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revista Estampas
Caracas, sábado 22 de septiembre de 2007   

Los ritmos  
del amor

El reloj biológico
es el que establece la agenda de
las funciones orgánicas.
Conozca cuál
es el mejor
momento
para amar
María Ángela
Valbuena

 

 

 

 

 

 

Más allá de los horarios impuestos por la rutina y cualquier intento de planificación, la sexualidad se rige por las leyes de la naturaleza. Recibimos influencias del movimiento planetario (el día y la noche, el mes lunar, el año solar), pero sobre todo estamos sometidos a ritmos que se asocian a ciclos biológicos cambiantes. Estas variaciones periódicas modifican de manera previsible las funciones del organismo.

“Los ritmos externos (los astrofísicos y los asociados al estilo de vida) impactan la actividad cerebral, generando una interacción con los ritmos biológicos”, explica el psiquiatra sexólogo Rómulo Aponte Baca. Así, a las secuencias vigilia-sueño o ciclos menstruales se superponen otros ritmos que influyen especialmente en las secreciones endocrinas y en el sistema inmunitario: los llamados ritmos circadianos, patrones de actividad que ocurren en un período de 24 horas.
El reloj circadiano del cerebro programa el funcionamiento de nuestro cuerpo para el desempeño de tareas fundamentales como el descanso, la actividad física e intelectual, la alimentación y la sexualidad. Conocer a fondo su mecanismo nos permite calcular, entre otra cosa, la hora propicia para el amor; he aquí varios tips que le ayudarán a comprenderlo.

Encuentros
y desencuentros


“En la consulta es frecuente que la
pareja se queje
de falta de sincronicidad”,
apunta el especialista. Y es que los ciclos
de ambos sexos
tienen una
periodicidad distinta: el deseo femenino está determinado por un ritmo mensual
o lunar —relacionado con la ovulación y el ciclo menstrual—, mientras que el
de los hombres evoluciona por alternancia entre el día y la noche: la melatonina, sustancia que se ha relacionado con la facilitación de la respuesta de erección masculina, aumenta con la oscuridad y disminuye con la luz. En resumen: ellas tienen sus días y ellos sus horas.

Quererse sí tiene horario

La secreción de testosterona en los hombres alcanza tres picos de producción diaria: a las ocho de la mañana, al medio día y entre once y doce de la noche. Por otra parte, los niveles de cortisol en ambos sexos aumentan en la mañana, alrededor de las seis, y declinan en la noche. El cortisol inhibe la acción de los andrógenos en el cerebro, hormona estimulante del deseo sexual. “La noche es cómplice del amor: es más romántica, la sombra permite la trasgresión y se libera el deseo”, dice Aponte Baca.

Estrés versus amor

Estamos sometidos a ritmos físicos, emotivos e intelectuales y el hecho de que nuestra libido no siempre se encuentra en forma depende en 50 por ciento de lo físico y en 40 por ciento de la emotividad. El cortisol, también llamada la hormona del estrés, está asociada a la depresión, la cual disminuye el deseo y puede ser causa de la disfunción eréctil. Por el contrario, la segregación de endorfinas durante el acto sexual incide positivamente en el ánimo, mientras que la oxitocina tiene un efecto relajante y produce una disminución de la frecuencia cardiaca y la tensión arterial. Una persona deseada y satisfecha sexualmente luce más relajada y feliz.

De fiesta en fiesta

Los días feriados son propicios para el amor, ya se trate de un fin de semana o un periodo de vacaciones. Hay menos compromisos y más tiempo libre, se producen cambios en la rutina y hasta cambios de escenario, todo lo cual resulta estimulante. Según el especialista, tenemos más relaciones amorosas los fines de semana, en agosto y sobre todo, en carnavales, cuando los disfraces nos otorgan una nueva identidad. Otras fechas tienen un significado especial: el Día de los Enamorados o en Navidad.

Sensualidad y sensibilidad

Durante el periodo de ovulación aumenta el deseo sexual en la mujer, favoreciendo las posibilidades de fecundación. En los días previos a la menstruación, el cambio hormonal puede producir una condición de disforia, un estado emocional alterado y complejo caracterizado por ansiedad, irritabilidad, tristeza, conductas agresivas y sensibilidad al rechazo, entre otros síntomas. En consecuencia, las mujeres con síndrome premenstrual son más proclives a las demostraciones de amor que a la práctica del sexo.

