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revista Estampas
Caracas, sábado 01 de marzo de 2008 
 
Foto: Archivo
Ganarle al
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la psique

Se ha demostrado que la preparación psicológica
no sólo acelera la recuperación de la salud, sino que también alivia la ansiedad, el miedo y el dolor relacionados con pasar por un pabellón.
María Ángela Valbuena

Aunque insuficientemente promovido en nuestro sistema de salud, los médicos tratantes que incorporan este recurso de acondicionamiento terapéutico al proceso de curación, lo valoran tanto como sus pares en el mundo debido a sus comprobados beneficios para el paciente y a la prestación de un servicio integral de calidad.

La preparación psicológica pre y postoperatoria se ha asociado con menores complicaciones, gran satisfacción por parte del paciente, un más pronto retorno a casa y un mayor bienestar emocional. El enfermo interviene activamente en su mejoría y deja de ser una víctima pasiva y afligida. Consultamos a un especialista en Psicología Clínica para profundizar en este auspicioso tema.

Preparación pre y postoperatoria
Apoyándose en su historia médica y en la de sus familiares, así como en la interacción personal, la preparación psicológica tiene como objetivo facilitar las herramientas necesarias de participación activa del paciente en su propio proceso de sanación a través de un mejor entendimiento de la cirugía y sus implicaciones, así como de la supresión de comportamientos o emociones que puedan arriesgar o comprometer el tratamiento operatorio y su recuperación.

A través de entrevistas exploratorias complementarias, se busca detectar creencias erróneas, dudas y expectativas relacionadas con la intervención quirúrgica; así como expresiones de temor o conductas inadecuadas (llanto, quejas y arrebatos de enojo, entre otras) frente a la misma.

Posteriormente, el psicólogo procede al entrenamiento o capacitación del paciente en aquellas destrezas vinculadas tanto con la preparación previa como con el posoperatorio. Así, la persona aprenderá a respirar profunda y correctamente, a relajarse, a enfrentar y a manejar dolor y emociones, y a comunicarse efectivamente con el equipo de salud, el cual podrá identificarse y comprender mejor lo que siente, piensa y necesita.

Purificación Prieto, psicóloga clínica y directora de la Escuela de Psicología de la UCV , destaca que la mayoría de los procedimientos terapéuticos postoperatorios se abordan desde el enfoque psiconeuroinmunológico, lo que permite la modificación de indicadores orgánicos como tensión o respuestas inmunológicas que se asocian con cuadros emocionales de estrés y ansiedad.

Agrega que el tiempo de consultas va a depender de la edad, experiencias previas con este tipo de procedimiento y de factores emocionales y síntomas comportamentales propios de cada individuo. Con esta preparación, referida por el médico tratante y que incluye a familiares y al personal de salud, se le completa al paciente su tratamiento integral (físico y emocional) con miras a lograr una exitosa intervención sin complicaciones posteriores.

Temores más comunes
Desde el mismo instante en que recibe la noticia de que debe ser sometido a cirugía, sea mayor o ambulatoria, diversas preocupaciones y emociones irrumpen en la cabeza del paciente en diferentes grados de intensidad —desde inquietud hasta pánico—que, como hemos visto, justifican ampliamente la orientación psicológica. Veamos con más detalle dichos temores según grupos de edad.

En niños y adolescentes
La poca capacidad de racionalizar situaciones tan complejas como una intervención quirúrgica, la convalecencia y la inexperiencia para enfrentar situaciones desconocidas y dolorosas no son razones que justifiquen que se ignoren los sentimientos, inquietudes o que se subestime la aptitud comprensora de los niños.

Los temores más habituales del infante están asociados con el sometimiento a situaciones médicas que no le son explicadas con antelación, y con la separación de los padres, quienes no pueden acompañarlo a todos los ambientes donde se van a llevar a cabo los tratamientos médicos (quirófano o sala de curas, por ejemplo). Debido a la falta de orientación preoperatoria, es posible que el niño se sienta abandonado o interprete que la cirugía o los procedimientos médicos son un castigo por haberse comportado mal o por ser desobediente.

Prieto apunta que también puede salir lesionada la confianza del pequeño en sus padres, cuando estos participan junto con el personal médico en las maniobras o tratamientos que exigen que el niño sea sometido con fuerza. “Lamentablemente, muchas veces se ignora su capacidad de comprensión y se parte de la premisa equivocada de que no necesita mayores explicaciones. Con frecuencia el personal de salud no interactúa con él, ni siquiera le pide permiso para retirarle su ropa. En otras ocasiones lo ridiculizan por llorar o por estar asustado, lo que constituye una total falta de identificación con su condición de infante”.

