Un producto del grupo   
 

- Postres
de cuaresma

- El Amazonas de Nelson Méndez

- Los Castillos
que el mundo bebe

- La gran cava

- ¡Y nació
el tenedor!

- Para endulzar
el corazón
revista Estampas
Caracas, sábado 11 de abril de 2009  
 

Los Castillos
que el mundo bebe

Viña San Pedro tiene 144 años y es la segunda mayor exportadora de vino chileno. Venezuela es el mercado número 1 de su línea Castillo de Molina. Conozca, en este viaje, a un coloso vinícola.
Adriana Gibbs. Valle de Curicó, Chile

De finales del siglo XIX data la cava subterránea que ven a la derecha. Es una de las más antiguas de Chile y allí habita la selección del mejor vino de San Pedro. Se ha mantenido en el tiempo: allí hay casi 400 barricas que almacenan unos 90 mil litros de vino, y hay 22 mil botellas guardadas para su envejecimiento.

El poderío de esta casa vinícola no sólo se fundamenta en su antigüedad, pues esta viña -en los 144 años que tiene- ha sabido conjugar tradición con progreso.

San Pedro ha demostrado talento para crear marcas y productos en correspondencia con los deseos y gustos de los seguidores del vino en el mundo.
No es gratuito que esté presente en más de 80 mercados de los cinco continentes.

Los venezolanos descorchan sus vinos con ganas. Para muestra esta cifra: el año pasado Venezuela fue el mercado número 1 de su línea Castillo de Molina.

En el campo
En un recorrido por el viñedo principal y la bodega -el fundo Molina está en el Valle de Curicó, a 200 kilómetros al sur de Santiago de Chile- se advierte la potestad de San Pedro.

En Curicó posee 1.200 hectáreas, una de las áreas de viñedo más extensas en América Latina, y paralelamente cuenta con viñedos en casi todo el país: desde la frontera norte de la vinicultura chilena (valle del Elqui), hasta el extremo más austral (valles del Maule y el Bío-Bío), lo que se traduce en más de 3.000 hectáreas plantadas.

Sin dejar a un lado su herencia, esta viña ha innovado. "Todo cambia y evoluciona, más en un producto tan vivo como lo es el vino", afirma Marco Puyo, el enólogo jefe, al hablar de los proyectos de inversión y mejoras que San Pedro ha hecho en los últimos años y que han fortalecido su capacidad productiva y comercial. Se nota un renovado énfasis en los procesos enológicos y un especial interés en las zonas frías y emergentes de la viticultura chilena actual. "Seguimos buscando nuevos y mejores orígenes para nuestros vinos. Es por esta razón que el grupo expandió sus dominios al valle de Leyda, otra pionera zona vitícola", afirma Puyo.

Ejemplos de este espíritu innovador son los syrah y cabernet sauvignon de Castillo de Molina, provenientes del Alto Cachapoal y del Maipo, dos de las mejores zonas en Chile para esas variedades, y el primer sauvignon blanc del Elqui; un vino de producción limitada que ha sido aplaudido tanto por conocedores como por consumidores.

En la bodega
Junto a los orígenes y suelos de sus vides, otra razón de la calidad de los vinos San Pedro es su equipo de viticultores, al mando de Bernhard Frisius, y de enólogos (Patricio Celedón, Miguel Reconret y Carlos Candía; los tres con experiencia en varias bodegas chilenas y de otros países), liderado por Marco Puyo.

Ellos son los que han venido haciendo vinos que reúnen elegancia, investigación y tendencias mundiales. Un claro ejemplo es su línea Castillo de Molina. Esta marca nació en los años ochenta como la primera línea reserva de San Pedro y en la actualidad está presente en más de 50 países.

Es una línea de monovarietales que ofrece el disfrute de un amplio abanico de sabores, aromas y texturas (sauvignon blanc fumé, chardonnay, pinot noir, syrah, merlot, carmenere y cabernet sauvignon; cada vino está hecho 100% con un mismo tipo de uva).

Su éxito se atribuye a varias razones: Son vinos hechos con calidad y con precios más que razonables. Puyo los explica: "Son vinos frutales elegantes y amistosos; esto es, fáciles de tomar y de entender. Los hacemos con uvas de los más relevantes valles vitícolas del país, tales como Elqui, Casablanca, Cachapoal y Maule. Cada uno de estos vinos expresa su diferente origen".

Su calidad ha sido mundialmente reconocida. Sólo en el año 2008, la marca Castillo de Molina recibió más de 40 distinciones (medallas y puntajes notables) en los más importantes concursos internacionales y publicaciones especializadas en vinos.

Castillo de Molina fue pionera al ofrecer un carmenere bien diferenciado de lo que había en el mercado. También ha conquistado su sauvignon blanc fume, tratado con barrica, lo que no es frecuente con esta uva y ha dado como resultado un vino muy elegante y más complejo.

Mención aparte son sus modernas etiquetas -visualmente muy limpias- que se corresponden bien con estos vinos frescos y alegres.

En cava subterránea
En la centenaria cava de guarda que dio inicio a este periplo vinícola, viven los premium de San Pedro, bajo la tutela de Puyo. Allí está Cabo de Hornos, vino clásico y elegante, que busca expresar la tipicidad de Molina y que compite con productos de la más alta categoría.

Otra línea que está allí en barricas es la 1865 Single Vineyard, nombre que rinde homenaje a la fecha de fundación de la viña. Estos vinos se obtienen de viñedos seleccionados, plantados en el mejor valle posible para cada variedad: cabernet sauvignon de valle del Maipo (disponible en Venezuela), carmenere de valle del Maule, sauvignon blanc de Valle de Leyda.

"Con los Castillo de Molina me concentro en el origen de la uva; con los 1865 voy tras el terroir; y con los Cabo de Hornos busco el mejor vino", puntualiza Puyo.

A LA CARTA


 

LA PUESTA DE PUYO

Un conocedor y crítico gastronómico bautizó a Marco Puyo como "El Tom Cruise del vino", pues además de cierto parecido físico con el actor, también le gusta lo grande, y es que él ha jugado un papel importante en el crecimiento de Viña San Pedro.

Allí es el enólogo jefe. El estilo de este ingeniero agrónomo y enólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se ha caracterizado por la elegancia y por reflejar la experiencia vivida en Francia (trabajó con productores importantes en Burdeos, Borgoña y Champagne).

El dice que el estar al mando de San Pedro ha hecho de él una suerte de camionero: "No soy un enólogo de oficina. Además de estar presente en bodega, me gusta frecuentar los viñedos. Desde que estoy acá (tiene un poco más de tres años) vivo en mi camioneta, pues recorro aproximadamente 7.000 kilómetros al mes, yendo de viñedo en
viñedo, para cuidar junto con el viticultor la uva, punto de partida del vino".

fotos: cortesía viña san pedro

 
Principal | Vivir | Descubrir | Tentaciones | Siga la pista| Archivo