No pierda la cabeza
Es posible preservar los espacios de encuentro
espiritual, familiar
y social de la confrontación política y la polarización.
Dos psicólogos
clínicos y una fundación
ofrecen orientación práctica
para marcar linderos,
sin dejar de ser proactivos
y sin aislarse de la realidad nacional Gisela Queremel F.
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En los últimos años, caracterizados por la polarización e intolerancia política, acelerados cambios socioeconómicos e incertidumbre generalizada, es común que en las conversaciones salga a colación el caso de un amigo, familiar o conocido cuya estabilidad emocional se ha desdibujado hasta lo irreconocible,
al sucumbir ante las preocupaciones causadas por el agitado acontecer
nacional, la sobreexposición a los medios informativos y el “¿qué va
a pasar ahora?”, interrogante que se repite cada vez más.
Aunque algunos los califiquen como exagerados, sesgados o, simplemente, parte de las leyendas urbanas recientes, y si bien es cierto que no se dispone de datos estadísticos confiables, estos relatos renuevan el interés por indagar en el posible impacto de los días que corren en la salud mental y en el comportamiento del venezolano tanto en su dimensión individual como colectiva.
Purificación Prieto, psicóloga clínica y directora de la Escuela de Psicología
de la Universidad Central de Venezuela, aclara que la definición de salud mental depende de diferentes criterios. “Si bien todas las definiciones pasan por la ausencia de enfermedades mentales, según el modelo social es importante la presencia de armonía y equilibrio con el entorno. Es decir, la sensación de bienestar psicológico con uno mismo y con el contexto dentro de una visión de futuro y proyecto de vida”.
Por experiencia propia y de los predecesores, se sabe que el tránsito por la vida
y la búsqueda de satisfacción interna no es una empresa de color rosa y que, contrariamente, está aderezada -sí, más de lo que a cualquiera le gustaría- de retos y preocupaciones. Si bien estas últimas, y sus manifestaciones de alarma como el miedo y la huida, han contribuido con la sobrevivencia de la raza humana desde la época de las cavernas, pueden generar trastornos emocionales si se experimentan permanentemente.
“La persona preocupada anticipa situaciones negativas que pueden o no ocurrir. Ante este panorama, comúnmente el individuo busca una posible solución al problema. Pero, cuando se queda con la preocupación, no intenta resolverla y lo que hace es pasar la película contantemente, entonces podríamos estar hablando de personas obsesivas o que padecen un trastorno momentáneo”, explica Carlos Valero, psicólogo clínico y coordinador académico de la Escuela de Psicología de la UCV.
Ansiedad como compañía
Es innegable que ante el persistente enfrentamiento político, la descalificación entre sectores de la población, la inseguridad, los cambios anunciados o repentinos, la incertidumbre y las expectativas insatisfechas, es lógico estar preocupado. Algunos autores llaman a este permanente estado de desasosiego como Ansiedad Generalizada (AG), término amplio para calificar malestares emocionales en los que la persona es incapaz de resolver su angustia a través de actos racionales. Esta constante zozobra lleva a la sensación de insatisfacción con el país, con el trabajo, con la pareja o con la comunidad, y a la configuración de expectativas catastróficas.
Además de alteraciones emocionales, la AG causa afecciones somáticas.
Los signos y síntomas más comunes de este estado son:
›› No sentirse bien consigo mismo, sentirse inseguro en relación
con el futuro, estar desesperanzado y temeroso.
›› Susceptibilidad a enfermedades virales, estomacales y cardíacas.
›› Irritabilidad y deterioro en las relaciones familiares, amistosas y laborales.
›› Problemas para dormir.
›› Cambios en la rutina diaria y en los hábitos alimentarios (por ejemplo, ver televisión todo el día)
Ocuparse mejor que preocuparse
No obstante lo anterior, es posible confrontar la AG de una manera racional y proactiva, poniendo límites y preservando la integridad espiritual y los espacios de interacción sin necesidad de aislarse del entorno. A continuación, algunas de las recomendaciones dadas por los doctores Pietro y Valero, así como las extraídas de la Red de Apoyo Psicológico en la página en Internet de la Fundación Paso a Paso:
›› Conserve la serenidad aún en situaciones difíciles, no se deje llevar
por sus emociones y no se descargue en los demás. No tome decisiones precipitadamente, mucho menos cuando esté alterado.
›› Limite la duración y frecuencia de las actividades
o conversaciones relacionadas con temas que le irriten.
