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revista Estampas
Caracas, sábado 01 de diciembre de 2007  

Sexualidad en casa

www.latinstock.com.ve /corbis/Emma Rian

Expertos dan respuesta a algunas de las inquietudes mas frecuentes que tienen los padres para hablar de este tema con sus hijos
Liana Calderón

El camino para que la sexualidad de los niños y adolescentes se consolide comienza desde temprana edad y se extiende a lo largo de la vida. Cuando los padres buscan orientación de cómo canalizar las inquietudes de sus hijos sobre este tema los psicólogos tienden a concluir: “No es cuestión de dibujar cigüeñas y estrellas en el cuaderno ni tampoco de forzar una ampliación del tema. Lo importante es que el orientador abra espacio para las dudas y responda aquello que le preguntan”, manifiesta Helena Lima, coordinadora de proyectos de orientación sexual en escuelas tradicionales de San Pablo en Brasil.

Según Lima, no existe una edad ideal para comenzar el trabajo de orientación sexual. “Lo más conveniente es discernir cuando se presenta la inquietud. El sexo no es una dimensión aparte de la existencia, es una más, con sus importancias y dificultades”, explica la bióloga y psicóloga.

En esa misma postura se anota el doctor Ricardo Montiel Parra, médico cirujano graduado en la Universidad Central de Venezuela, con especialidad en medicina del adolescente. “No existe un momento específico para tratar la sexualidad con niños y adolescentes, ésta misma se aborda desde que el bebé está en el vientre de la madre, cuando se comienza a identificar el rol sexual por el género, poco a poco los padres y familiares manifiestan verbalmente cómo deben comportarse los niños y las niñas. Se dice que los pequeños son más desobedientes, inquietos, mientras que las niñas son más tranquilas”, aclara el director de la Clínica del Adolescente del Centro Médico Docente La Trinidad en Caracas.

De acuerdo a la Guía de Educación Sexual elaborada por más de tres ONG en Brasil, el abordaje de la sexualidad no debe limitarse a tratar cuestiones biológicas y reproductivas; al contrario, debe incluir un análisis más amplio sobre el sexo, sus valores, sus aspectos preventivos para el individuo, y muy especialmente los sentimientos que están involucrados.

Todo a su tiempo
Sin embargo, para el doctor Montiel Parra, hay que observar, analizar y repreguntar lo que un niño o un adolescente quiere saber sobre sexualidad. Por ejemplo, “cuando un niño tiene 2 o 3 años su inquietud particular es dónde exactamente está ubicado el bebé que lleva una señora en su barriga, su localización exacta. Es la etapa del geógrafo, y con la respuesta se abre el camino para que el pequeño comience a entender que existe una matriz y un útero. Más adelante, el infante de 5 ó 6 años suele preguntar: ¿Cómo llegó el bebé a la barriga? Estamos hablando de una faceta que denomino como manufacturera: entonces hablamos de la unión del espermatozoide con el óvulo en el proceso de fecundación”.

La participación de los padres es fundamental en el proceso de educación sexual pues incentiva la corresponsabilidad

En la prepubertad, la pregunta sobre sexualidad suele modificarse: ¿Cómo se unieron el espermatozoide con el óvulo? Y en cada faceta, “lo más importante es que los padres observen detalladamente el rostro de sus hijos. Hasta qué punto ellos poseen información, qué es lo que realmente quieren saber. La forma más segura de tener un problema con los pequeños en torno a la sexualidad, es sentarse a la mesa a hablar de ello. Hay que aprovechar, lo que considero los momentos educables”, refiere el especialista Ricardo Montiel.

En la rutina diaria, puntualiza Montiel, se presentan instantes que los padres aprovechan para instruir u orientar en torno a la sexualidad. Un aspecto es fundamental: “Los padres deben analizar cómo ellos manejan su propia sexualidad. Reconocer internamente sus puntos débiles, sus fortalezas, y despejar el sendero del aprendizaje, leer sobre el tema y buscar los mecanismos que faciliten el diálogo con sus hijos sobre sexualidad”.

La participación de los padres es fundamental en el proceso de educación sexual, pues incentiva el proceso de corresponsabilidad, porque la escuela, complementa lo que se inicia en el hogar, llena los espacios vacíos, combate los prejuicios y transforma conceptos distorsionados. La escuela no tiene como función decir lo que está “bien” o está “mal”; debe preparar al joven para diferenciar lo que es biológico, lo que es cultural, lo que proviene de la clase social a la que pertenece, llevándolo a su propia verdad.

