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Un beso
no es sólo
un beso
“Terremoto del corazón”. Así lo llamó Lord Byron. Ciertamente, un beso es capaz de lograr que los labios sean más elocuentes que cualquier palabra. Son como la miel, como el néctar, como el licor. Un beso de amor fusiona a dos personas. De ahí que el primer beso indique una nueva intimidad
en una relación, o incluso es posible que la inicie. El beso de pasión hace que dos bocas se conviertan en una y fusiona —dulcemente— mares internos. Es, en alguna medida, una promesa. Un beso transfiere un destello del alma. Es un gesto de
ternura, una unión de identidades, y resulta difícil imaginar el mundo sin él.

Señas
Fragmento del libro El Rostro, de Daniel McNeill |