Cuando se le pregunta a los representantes de la famosa marca alemana Silit cuál es el mayor atractivo de sus productos, la respuesta aparece sin vacilación: el silargan. Con este nombre hacen referencia al material del que está hecha la mayoría de sus ollas y sartenes, una especie de vitrocerámica donde no hay rastro de níquel, el odioso mineral al que tantos huyen por temor a ver sus alimentos contaminados. Quienes se preocupan por comer realmente sano agradecen profundamente esta característica, así como otras que también tienen los productos de esta empresa alemana... y es que además de evitar el peligroso contacto con el indeseado elemento, también permiten cocinar con menos agua de la que usualmente se emplea en otras ollas, lo que garantiza que los alimentos —ya sean verduras, vegetales o frutas— conserven la mayor cantidad de nutrientes posible. Todo ello para no hablar de las propiedades antiadherentes de la superficie de los productos y, mucho menos, de que se trata de un tipo de artículos que se puede emplear en las cocinas de inducción —aquellas que se apagan cuando se retira la olla o la sartén—. A tanta maravilla se une la belleza del diseño —ha sido merecedor de premios internacionales no sólo por la elegancia de sus líneas sino por su funcionalidad— y la cada vez mayor oferta de productos, que se traduce en innovadores utensilios a los cuales es difícil resistirse una vez se está frente a ellos.

Recientemente ha expandido
el rango de sus productos para
ofrecer al consumidor innovadores
y únicos utensilios
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