La depresión
amenaza creciente
Nuevos enfoques terapéuticos buscan atajar este mal,
“tan común como
el resfriado”, responsable
del 60 por ciento
de los suicidios
en el mundo,
y que, lejos
de detenerse,
se proyecta
como la segunda
causa de
discapacidad
en 2020.
Maritza Jiménez
Foto: Latinstock.com.ve/Corbis/Pinto
¿Quién puede decir que nunca se ha deprimido? Sentirse algo triste
o decaído cada cierto tiempo es normal. Pero cuando uno percibe, durante
semanas o meses, que su vida entera se está “hundiendo”, que no tiene alegría
de vivir ni fuerzas para la tarea más simple; que su rendimiento laboral
disminuye y sus relaciones sociales y personales son cada vez peores,
ya se trata de algo serio. Y hay que buscar ayuda.
Es lo que se entiende por depresión severa, uno de los mayores males que amenazan actualmente a la humanidad, ya que, según índices de la
Organización Mundial de la Salud, actualmente es la cuarta causa
de discapacidad del ser humano, después de las enfermedades isquémicas (infarto, insuficiencia coronaria y accidente cerebrovascular), pero para
el año 2020 habrá pasado al segundo lugar.
Aunque parece afectar mayormente a las mujeres por sus procesos hormonales, la verdad es que la depresión no establece diferencias entre ricos y pobres,
jóvenes y ancianos, países desarrollados o en vías de desarrollo. Lo peor es
que ataca a las personas en sus años más productivos —entre 18 y 44 años—
y está apareciendo en edades cada vez más tempranas de la infancia y la adolescencia.
Aproximadamente 121 millones de personas la padecen en el mundo entero y, a pesar de que es diagnosticable y tratable, sólo un 25 por ciento de esa población tiene acceso a tratamientos efectivos, tal vez por falta de información. Si se piensa que 60 por ciento de la creciente tasa mundial de suicidios está vinculada con la depresión, se podrá tenere una clara idea de la gravedad del problema.
Por eso, en el mundo entero se están emprendiendo batallas que abarcan todos los frentes, desde el laboratorio, la farmacología y la psicoterapia, hasta campañas
para crear conciencia con miras a frenar el avance de este trastorno mental que, lejos de disminuir, amenaza con incrementarse en el transcurso del presente siglo.
“Es muy importante que la población le dé a esta enfermedad la importancia que se debe”, indicó el doctor Juan Manuel Mendive, responsable de la creación
del “Día Europeo de la Depresión”, declarado recientemente en España, donde cerca de cuatro millones de personas —10 por ciento de la población— se ven afectadas.
Un mal con historia

La palabra depresión viene del latín
depressus, que significa: “que se hunde profundamente”. Y eso es, literalmente,
lo que siente la persona en ese estado
de decaimiento que socava todas sus capacidades. No en balde se le ha
considerado el mayor depredador de la felicidad humana.
Sus síntomas aparecen mencionados ya en la Biblia, cuando el rey Antioco Epifanes (Macabeos 1, 6), después de una derrota militar, expresa: “Huye el
sueño de mis ojos y mi corazón desfallece de ansiedad”.
“La gran mayoría de los hombres de genio son melancólicos”, señalaba Aristóteles. Hipó-crates, por su parte, destacó la tristeza y el temor prolongados como los principales rasgos del temperamento melancólico, y, en el siglo X,
Isaq Ibn Imran, en Bagdad, señalaba que “en la melancolía hay un cierto sentimiento de aflicción y aislamiento que se forma en el alma debido a algo que el paciente cree que es real, pero que es irreal”.
Richard Blackmore, el primero en utilizar el término depresión, en la Inglaterra
del siglo XVII, la asoció, igualmente, a un estado anímico de decaimiento,
cuando habla de “estar deprimido en profunda tristeza y melancolía”.
“La depresión es un alto nivel de intensidad de alteración del estado
anímico de la persona, caracterizado por decaimiento, apatía, inactividad,
falta de voluntad y pensamientos negativos, acompañada también
a veces de ansiedad”, explica la psicóloga Urimare Castillo.
Se habla de constitución biológica y tendencias genéticas cuando se buscan las causas del problema. Pero el factor afectivo también cumple un rol determinante, como lo señala el neurocirujano Abraham Krivoy. Y aunque los manuales de referencia que existen para diagnosticarlo son matemáticamente precisos en cuanto a la definición de sus síntomas, disciplinas como la psicología o el psicoanálisis han demostrado la importancia de factores ambientales individuales,
tales como pérdida de confianza en los padres, frustraciones en la escuela, fracaso en los estudios o las relaciones amorosas y conflictos laborales, entre otros, al igual que pérdidas de seres queridos, reveses económicos, crisis
de la edad madura y el estrés de la vida citadina contemporánea.
Normalmente, la psiquiatría ha pretendido controlar la depresión mediante la prescripción de psicofármacos, usados a veces de manera indiscriminada, con riesgos severos para el cerebro. El primero en llamar la atención al respecto
fue el doctor Fuad Lechín, director de investigaciones en el Instituto de Medicina Tropical de la Escuela de Medicina de la UCV, quien, en 1995, contribuyó a diagnosticar la existencia de tres tipos diferentes, lo que permitió la aplicación
de tratamientos adecuados a cada uno.
Sin embargo, aunque una prescripción dosificada y por un tiempo
determinado es, a veces, imprescindible, el avance de la enfermedad
pareciera indicar que el uso de antidepresivos amerita de acciones
complementarias, como psicoterapias y otras medidas que pueden
constituir auxiliares valiosos en el alivio y prevención de los síntomas.
