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Que no cunda
el pánico
El trastorno de pánico,
también denominado
trastorno de angustia,
es uno de los males
mentales que requiere
una atención especializada
del psiquiatra, el cual
lo diferenciará de lo
que se conoce como
fobias, ya que el mismo
es crónico, recurrente
e inesperado.
Liana Calderón
Foto: www.latinstock.com.ve/ Corbis/ John-Francis Bourke
Abrumada por un temor paralizante que, incluso, la ha conducido a abandonar sus funciones laborales, Amanda decide recurrir al especialista. Desconoce la causa real del agobio, del temblor que se apodera de su cuerpo, de la sensación de ahogo que la lleva a experimentar náuseas o fuertes dolores abdominales, escalofríos o calores súbitos.
Los síntomas que experimenta esta mujer se corresponden con el listado de malestares físicos que un trastorno de pánico suele ocasionar. “Esta enfermedad, también denominada trastorno de angustia, se caracteriza por ataques de pánico crónicos, repetidos e inesperados, es decir, brotes de terror con sensación de estar en peligro cuando no hay motivo alguno para tener miedo”, específica
la psiquiatra Marán
Himiob de Marcano
Las personas que padecen esta enfermedad se preocupan en exceso
sobre el momento y el lugar en que sobrevendrá el próximo ataque.
Las estadísticas señalan que es preponderante que el trastorno aparezca por primera vez en la adolescencia, aunque no se descarta que también se desencadene en la infancia. Las mujeres son dos veces más propensas que los hombres a padecer esta dolencia. Por otra parte, investigaciones han arrojado que, por su condición genética, algunas personas están más predispuestas a sufrirlo.
Camino hacia
la discapacidad
“El pánico puede ser angustiante y discapacitante. Muchos pacientes no logran realizar sus actividades diarias, faltan a sus trabajos y se aíslan de sus familias
y amigos”, puntualiza Himiob, quien define este desorden mental como “una oleada súbita de miedo abrumador y desproporcionado en relación con la realidad, un sentimiento de angustia acompañado de taquicardia, ahogo, sudor, vértigo, dificultad respiratoria y temblor. La experiencia se repite hasta limitar la vida cotidiana del sujeto, y le conduce a pensar que está al borde de la locura
o la muerte. La persona experimenta desamparo, impotencia y necesidad de protección; es decir, se quiere permanecer y huir al mismo tiempo”.
Se ha comprobado que un factor físico puede promover la enfermedad: el índice de personas que tienen síndrome del intestino irritable es más alto entre quienes padecen de trastorno de pánico que en la población en general. Es posible que el individuo recurra al abuso del alcohol como medio para aliviar su estrés.
No es una fobia
Para el diagnóstico de este trastorno se requiere la ayuda de un médico psiquiatra, quien podrá diferenciarlo de lo que se conoce como fobia, “que es un tipo especial de ansiedad que se despierta en lugares o situaciones de donde es difícil escapar o en las cuales no hay disponibilidad de ayuda ante la posibilidad de tener un ataque de pánico, ya sea inesperado o anticipado”, detalla el doctor Oscar Doval.
Temor a los ascensores, horror a hablar en público, pavor a comer delante de otros, terror a los aviones o aversión a las alturas. Estas, entre otras, son las fobias más frecuentes que experimenta el ejecutivo de hoy. Pero que no cunda el pánico, ya que el miedo también tiene solución
El miedo es, según Doval, una de las cuatro emociones primarias con las que nace un individuo, junto con el dolor, el amor y la rabia. Pero el temor natural
no es un problema hasta que es definido como una fobia, que no es más
que un miedo irracional ante un estímulo particular.
Las causas que originan las fobias son tan múltiples como quienes las padecen,
y están asociadas a altos niveles de estrés acompañados de cierta vulnerabilidad biológica —hay individuos más resistentes a la angustia que otros. En estos casos también es determinante un umbral de ansiedad más bajo.
Las fobias son frecuentes en personas con muchas responsabilidades, preocupadas sólo por la productividad o que tienen obsesión con la fama
y el éxito, y dejan de lado la vida. Existen alrededor de 248 fobias reconocidas, muchas de ellas recogidas, en el año 1942, por el semiólogo francés Henry
Jay.
