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revista Estampas
Caracas, sábado 26 de agosto de 2006  

Por Nelly Aguilera F.

¿Relación equivocada?

Amar no es sinónimo de sufrir. Las siguientes son características típicas que se presentan en mayor o menor proporción en las mujeres que aman demasiado:

1 Tal vez proviene de un hogar disfuncional, donde no fueron satisfechas sus necesidades emocionales.
2 Al haber recibido poco afecto, usted trata de compensarlo indirectamente, dando afecto a hombres necesitados.
3 Al no haber podido convertir a su(s) progenitor(es) en seres atentos y cariñosos, busca a hombres difíciles, con el fin de lograr ese cambio en ellos.
4 Teme al abandono, por lo que evita que cualquier relación se disuelva.
5 Es capaz de cualquier cosa por ayudar al hombre que ama.
6 Debido a la falta de amor, se esfuerza en exceso por complacer a su pareja.
7 Está dispuesta a aceptar más responsabilidades, culpas y reproches que su pareja.
8 Posee poco amor propio y cree no merecer felicidad.
9 Por su inseguridad, necesita desesperadamente controlar a su pareja y su relación.
10 Sueña con una relación ideal, en lugar de vivir la realidad.
11 Es adicta a los hombres y al sufrimiento.
12 Tiene predisposición a las adicciones.
13 Evade su responsabilidad para consigo, al sentirse atraída por personas conflictivas, caóticas o emocionalmente dolorosas.
14 Puede ser propensa a depresiones, las cuales disfraza con la excitación que le brinda una relación inestable.
15 Considera aburridos a los hombres amables y confiados que se interesan en usted.

En el libro Las mujeres que aman demasiado, Robin Norwood le ayudará a reconocer, entender y cambiar su manera de amar, aprender a amarse a sí misma y encontrar una relación de pareja sana y estable.
 
 

Decálogo

1 Estar siempre dispuesto a dar y recibir amor

2 Cuidar los detalles que hacen amable y llevadera la convivencia

3 La susceptibilidad puede llegar a convertir la convivencia en algo insoportable 

4 Evitar discusiones innecesarias

5 No pasar horas ni días sin hablarse, saber pedir perdón y llegar a acuerdos constructivos

6 Las palabras, los gestos y las conductas son iguales de importantes en la comunicación. Esta debe incluir respeto, comprensión y delicadeza

7 Procurar no sacar a relucir la lista de agravios. Aprender a callar en ciertas circunstancias es el mejor argumento a emplear

8 Tener el don de la oportunidad para plantear cuestiones más o menos conflictivas o tomar decisiones importantes

9 Saber corregir lo que no va bien y añadir los elementos que estén ausentes

10 Adquirir habilidades para la comunicación. Dejar hablar al otro, cuidar el volumen y el tono de la voz, ser respetuosos, evitar acusar o descalificar, no dar nada por sobreentendido

 

La buena discusión
Enfrentar diferentes opiniones siempre resulta enriquecedor para solucionar los conflictos, lo importante es evitar las discusiones sin respeto y subidas de tono. Discutir es bueno y necesario, porque se trata del ejercicio de conciliar las diferencias. Si hay respeto, no se debe temer expresar lo que uno siente. La intransigencia, llevar las cosas a los extremos, el dramatismo, ver sólo el lado negativo y sobre todo querer tener siempre la razón, no ayudarán a resolver el problema. Es importante intentar ponerse en el lugar del otro y entender su postura. Para convivir es necesario aceptar las diferencias de opinión, de sentimientos y de posiciones ante la vida. No sirven excusas como “cada uno es como es”. Una discusión no es una guerra sino la confrontación de opiniones diferentes, por lo tanto hay que olvidarse de gritos e insultos.
Es cuestión de colaborar mutuamente y abrirse al aprendizaje de escuchar al otro.

 
Esas expectativas

El doctor Willard Harley, autor del libro Las necesidades de él y las de ella. Construyendo un matrimonio a prueba de infidelidades plantea lo que ambos esperan de una relación:

La mujer quiere:
Lo primordial, el afecto. Sentirse valorada, segura y  protegida
Hablar con él, conversar. Que realmente la escuche
Confiar en él plenamente. Honestidad
Soporte financiero. Que él provea los medios económicos para vivir cómodamente
Compromiso familiar. Que sea un buen padre, realmente comprometido con su familia

Y el hombre espera:
Una satisfactoria relación sexual
Que sea su compañera en las actividades recreativas que a él le gustan.
Una esposa atractiva
Que sea un excelente soporte doméstico, ya que esto le proporciona paz y quietud.
Que sepa llevar la casa
Admiración, que lo halaguen

 
El amor... ¿pura química?

Varias investigaciones han dejado claro que el amor es una interacción de sustancias en el cerebro, que se adaptan a éste, mediante un complejo mecanismo. Esto fue concluido luego de un estudio realizado a 839 personas en Estados Unidos y Japón.

Una resonancia magnética permitía tomar imágenes de la actividad cerebral y establecer cuáles eran las sustancias asociadas con los sentimientos. Se dice que en la atracción intervienen tres neurotransmisores cerebrales:

La dopamina: que puede producir taquicardia e influye en la capacidad de concentrarse, aprender, elegir y experimentar el éxtasis.

La norepinefrina: que produce los impulsos y la motivación. Se asocia con la energía excesiva, la pérdida de apetito y el insomnio.

La serotonina: un inhibidor, que disminuye en los estados pasionales.

Asimismo, cuando una pareja siente deseo sexual, se incrementan sus niveles de testosterona.

Dicha mezcla explica la pasión desbordada de los primeros días, donde las personas pierden el sueño, el apetito, la capacidad de concentrarse y se “obsesionan” por el otro. Esta dura normalmente entre uno y tres años. Lo que se haya cultivado en ese tiempo ayudará, en buena medida, a mantener el vínculo.

 
Incómoda infidelidad


El amor es necesario para ser fiel, pero no siempre es suficiente. La fidelidad también es una decisión y requiere de voluntad.
De acuerdo con el psicólogo clínico Walter Riso hay elementos que propician la infidelidad:

Buscar venganza bajo la excusa de “salvar”
la dignidad personal

Ser complacientes con el engaño en otros
ámbitos de la vida

Creer que un mal matrimonio se puede salvar gracias a la infidelidad. Pensar que con una nueva distracción se olvidan los problemas que hay en casa


Pensar que la seducción mejora la autoestima


Idealizar el amor

No prepararse psicológica y afectivamente para cuando se vayan los hijos o se llegue a una edad determinada

 
 

Ver también:
- Amor duradero

 
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