Nuevos enfoques
y tratamientos

En Phoenix, Estados Unidos, el doctor
James N. Herndon dirigió, durante casi
diez años, una investigación que le dio base
para proponer una Terapia de Depresión Personalizada (Personalized Depression
Therapy), que convoca la participación
activa del paciente en su propia curación.
Según el doctor Herndon, autor del libro El maquillaje de la depresión
(Depression Makeover), existen dos funciones atávicas instintivas en los seres humanos, una de dominación, que es la agresiva, y la otra, que aparece cuando no es posible defenderse de la fuerza del ataque, que llama de sumisión.
Estas conductas instintivas cambiaron con la evolución cultural, y, hoy, la depresión, de acuerdo con sus investigaciones, sería la respuesta de sumisión
del cerebro humano al ataque psicológico que se le hace con diálogos interiores cargados de sentimientos negativos y descalificadores.
El grado de elaboración de esos diálogos es más elevado mientras más elevadas sean la inteligencia y la cultura en el individuo, lo que explicaría la alta recurrencia de depresivos observada entre artistas e intelectuales. Aunque reconoce la importancia fundamental del diagnóstico médico y de los antidepresivos debidamente prescritos, Herndon no duda en afirmar que “hay algo que no funciona en la manera tradicional de tratar la depresión”. Señala que, de algún modo, la conducta depresiva es resultado tanto de un aprendizaje como
de un entrenamiento inconsciente, por lo que propone un descondicionamiento
de la misma.
Ese descondicionamiento se basaría, entre otras cosas, en el fortalecimiento
de las conductas y pensamientos dominantes, mediante el desarrollo de intereses personales en seis áreas específicas: objetos (carros, libros, casas, computadora, colección de discos); actividades (nadar, ver televisión, hobbies, construir algo, cocinar, hacer amigos); lugares a los que se va con gusto (entre los jóvenes, vinculados, generalmente, con sitios a los que les agrada ir con sus amigos);
gente (la familia, hacer amigos, frecuentar los conocidos); habilidades en las cuales realmente se es bueno por las capacidades o conocimientos (música, cocina, mecánica, baile), y, finalmente, creencias religiosas o filosóficas,
a las que el autor da una gran importancia.
“Hay que profundizar en los orígenes, para cambiar lo que es factible cambiar”, afirma Krivoy, y Urimare Castillo coincide en que, efectivamente hay que hacer cambios en el estilo de vida del paciente deprimido, lo cual pasa por un reconocimiento inicial de su enfermedad —lo que llama conciencia de la enfermedad—, para, a partir de allí, buscar los motivos del problema y la ayuda externa necesaria.
“Dichos cambios —continúa la psicóloga—se deben realizar en todos los niveles del estilo de vida del paciente, pues es el fundamento sobre el cual se asientan
los motivos que generan su desgaste anímico”.
Explica que existen múltiples formas terapéuticas de activar las posibilidades de cambio, desde la medicina alopática, pasando por las diversas psicoterapias, la medicina natural, el trabajo con el cuerpo, el contacto con la naturaleza o la
actitud religiosa. Se trata, en todo caso, de atender de manera integral los niveles cognitivo, afectivo, conductual y de destrezas sociales de cada individuo. Estas actividades pueden llevarse a cabo mediante la estimulación del trabajo con el cuerpo (yoga, biodanza, taichí y meditación, entre otras), de las habilidades neurocognitivas, de la creatividad, las destrezas sociales y las dinámicas grupales que buscan la toma de conciencia y el cambio positivo para ayudar a las personas
a recuperar su bienestar, su capacidad de disfrute y a tener una vida más saludable.
Foto: www.latinstock.com.ve/corbis/pinto
Fuentes consultadas
www.newprofile.org/data/uploads/co_guides/Herndon_M.D., _James_N._Personal_Depression _Therapy.pdf
http://medicabooks.blogspot.com/search/label/Public%20Health
www.depressionchannel.com
http://ar.depnet.com/universe1/
www.respuestasaladepresion.com/queesladepresion/ queesladepresion.php
| No todas son iguales |
Según el Manual Diagnóstico y Estadístico
de los Trastornos Mentales —sistema de diagnóstico psiquiátrico que se utiliza en Estados Unidos—
no todos experimentanla depresión de la misma
manera. Dependiendo de la cantidad y gravedad
de los síntomas, puede ser clasificada
de las siguientes maneras:
›› Depresión severa
Se manifiesta como una combinación
de los síntomas que interfiere seriamente
con la capacidad para trabajar, estudiar,
dormir, comer y disfrutar de otras
actividades que antes eran placenteras.
›› Trastorno distímico
Es un tipo de depresión menos grave. Incluye síntomas crónicos que, aunque no incapacitan tanto, sí interfieren en el funcionamiento y bienestar de la persona.
Su característica esencial es que es un estado crónicamente depresivo, que está presente la mayor parte del día, la mayoría de los días, durante al menos dos años.
›› Trastorno bipolar
Produce cambios de ánimo patológicos, de manía a depresión, con una tendencia a recurrir y a desaparecer espontáneamente de manera cíclica.
Síntomas:
En la fase depresiva: Pérdida de la autoestima, ensimismamiento, sentimientos de desesperanza y culpabilidad, pensamientos anormales sobre muerte y suicidio.
En la fase maníaca: Exaltación del estado de ánimo, pensamiento acelerado,
autoestima alta, agitación, logorrea (hablar más de lo usual). |
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