Por su parte, los adolescentes están en una mejor posición de entender la situación, y algunos de ellos tienen referencia, aunque sea general, de los procedimientos médicos. Además del temor a la muerte, al dolor, las cicatrices y a posibles deformidades son causas de gran preocupación en los jóvenes que no deben ser subestimadas por el personal médico.

En adultos y ancianos
La tradición religiosa generalmente brinda dosis de confianza a estos pacientes para enfrentar lo mejor posible su tránsito hacia la curación. No obstante, experimentan temor a un resultado inesperado o fatal, al cual se unen componentes emocionales como la ansiedad y la depresión que, como se ha aludido, imponen su gravamen en muchas de las complicaciones postoperatorias. Prieto menciona que paradójicamente, ese mismo fervor místico religioso hace que no se sigan las recomendaciones médicas oportunamente y, que confiando en la intervención de alguna divinidad, se postergue la cirugía hasta el empeoramiento del paciente, lo que impide que participe activamente en su proceso de sanación e incremente la aparición de conductas depresivas.

Foto: archivo / Fuentes consultadas:: www.larioja.com / www.bebesymas.com / www.cerqueiro.com

El abordaje informativo
La persona bien enterada sobre su cirugía tiende a presentar menos complicaciones físicas, a necesitar menos medicación para el dolor y para dormir en comparación con aquellos que entran a la sala de operaciones en total incertidumbre.

“El paciente debe ser instruido sobre la intervención quirúrgica a la cual será sometido sin que se le omita información con la buena intención de ahorrarle sustos”, sostiene Prieto. “De hecho, la preparación psicológica preoperatoria se interesa en que el paciente esté plenamente consciente de todos los factores que debe enfrentar y así pueda decidir por sí mismo y de manera acertada la conveniencia o no del procedimiento al que se va a someter”.

A continuación, algunos de los aspectos que le deben ser informados cuando se le prescriba una cirugía:
›› Datos sobre la intervención y sus consecuencias: cómo se realiza, quién la hace, cuáles son las etapas y los riesgos.
›› Secuelas a experimentar, como dolor, somnolencia o fatiga; y demás efectos secundarios.
›› Posibles emociones y sentimientos (angustia, miedo, tristeza, tensión) que sentirá durante el tratamiento.
›› Procedimientos que debe realizar para favorecer la recuperación, como posturas en la cama, ejercicios de respiración y rehabilitación, tratamientos con medicinas o cualquier otro relacionado con la intervención.

Según los grupos de edad de los pacientes es conveniente que familiares y personal médico sumen a lo anterior las siguientes recomendaciones particulares.

Niños y adolescentes
›› Los padres deben participar activamente en todo el proceso de tratamiento de su hijo y estimularlo a que exprese sus emociones y a que siga las indicaciones para su pronta recuperación.
›› Es muy importante que el niño tenga trato directo con el cirujano y el personal de salud y se familiarice con la vestimenta del equipo médico.
›› Es muy importante que cuando el joven paciente despierte de la anestesia se encuentre en compañía de sus padres. En el caso de los niños, el espacio debe estar decorado con motivos infantiles.

Adultos y ancianos
Prieto no es partidaria de la aplicación de protocolos genéricos para adultos y ancianos ya que deben ser considerados como casos únicos que tienen necesidades específicas. Para detectarlas es importante darle espacio a la conversación libre y sin edulcoramientos, evitando una comunicación dispersa y poco precisa que pueda crear desconfianza en el paciente y en el equipo médico, aumentando así la ansiedad preoperatoria.

Prieto recomienda que la preparación psicológica forme parte de las políticas de Estado del sistema de salud, incluyendo a las compañías aseguradoras, para garantizar una atención integral y de calidad.

Señas:
Purificación Prieto Rodríguez.
Psicóloga Clínica y Directora de la Escuela de Psicología de la UCV
Telf. 0212 605 2917 / 2918 / 2920.

A tomar en cuenta

›› Días antes de la intervención quirúrgica no caer en excesos, mantener una dieta sana y balanceada y evitar el alcohol.
›› Algunos de los medicamentos que le van a administrar antes y después de la cirugía pueden causar estreñimiento, así que hay que tratar de incorporar suficiente fibra a la alimentación.
›› Mantener un mínimo de seis horas de ayuno antes de la operación, abstenerse incluso de beber agua. Si se toma alguna medicación que no deba ser suspendida hay que comentarlo al médico.
›› Si la operación es en la mañana, la noche anterior ingerir un plato nutritivo pero ligero y con pocos sólidos.
›› Si es por la tarde, se puede desayunar hasta las 7:00 a.m. del día de la intervención con jugos no ácidos y galletas de soda.
›› Intervenciones propias del aparato digestivo requieren preparaciones específicas dadas por el médico.
›› En todo caso consultar al especialista acerca de cualquier indicación especial respecto a la alimentación previa a una intervención.

 

 
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