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Desayuno dominical
Desde las comilonas de la familia Quintero hasta los íntimos desayunos de Diego Rísquez. Cinco personalidades hablan de sus preferencias a la hora de degustar la primera comida en su día de descanso. Lorena Meléndez / Fotos: Luis Miguel Briceño
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Rosa Virginia Urdaneta
Fotógrafa
Panquecas para Giuliana
Luego de llevar a su hija al colegio, la fotógrafa Rosa Virginia Urdaneta se detiene a comer en una panadería o café. “Me encanta que me preparen el desayuno, ya sea en una panadería o en cualquier parte”. Aunque a la artista de la imagen le fascina cuando alguien la invita a degustar una buena mesa mañanera, la llegada del fin de semana marca un cambio de papeles en su rutina, pues en lugar de esperar por su comida, es su hija Giuliana quien la levanta de la cama para pedirle panquecas, capricho que complace la fotógrafa, no sin antes tomarse una taza de café, bebida que acompaña sus mañanas desde que tenía diez años: “No entiendo la vida si no me tomo un café antes del desayuno”.
Urdaneta no utiliza las mezclas preparadas para hacer panquecas, por eso licua leche, harina, huevos, azúcar, sal y polvo para hornear, para posteriormente verter, una a una, pequeñas porciones del espeso líquido en una sartén caliente. La receta es la misma que utilizaba su madre las mañanas de sábados y domingos, y que ahora Giuliana disfruta aderezándolas con miel, mantequilla o mermelada.
Las arepitas dulces son otro plato dominical del desayuno de Urdaneta, sólo que en este caso prefiere utilizar las mezclas de sobre y servirlas con huevos fritos, jamón, queso o avena. Leche, frutas, jugos naturales y alguna bebida achocolatada completan el ritual mañanero que madre e hija comparten alrededor de las ocho de la mañana, luego de agradecer, como hacen antes de cada comida, por los alimentos que tienen.
Aunque Giuliana tiene apenas cinco años, le gusta ayudar a su mamá a poner la mesa, costumbre que le ha sido inculcada ya que, como dice la artista, les permite compartir y le enseña a tener responsabilidades. Desayunar junto con su hija es el regalo dominical.
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Diego Rísquez
Cineasta
No hay desayuno sin queso frito
Quizá Diego Rísquez se despierta los domingos con el cantar de los pájaros entre los árboles, muy cerca de las amplias ventanas de su casa, rodeado de tapices, alfombras, antigüedades y muebles que impregnan el lugar con el exquisito olor de la madera. El escenario hogareño es tan acogedor y personal que pareciera estar en absoluta armonía con el hablar parco y sigiloso del cineasta.
“El único día en el que tengo la oportunidad de desayunar, porque generalmente no lo hago, es el domingo” comenta Rísquez, quien precisamente escoge la primera comida de su día de descanso para rendir un homenaje a su esposa quien, además de ser chef y pintora, se encarga de la cocina diariamente con un menú rico en variedad.
El director de Manuela Sáenz, la Libertadora del Libertador asume con gusto esta responsabilidad dominical. Su mañana se inicia con un café con leche, bebida que sirve como preámbulo a la preparación de una mesa en la que no pueden faltar huevos fritos, pan, jugo de naranja y el infaltable queso blanco frito, preferiblemente criollo.
“Tengo una vida extremadamente activa y el domingo es el día más tranquilo de la semana y por eso, cada vez que puedo, me escapo a la playa”. Cuando estas fugas de fines de semana ocurren, el ambiente de sol, arena y mar hacen que Rísquez prefiera comenzar el día con un suculento perico con arepas, aunque admite que no es muy diestro preparando éstas últimas.
A las once de la mañana comienza el ritual del desayuno del cineasta, el cual tiene un carácter tan íntimo y especial que no admite acompañantes ni invitados especiales. “Tengo bastante compañía el resto de la semana” dice el artista, quien ojea el periódico, ocasionalmente, mientras come.
Cuando su trabajo se lo permite, Rísquez prefiere pasar todo el domingo en su casa, con un eventual almuerzo familiar en el que sí hay acompañantes. |
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Rafael Brito
Músico
El desayuno de mamá
Cuando no anda viajando de ciudad en ciudad cumpliendo con sus compromisos musicales y probando la gastronomía del extranjero, Rafael “el Pollo” Brito no duda en ir a comer a la casa de su mamá los fines de semana, pues afirma que no hay nada mejor que los platos criollos que ella le prepara. El paladar del cuatrista y cantante se embeleza cuando recuerda las arepas delgadísimas y tostadas, a las cuáles les pone encima una tortilla de huevo con jamón y queso. O los huevos revueltos con jamón. “He tratado de hacer un revoltillo como el de mi mamá y no he podido”, agrega Brito, quien también disfruta de esos desayunos con bollitos y caraotas con azúcar. Y es que el domingo es el día que el músico aprovecha para salirse de su dieta, al menos durante el ritual matutino. Por razones de salud, sus desayunos, de lunes a viernes, constan de un cereal integral con leche descremada y un sándwich con queso paisa y jamón de pavo. Eso sí, sea miércoles o domingo, el café nunca deja de estar presente. “El único vicio que tengo yo es el café”, dice Brito, quien también alaba el guayoyo que le prepara su mamá.
