
Dice el escritor Héctor Abad Faciolince: “Lo dulce no es para llenar, sino que es un estímulo para la fantasía. Lo dulce no lo aceptamos sino cuando ya hemos saciado el hambre, apagado la necesidad. Nos reconcilia con la parte divina de la vida y hace renacer en nosotros la risa”
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Pero si a colores vamos, es en el azúcar candy donde encontramos la máxima expresión lúdica. Sus grandes cristales reflejan, multiplicados, nuestros recuerdos de infancia
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Sigue Abad: “Endulza el café. Desconozco una manera mejor de empezar la mañana. No hay líquido más ameno y confortante que éste”
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El azúcar impalpable de la repostería se adhiere a nuestros labios como un beso, mientras que su versión morena nos deja en la boca un sabor a melaza
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