Pero, como ya se ha dicho, el trastorno de pánico no es una fobia. Lo explica la propia Himiob: “No se trata de una fobia en sentido clásico porque, si bien, al igual que en ésta, se experimenta la serie angustia-terror-pánico, se diferencia en que no es producto de un deseo reprimido ni tiene un objeto específico para que se desencadene ni cobija una simbología”. Himiob puntualiza que “la tendencia a alejarse del lugar (el apartamento) o del objeto (el vehículo) donde se experimentó el ataque de pánico y la búsqueda de una respuesta en profesionales de la salud que limitarán el problema a lo físico, para asegurarle al individuo que no tiene absolutamente nada, lo que hace es reforzar la desprotección.
Así mismo, el trastorno de pánico se diferencia del pánico exógeno, un padecimiento cuyo disparador es un evento traumático externo, tal como la especialista lo describió en el artículo Cuando el pánico es de todos, relativo
a la tragedia de Vargas ocurrida en 1999. En el primero, la angustia irrumpe inesperadamente, sin señal de alerta, está desbordada y arremete contra
el yo corporal. Es de origen endógeno.
Una oportunidad para sanar
El tratamiento específico del trastorno
de pánico será determinado por su médico
basándose en lo siguiente:
›› Su edad, su estado general de salud
y su historia médica.
›› Qué tan avanzada está la enfermedad.
›› Su tolerancia a determinados
medicamentos, procedimientos
o terapias.
›› Sus expectativas para la trayectoria
de la enfermedad.
›› Su opinión o preferencia.
Las modalidades que han demostrado ser efectivas en el tratamiento del trastorno de pánico incluyen la psicoterapia cognitiva y dinámica y la farmacoterapia.
Dentro de esta última, han demostrado ser útiles los antidepresivos y las benzodiacepinas. Por lo general se comienza el tratamiento con inhibidores
que facilitan la recaptación de serotonina. Si la respuesta es insuficiente
se suele cambiar por antidepresivos tricíclicos.
Himiob de Marcano, en su ponencia presentada en el IV Congreso Venezolano
de Psicoterapia, del año 2005, describió los avances que se han desarrollado
en el estudio psicoanalítico del desorden de pánico. “En 1999 los pacientes
que sufrían este trastorno tardaban en aceptar el origen emocional del mismo
y, por ello, las investigaciones psicoanalíticas apenas comenzaban…
La angustia hoy, igual que ayer, es la respuesta del Yo ante el mundo.
En las neurosis clásicas, toma la forma de angustia señal”.
Se está consciente de que el desorden de pánico puede generar, por parte
del terapeuta, una actitud de protección. La satisfacción inmediata de la disminución de la angustia, las palabras informativas e instructivas en relación
al manejo de los síntomas somáticos (formas de respirar, contar hasta 10) y,
de hecho, los tratamientos farmacológicos y terapias cognitivas y conductistas están indicados, sobre todo en el momento crítico del cuadro.
| Luz roja |
Preste atención a si usted o una persona de su círculo de amistades o familiares experimenta alguno de los siguientes síntomas, que podría indicar que sufre de un trastorno de angustia o de pánico
››Fuertes palpitaciones del corazón
››Sudor
››Temblores o estremecimientos
››Dificultad para respirar
››Sensación de ahogo
››Náuseas o dolores abdominales
››Vahídos o mareos
››Sensación de irrealidad o de estar desconectado de uno mismo
›› Temor de perder el control
›› Temor de “volverse loco” o de morir
›› Entumecimiento
›› Escalofríos o calores súbitos
›› Síntomas físicos que se asemejan a un ataque de corazón o dolor de pecho
Los síntomas de un ataque de pánico pueden parecerse a los de otras condiciones psiquiátricas y, a veces, son difíciles de distinguir de otros padecimientos médicos.
Por eso, siempre consulte a su médico para obtener un correcto diagnóstico. |
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Señas
Oscar Doval
Grupo Humana de Santa Paula
Telf.: 985.6085 / 1129
Marán Himiob de Marcano
Telf.: 979.5469 |
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