Almuerzos de trabajo
y cenas románticas


Independientemente de si se trata de un almuerzo ligero o pesado, el organismo sufre un descenso de energía entre la 1:00 y las 2:30 pm, más propicio para el reposo que para el sexo. Si además hay que volver a la oficina, el tiempo del que se dispone es reducido. “Después de la comida las funciones orgánicas están dedicadas a la digestión, no a la sexualidad; tanto es así que se han hecho esfuerzos para producir facilitadores de la erección que puedan ser absorbidos por el estómago lleno” —señala Aponte Baca. Lo recomendable es esperar un par de horas después de comer; una vez hecha la digestión, la energía estará disponible para amar.

Verano ardiente

El sol es un potente afrodisíaco. “Este es el país de la eterna primavera, hay luces todos los días para mirarnos mejor, el clima es cálido y usamos vestimentas ligeras” —señala Aponte Baca. Las prendas de vestir pequeñas y ajustadas en colores vibrantes estimulan la vista y la imaginación, haciendo efervescer las hormonas. La luz también juega un papel importante: el sol produce una vasodilatación de las zonas erógenas secundarias (la parte externa de los genitales, su contorno y zonas cercanas) que responden mejor a los estímulos y activan a las primarias. Además, un cuerpo sudoroso puede resultar tremendamente excitante. Conclusión: la temperatura y el deseo son directamente proporcionales.

El ocaso

Más que la costumbre o la rutina, son las leyes naturales las que imponen su tiempo: las fases de la relación amorosa pueden vincularse con diferentes sustancias químicas. La dopamina, la feniletilamina y la oxitocina son sustancias relativamente comunes en el cuerpo, pero sólo coinciden en las etapas iniciales de la conquista. Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell, Nueva York, afirma que estamos “biológicamente programados” para sentirnos apasionados entre 18 y 30 meses, tiempo suficiente para que la pareja se conozca, copule y tenga un niño. Aponte Baca señala que a medida que transcurren los años de matrimonio, disminuye la frecuencia de las relaciones sexuales y aumentan las fantasías con extraños.

La “hora feliz” propicia el romance

Un momento erótico dentro de la jornada diaria es el famoso happy hour, entre las cinco y las siete de la tarde, momento en el que la hormona de la felicidad se encuentra también en su punto más alto. Las responsabilidades quedan atrás, en la oficina; el alcohol nos ayuda a relajarnos y dejar a un lado la corbata y las inhibiciones; nos hacemos más sociables y risueños. Además, con la risa, liberamos endorfinas (endo-morfinas), responsables de las sensaciones de bienestar, alegría y placer. Entonces, levante su copa y brinde por el amor. ¡Salud!

Marcador orgásmico

La prolactina es una hormona que estimula el desarrollo mamario y la producción de leche en las mujeres, normalmente presente en pequeñas cantidades en ambos sexos. Estudios recientes han reportado que los niveles de prolactina circulantes en la sangre aumentan media hora después del orgasmo, por lo que la hormona funciona como un marcador biológico. En otras palabras: es posible determinar si la satisfacción femenina es fingida o real.

El sexo, un buen somnífero

Si su pareja se duerme después de una sesión amatoria, no lo tome como algo personal: el acto sexual activa el sistema nervioso parasimpático, también descrito como el sistema de descanso. “En la fase postorgásmica se produce un estado natural de relajación, asociado a la reducción de los niveles de ansiedad y al bienestar subjetivo, que ayuda a conciliar el sueño” —explica Aponte Baca. Si quiere dormir plácidamente, deje a un lado de la cama la taza de leche caliente y tenga una excelente sesión amatoria.

 

 
Biorritmos

Los biorritmos se calculan en base a la fecha de nacimiento y se usan para determina el rendimiento en los planos físico, emocional e intelectual. La periodicidad de los ciclos varía según la naturaleza del biorritmo y todos se dividen en dos fases: positiva o de descarga y negativo o de recarga. Así el biorritmo físico, también llamado solar, tiene un ciclo de 23 días (11 positivos y 11 negativos); el ciclo emocional o lunar es de 28 días y el ciclo intelectual o mercurial es de 33 días.

Señas

Rómulo Aponte Baca, médico
psiquiatra sexólogo

Unidad de estudios y terapia cognitiva y sexual

Centro Profesional Santa Paula
Telfs.: 986.8286 7 985.6584
www.enfemenino.com

 
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