›› Mantenga hábitos saludables en su rutina diaria
de alimentación y descanso. La ansiedad incrementa
dramáticamente cuando la persona no duerme
o no come adecuadamente.
›› Haga tiempo para las actividades deportivas o hobbies
de su predilección. Evite la automedicación o el consumo
de alcohol como medidas de manejo del estrés.
›› Proteja los estados de cohesión, paz espiritual y encuentro
social (hogar, escuela, trabajo, iglesia) de la confrontación
política y la polarización. Propicie el diálogo y busque
puntos comunes en esa interacción.
›› La información es una de las herramientas más importantes.
Busque datos serios y confiables para mejorar su percepción
de los hechos y así tener mejor base para anticipar soluciones
y tomar providencias. No se exponga a la prensa o a programas
de radio o TV sensacionalistas o amarillistas (presentes en ambos
sectores) o que induzcan explícita o implícitamente a la discriminación,
la violencia, la venganza. No se preste para difundir rumores.
›› Aprenda a oír, a ponerse en lugar del otro y a negociar con aquel
que piense diferente a usted. No divida la sociedad en “buenos”
y “malos” en función de las tendencias políticas. No fomente
la radicalización.
›› Participe en actividades en beneficio de su comunidad
y de la construcción del país dirigidas a dar soluciones
a problemas comunes: delincuencia, viabilidad,
educación, ornato, etc.
›› Comprenda que su proyecto de vida y el de sus hijos pasa por un proyecto
de país donde el grupo familiar, como célula de la sociedad, debe fomentar los valores como la solidaridad, la amabilidad, la cooperación, la tolerancia
y el respeto por la diversidad.

Esté atento a sus hijos
Los jóvenes, especialmente
los niños, son altamente susceptibles a los ambientes
de enfrentamiento, agresividad
e intolerancia. Si bien cada
niño o adolescente es
diferente, en circunstancias similares se han detectado cambios emocionales y de conducta comunes. Algunos
de los más frecuentes son:
›› El niño se apega mucho a sus padres,
aunque en ocasiones los rechaza.
›› Puede presentar modificaciones al comer (mucho o poco) o al dormir (tiene pesadillas, moja la cama, etc.).
›› Se pone irritable, triste, impulsivo,
desafiante o agresivo.
›› Se queja de dolores de cabeza o cólicos.
›› Está falto de energía, se torna distraído
u olvidadizo.
›› Se preocupa en extremo por sí mismo
y por los demás.
›› Habla repetidamente de un mismo suceso.
›› Frecuentemente tiene miedo a quedarse solo.
Ante las manifestaciones anteriores, que por lo general
son pasajeras, siga las siguientes recomendaciones:
›› Hable de la situación a sus hijos de una manera sencilla,
considerando sólo los hechos básicos y concretos.
Tenga presente que la mente de los infantes
es muy impresionable.
›› No siembre desesperanza, pero tampoco edulcore
la realidad. Explique que los riesgos, los cambios
y la incertidumbre también son parte de la vida
y que deben ser enfrentados activamente
y de manera positiva.
›› Manténgale su rutina diaria en cuanto a horarios
de comida, aseo, tareas escolares, paseos y juegos,
dormir, etc.
›› Esté atento a la exposición de sus hijos a los
medios informativos y establezca límites y horarios.
›› Deles la oportunidad para expresar cómo se sienten.
›› No los lleve a las manifestaciones o marchas políticas.
›› Preserve la convivencia, la tolerancia, el respeto
y el buen humor como elementos constitutivos
de su vida familiar.
| Su rol como padre |
En entornos de conflictividad sociopolítica, padres y maestros deben esforzarse por preservar la salud mental de niños y jóvenes. Ciertamente, esto no es fácil si el adulto
es sujeto de AG. Así que, en lo referente a la salvaguarda emocional de niños
y adolescentes, las primeras recomendaciones son para usted.
›› Examine y reflexione sobre su estado emocional, sentimientos y reacciones.
Además, esto le permitirá entender mejor a quienes debe apoyar y orientar.
›› Sea tolerante ante las diferencias de criterio y posiciones.
›› Recuerde en todo momento que usted será un modelo de referencia para
los muchachos, por ello debe tomar conciencia de sus palabras y acciones.
Si descalifica, ridiculiza o desprecia a los demás, el día de mañana los niños
también actuarán en función de esos anti valores que siembran el terreno
para el maltrato o la violencia física o verbal.
›› Si cree necesitarla, no dude en pedir ayuda profesional. |
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