Ortorexia
sana en extremo
Seleccionar los alimentos y procurar que lo ingerido redunde en salud es una tendencia propia de nuestro tiempo. Pero cuando esta conducta se exacerba estamos en presencia de un trastorno que pone en jaque la vida Ysabel Velásquez
Muchos conocen la anorexia y la bulimia, pero pocos saben que existen personas cuya relación con la comida es igual de perniciosa, si bien su preocupación se centra en la calidad de los alimentos. Ortorexia (del griego Orthos, correcto y Orexis, apetito) es un término acuñado por Steven Bratman, médico norteamericano especialista en terapias alternativas, quien lo usó por primera vez en su artículo "Adictos a la comida sana" publicado en el Yoga Journal en 1997. Bratman escribió luego el libro Adictos a la comida sana: Ortorexia, superando la obsesión alimentándose saludablemente (Health Food Junkies: Orthorexia: Overcoming the Obsession with Healthful Eating) lanzado en 2000, donde cuenta su experiencia padeciendo dicho desorden.
El especialista explica que este trastorno no se trata de una cuestión de apetito selectivo; en su lugar son sentimientos fuera de control que implican cierta "espiritualidad" o sentido de virtud en la escogencia de alimentos.
Marianella Herrera, médico nutrólogo especialista en obesología, explica que se trata de un trastorno nervioso y compulsivo, en el cual inciden elementos biológicos y socioculturales y que responde a una necesidad psicológica de autoafirmación. Si bien no hay ninguna investigación que señale una causa biológica específica de la ortorexia, se le considera una manifestación del desorden obsesivo compulsivo centrada en la comida.
Con reglas propias
Una característica distintiva del paciente de ortorexia es que su alimentación está regida por reglas personalísimas y la eliminación sistemática de alimentos o grupos completos de los mismos. Así, algunos consideran que lo saludable es sólo comer frutas o verduras y alimentos crudos, o alimentos orgánicos y ecológicos. Otros excluyen las grasas, mientras algunos ven dañinos los alimentos procesados o con colorantes y conservantes o la comida rápida. Incluso hay quienes piensan que todo alimento que no sea preparado por ellos mismos es malo y existen aquellos que descartan todo vegetal que tenga pesticidas o que exceda de cierto número de horas en la nevera. Algunos consideran pernicioso cocinar en ollas revestidas de teflón porque corrompen sus preparaciones y sólo usan recipientes de cerámica o vidrio. Herrera manifiesta "Son personas que buscan la lechuga o la zanahoria perfecta y se tardan mucho tiempo haciendo sus compras y leyendo etiquetas".
Espectro obsesivo
A diferencia de otras personas que sólo evitan comer ciertas cosas, estos individuos ven signado su comportamiento por la obsesión y se erigen como apóstoles que predican el evangelio de la pureza nutricional. Esta conducta los lleva al aislamiento social y a planificar muchas horas al día lo que van a comer y cómo prepararlo.
Cuando el paciente ha "pecado" transgrediendo alguna de sus autoimpuestas reglas, se castiga duramente con ayunos y un gran sentimiento de culpa.
Herrera considera que hombres de alto nivel educativo, expuestos a gran cantidad e información, son más propensos a padecer este trastorno. Las mujeres jóvenes también son vulnerables, así como los fisicoculturistas o atletas. Un distintivo es que estos individuos poseen una personalidad con rasgos obsesivos o extremistas.
Desvastadoras consecuencias
Un régimen deficiente puede contribuir al desarrollo de una amplia gama de enfermedades, que va desde la simple gripe hasta anemia, infecciones, depresión, ansiedad y hasta paros cardíacos. La alimentación desequilibrada puede conducir a enfermedades debilitantes como avitaminosis, cambios en la presión arterial, cáncer, osteoporosis y endurecimiento de las arterias. Al mismo tiempo, estos pacientes creen que con sus hábitos previenen la inflamación, el cansancio y un sin número de patologías.
El comienzo
Steven Bratman expone que resulta frecuente que la preocupación por la comida comience con alguna enfermedad como el asma "Entre aquellos que creen en la medicina natural o en la homeopatía y evitan los fármacos convencionales por sus efectos secundarios, entonces se enfocan en la comida pero olvidan que al obsesionarse con lo que se come se experimentan muchos efectos colaterales asociados a la obsesión en sí". Herrera concuerda con esta causa; el trastorno puede iniciarse a raíz de una enfermedad que limite la ingestión de ciertos alimentos, y añade: "Puede ser que se padezca gastritis y se elimine cierto tipos de comida irritante, esto es el punto de partida para limitar la alimentación cada día más y luego usarlo como excusa".
Cierta dosis de hipocondría o somatización producto de una creencia infundada también puede ser la razón, como por ejemplo, sentirse mal después de comer determinado tipo de alimento y creer que se trata de una reacción alérgica o por intolerancia.
Tratamiento personalizado
Bratman explica en su libro que el tratamiento involucra "soltar la obsesión, porque la dieta es muy importante pero no más que procurar no perder la espontaneidad y el deseo de disfrutar la vida y por ende, la comida", y agrega que para la mayoría de las personas hacer este cambio es un proceso arduo.
Herrera considera que el tratamiento debe incluir una rehabilitación nutricional, donde se vayan incorporando paulatinamente alimentos tildados de dañinos por el paciente hasta llegar a unas pautas normales de alimentación, cónsonas con su estilo de vida. Por tratarse de un trastorno obsesivo compulsivo, el paciente pudiera requerir tratamiento con psicofármacos (antidepresivos y/o ansiolíticos), de acuerdo a la severidad del caso.
Señas
* Marianella Herrera, nutrólogo especialista en obesología Cel.: 0412,223,0501 |
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