando cadenas sinápticas entre las diferentes neuronas, y estas van haciendo un sistema neuronal”.
También aquí aplica aquello de que lo que se utiliza se hipertrofia y lo que no se utiliza se atrofia, que es el principio de la neuroplasticidad; o sea, que la actividad mental puede modificar la estructura y función del cerebro. Carvallo continua: “si yo tengo muchos años utilizando esa cadena neuronal, obviamente cuando se da un estimulo el cerebro va a tratar de que se d esa vía sináptica. La neuroplasticidad lo que dice es que hoy en día si yo empiezo a activar otras cadenas sinápticas, estas se pueden formar y ser operativas; entonces ese principio se puede utilizar para compensar deficiencias o para tratar de atrofiar cadenas sinápticas que se han mantenido activas por mucho tiempo.”
Lo más interesante es que este proceso es constante y no se detiene. Por el contrario, descubrimientos recientes muestran que con el transcurrir de los años el cerebro es más flexible y adaptable de lo que se creía, sugiriendo que ambos hemisferios comienzan a integrarse mejor durante la mediana edad. “El hemisferio izquierdo es lógico y analítico mientras que el derecho es más intuitivo y creativo. Se ha demostrado que el cerebro tiene más alcance cuando funciona de forma integrada”, apunta Carvallo. Sin embargo, tendemos a usar más uno de los dos hemisferios, lo que se conoce como lateralidad. Un diestro se da cuenta fácilmente de que le cuesta más realizar acciones con su eje izquierdo, pues su actividad neuronal se centra en un hemisferio cerebral.
La importancia más significativa entre los cerebros mayores y los más jóvenes
es que los primeros han aprendido más, codificando pensamientos y emociones a través de la formación de nuevas conexiones neuronales, lo que se traduce en una red de circuitos más extensa. La lateralidad también parece reducirse, pues el cerebro compensa el deterioro causado por los años expandiendo sus redes neuronales a través del cuerpo calloso que divide ambos hemisferios, lo que se conoce como HAROLD (Asymmetry Reduction in Older Adults).
Así pues, el cerebro es un órgano con capacidad de cambiar respondiendo a
las modificaciones del entorno. Puede variar las conexiones entre neuronas, modificar la red de capilares que les proporcionan oxígeno y nutrientes y producir nuevas cadenas sinápticas en determinadas zonas como el hipocampo, que es el área del cerebro responsable de la memoria. Cada vez que aprendemos algo nuevo el cerebro se “expande”, mientras que determinadas conductas pueden atrofiarlo.
Mantenerse en forma
La mayor parte de los hábitos que incrementan el riesgo de enfermedades cardíacas (tabaquismo, obesidad, niveles elevados de colesterol, presión arterial alta) aumentan también el riesgo de perder las facultades mentales. Por ejemplo, la formación de ateromas o placas fibrograsas en las paredes internas de las arterias que alimentan el corazón y el cerebro pueden afectar el flujo sanguíneo hacia este órgano, disminuyendo su potencial. La hipertensión severa, por otra parte, es capaz de desencadenar una hemorragia cerebral o un accidente cerebral vascular de otro tipo.
Una dieta balanceada y la práctica diaria de ejercicio físico moderado contribuyen al mantenimiento físico del cerebro y en consecuencia, aumentar sus funciones. Estudios recientes señalan que una alimentación rica en frutas, vegetales y fibra
y baja en grasas saturadas y trans puede reducir no sólo el riesgo de arteriosclerosis, sino también de demencia. Carvallo agrega que el chocolate y
el vino bebido con moderación (una o dos copas diarias) han demostrado ser beneficiosos para el cerebro, al igual que sustancias como el ginko biloba y el cloruro de magnesio.
Los investigadores estudian la posibilidad de reducir el riesgo de demencia con medicamentos para controlar los niveles de colesterol, la diabetes y la hipertensión. En cuanto a la aspirina, se ha reportado que dosis bajas parecen reducir el riesgo de infartos en mujeres menores de 65 y hombres mayores de
50 años de edad con uno o más factores de riesgo cardíaco.