Brito desayuna, casi siempre de pie o mientras se viste. Sin embargo, cuando come con sus hijos, prefiere sentarse a la mesa y compartir con ellos el rato. En ocasiones, el cantante compra, por petición de los niños, las empanadas de “El Barbecho”, un local cercano a su casa en Los Teques, cuyo atractivo se encuentra tanto en los nombres de los platillos —Quirpa y El Santo Cachón—, como en las combinaciones de sus ingredientes. |
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Inés Quintero
Historiadora
El banquete dominical
La significación de las comidas matutinas de los fines de semana es clave en las tradiciones de los Quintero. “El desayuno dominical es un institución en mi familia”, comenta la historiadora e Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, Inés Quintero, quien celebró su cumpleaños con una mesa mañanera que nada tiene que envidiarle a un almuerzo suculento.
La preparación del banquete, que se hace por lo menos una vez al mes, se inicia con una visita al mercado de Quinta Crespo, a las seis de la mañana, para comprar las carnes, huevos, quesos y demás alimentos que complementarán la primera comida del día. Todos los integrantes de la familia participan en la realización de la comilona, aunque es la historiadora quien comanda la operación, cuyos platos principales son el bistec a caballo o los huevos en salsa. El último es una invención de su padre, Tony Quintero, cuya finca, ubicada en Caruao, sirve de escenario para llevar a cabo la mayoría de estas celebraciones gastronómicas.
El bistec a caballo, favorito de la historiadora, consiste en una bistec grueso de ganso a la plancha, sin adobo previo, sobre el cual se coloca un huevo frito. “El bistec y el huevo deben estar en relación proporcional. No puede sobrar un fleco de huevo, ni un pedazo de bistec”, advierte Quintero. Los contornos son suero, arepas —convencionales o de chicharrón— y las caraotas refritas que, como dice la investigadora, “si son viejas, más sabrosas”.
Los huevos en salsa son una especie de pasticho que comienza con un piso de salsa —preferiblemente la que haya quedado de un asado— mezclada con un sofrito de cebolla y tomate; luego se extiende un piso de jamón, otro de queso amarillo y uno de huevos crudos y enteros, evitando que se junten; todo se cuece en una sartén grande que se pone, tapada, a fuego lento. Esta receta es de su hermano, el diseñador Tony Quintero. “Cuando el huevo se pone blanco y comienza a salir la salsa por arriba, está listo”, completa la autora de La Criolla Principal, quien suele abrir su apetito dominical con una helada copa de champaña. |
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Víctor Moreno
Chef
Opulento agasajo
El domingo debe ser el día más esperado por el chef Víctor Moreno. Los avatares de la gastronomía y las clases que imparte en el Centro de Estudios Gastronómicos (CEGA), lo obligan a desayunar velozmente ya sea en casa o fuera de ella.
A pesar de aprovechar la jornada para el reposo, el amor por la cocina le impide despegarse de esta actividad y, por eso, aprovecha este día para agasajar a familiares o amigos con un desayuno “opulento”, como él mismo lo define.
“El domingo no vas a ningún lugar, es el momento de comer y no tienes que hacerlo de pie”, dice Moreno, acotando que durante la semana hace las compras en el mercado pensando siempre en lo que preparará para el manjar dominical.
Arepas, hallaquitas de maíz, mantequilla, platillos con huevos, variedades de quesos venezolanos como el guayanés y el telita, forman parte del menú mañanero del chef, junto a los bollitos navideños que guarda, al vacío, en su congelador y unas caraotas, si tuvo oportunidad de prepararlas previamente. Al instructor del CEGA le encanta tener en su mesa pastelitos de hojaldre, los cuales prefiere comprar en panaderías. Pero lo que no puede faltar en estos desayunos es el jugo de naranja y un postre, generalmente una torta o un ponqué de chocolate.
Moreno recuerda que en su niñez, sus desayunos dominicales se llevaban a cabo fuera de casa: “Eran en El Hatillo, buscando la venta de arepas que había allá en la época de los años ochenta; o en una panadería que estuviese de moda; o en Tejerías, comiendo unos bollitos de chicharrón. Siempre algo diferente para que no nos aburriéramos”.
Su desayuno ideal es con la familia, degustando mucho queso fresco, tequeños, un guiso de pescado y un buen chocolate de taza con cilantro. |
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