“Cabe a los padres adoptar una posición clara sobre lo que consideran importante para sus hijos. Y más allá de la explicación sobre el proceso sexual, los adolescentes están muy ávidos de conocer acerca de los sentimientos. ¿Qué se siente estar con una pareja?, ¿ estoy preparado (a) para vivir una experiencia sexual con la persona que me gusta?”, explica el doctor Montiel Parra.

Claro que no es una tarea sencilla hablar con nuestros hijos e hijas adolescentes de temas que, seguramente, no nos explicaron nunca, o si lo hicieron, posiblemente no fue de una manera adecuada y que, a su vez, están muy acompañados de nuestras propias dudas, temores, inhibiciones y/o timidez. Por ello, cuestiones, sobre todo desde lo positivo, como las del deseo, la pasión, el placer, los sentimientos y otras muchas más, la mayoría de las veces no se mencionan o, si se hace, se solucionan, repetidamente, con respuestas evasivas, poco claras o falsas.

Pero la población adolescente, va a buscar información en revistas, publicaciones, películas, medios de comunicación, y entre sus amistades. Por tanto, los padres deberían estar preparados ante las inquietudes más comunes: la masturbación, virginidad, la primera vez, y los mecanismos a fin de evitar un embarazo no deseado.

foto:archivo

Transmutar los supuestos
Para la mayoría de padres, la educación sexual de sus hijos e hijas ha sido durante muchos años tema preocupante, temido en algunos casos y evitado en otros. La falta de conocimientos sobre cómo llevar a cabo una correcta educación de la sexualidad ha generado, en muchas familias, una importante dosis de inquietud a medida que los hijos han ido creciendo y han empezado a plantear toda una serie de cuestiones alrededor del sexo. Es significativo evitar caer en las siguientes presunciones:

•Lo aprenden sólos: son numerosas las familias que manifiestan un cierto desinterés hacia el tema, en la confianza de que si ellos aprendieron en su momento, con mayor facilidad lo harán sus hijos, ya que disponen de más oportunidades.  Es probable que los adolescentes aprendan muchos aspectos por su cuenta, pero nadie puede garantizar que lo que aprendan sea correcto ni veraz.

•Delante de los niños no: la mayoría de padres no son plenamente conscientes de que al igual que educan en muchos otros aspectos a sus hijos, también lo hacen en lo referente a la sexualidad. La expresión de afecto entre una pareja, un beso o un abrazo, pasear tomados de la mano, etcétera. pueden ser contemplados por los hijos como una muestra del comportamiento correcto que los adultos deben poseer acerca de la afectividad, y esto proporcionará un mayor número de probabilidades de que cuando ellos crezcan se comporten de modo similar.

•Los niños son aún muy pequeños: la educación sexual no es algo que se hace o no se hace, en el sentido de dar una clase de sexualidad a los niños, o de responder a sus preguntas. “Cuando los niños son pequeños, y dado lo limitado de su capacidad de comprensión y razonamiento, aprenden no tanto por lo que oyen sino por lo que ven. Por lo tanto, aunque no hablemos con un niño de 3 años de sexualidad, igualmente le estamos educando”.

Se suele pensar que no se debe ver a los adultos desnudos, que no es correcto. “Afortunadamente, son muchos los padres jóvenes que con una gran dosis de sentido común, facilitan a sus hijos una vivencia espontánea, gratificante y placentera de su propio cuerpo, aspecto que a lo largo del crecimiento estará relacionado con  el desarrollo de la autoestima del niño”, comenta Montiel.
 “Ello, evidentemente, no quiere decir que los padres deban bañarse con sus hijos, puesto que no existen obligaciones en este terreno, y más si pueden incomodar a los padres, sino simplemente el actuar con naturalidad frente al hecho de estar desnudos en un momento determinado favorecerá a que los niños y niñas actúen también con naturalidad en estas situaciones”.

•La sexualidad comienza en la pubertad: como la concepción general es que el inicio de la sexualidad es post-puberal, la mayoría de padres no se plantean seriamente el tema hasta que sus hijos, y especialmente sus hijas, entran en la pubertad y deben afrontar el proceso de cambio que comporta y algunas de sus manifestaciones, tales como las poluciones nocturnas o la menarquia.

Un aspecto es clave: para que pueda producirse el diálogo entre padres e hijos con una cierta facilidad en la pubertad e inicio de la adolescencia, la comunicación debe haber sido una práctica corriente en la infancia.

Señas
•Dr. Ricardo Montiel Parra
Director de la Clínica del Adolescente del Centro Médico Docente La Trinidad. Teléfono: 212-9496330/0414 014 2007
También labora en la Unidad Psicopedagógica Integral Doris Gicherman. 212 9913340

 
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