La evidencia sugiere que la dieta y el ejercicio puede incluso ayudar a prevenir
el Alzheimer. La Universidad de California, Irvine, publicó en agosto de 2005, un estudio llevado a cabo con 579 personas mayores de 60 años a quienes se les hizo seguimiento por períodos mayores a 14 años, encontrando que quienes consumían más ácido fólico y vitamina B —abundante en los vegetales de hoja— eran menos propensos a desarrollar la enfermedad, mientras que aquellos que consumían al menos 400 microgramos diarios —a través de alimentos o suplementos— gozaban de una reducción de riesgo de 55 por ciento. Otros estudios sugieren beneficios similares de la práctica regular de ejercicio moderado (30 minutos diarios cinco o más veces por semana) y por mantener
un peso saludable, lo que ayuda a controlar los niveles de insulina y prevenir la inflamación crónica (hay evidencia de que la inflamación en el cerebro puede contribuir al daño causado por la enfermedad de Alzheimer).
Higiene cerebral
Por naturaleza, el cerebro tiende a reducir su capacidad de funcionamiento,
en parte por una cuestión de ahorro de energía y también porque evolutivamente tiende a mantener los estados de adaptación alcanzados, es decir, no es proclive al cambio, explica Carvallo. Es aquí donde entra en acción la higiene cerebral, que consiste en introducir cambios en la rutina diaria que le permitan al órgano aumentar los circuitos sinápticos y ampliar su rango de acción.
Realizar alguna actividad artística o deportiva, leer y analizar textos, resolver problemas matemáticos o de lógica, estudiar un idioma o especializarse en una materia son recursos que nos ayudan a desarrollar habilidades mentales, pero también pueden ser útiles para retrasar el envejecimiento cerebral y mantener
a raya el avance de padecimientos que generan pérdida de memoria. “Está demostrado que personas que en su madurez comienzan a estudiar algo nuevo tienden a tener un cerebro 'más joven'”, señala el especialista, acotando que sin embargo las enfermedades tienen un proceso natural que muchas veces no depende del individuo pues responden a factores hereditarios de importancia.
Hay prácticas sencillas que ayudan a romper la lateralidad como peinarse o lavarse los dientes con la mano que no es dominante. La recomendación
general es que las personas que por su profesión usen comúnmente el pensamiento lógico (abogados, economistas, médicos) realicen alguna
actividad artística y al revés, quienes se muevan dentro de este campo se ejerciten con labores sistematizadas y de lógica.
Las prácticas integradoras —que activan simultáneamente varias funciones cerebrales— son muy beneficiosas. Hacer ejercicios de coordinación, bailar o tocar un instrumento musical son excelentes en este sentido, al igual que volar
en ícaro o montar bicicleta (en ambos casos el centro de gravedad se está desplazando constantemente). La meditación, por otra parte, ha demostrado
su capacidad para potenciar los procesos mentales. Señas
• Eduardo Carvallo, Psiquiatra
Conexión, red de apoyo humano.
Telfs.: 993.5861/ 0412-205.7439/ 0414-126.2617
• Fitness and your brain. Newsweek
• The myth of the midlife crisis. Newsweek
Gimnasia mental |
››Tome cursos de piano, pintura o cualquier otra cosa que le guste. Disfrutar las actividades que practica puede fomentar o maximizar su capacidad de aprendizaje
››Los ejercicios de aritmética simple (sumas, restas, multiplicaciones con cifras de hasta tres dígitos) son más eficaces para la higiene cerebral que los complejos
››Aprenda sobre alguna materia hasta convertirse en un experto. El pensamiento elaborado ayuda a poner la mente en un estado óptimo
››Pasatiempos como crucigramas, dameros y sudokus, los juegos de video y de mesa como el dominó, el ajedrez y las cartas le ayudarán a ejercitar sus conexiones cerebrales
››Sustituya las horas frente al televisor por la lectura
››Haga amigos o busque compañeros de juego. Las personas con un buen círculo de amistades demuestran una mayor capacidad de adaptación
››Tenga "juguetes" de muchas clases ¡y juegue con ellos! Es importante mantener nuestro espíritu juguetón y aventurero
››Aprenda un idioma en varios años en lugar de varias semanas. El conocimiento adquirido con el estudio constante a largo plazo se conserva por más tiempo
››Llene su vida con experiencias ricas y novedosas de todo tipo. Los estímulos noveles ayudan a mantener la agilidad mental |
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