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revista Estampas
Caracas, sábado 22 de septiembre de 2007  

¡A la cama!
... con su historia

Desde la prehistoria hasta nuestros
días el hombre
se ha preocupado por mejorar
su calidad de
vida, y en este objetivo el
descanso
es fundamental.
Por eso la
evolución
del lecho
forma parte
importante
de nuestra cotidianidad

Beatriz García
Cardona

 

 

La mayoría de las personas cree que la cama ha sido siempre tal como hoy día la conocemos, pero están en un error porque ese mueble tan común para nosotros ha sufrido grandes cambios a través del tiempo. En muchas culturas y durante siglos el lecho ha sido considerado uno de los elementos más importantes de la casa, además de ser símbolo de estatus para sus dueños. Sin embargo, para la mayoría de los habitantes del planeta fue sólo a principios del siglo XX cuando conocieron los beneficios de poder dormir sobre una base adecuada. A “vuelo de sueño” queremos mostrar aquí cómo fue esa transformación. Le  invitamos a acompañarnos para pasearnos por su historia.

Entre pieles

Existen evidencias que demuestran como el hombre del Neolítico utilizó una cama primitiva para dormir, que consistía en un conjunto de pieles de animales colocado sobre hojas, hierbas secas o cualquier material que lo aislara del suelo, dándole un poco de confort. En esos tiempos, el grupo dormía en colectivo sobre ese colchón, a fin de combatir el frío mediante el calor corporal y para sentirse protegido frente a los depredadores.

¡Arriba! dijeron los faraones

Jorge López Falcón, historiador y actual Jefe de la Unidad de Investigación de la Biblioteca Nacional de Venezuela, afirma que la verdadera historia del mueble empieza en Egipto, civilización que floreció hace más de 3.000 años a.C. Y fueron los faraones quienes descubrieron la maravilla de levantar la cama del suelo.

“Este invento les permitió aislar el cuerpo del polvo, los insectos y otras amenazas. Pero a la vez, el lecho se convirtió en un símbolo de la posición social de su dueño”, es decir, mientras el faraón colocaba su colchón en altura mediante un armazón de madera para evitar las corrientes de aire y los molestos animales, la población en general dormía en cualquier rincón y apoyando la cabeza sobre un escalón.

Sobre mármol y oro 

Los griegos van a convertir
sus lechos en una importante
pieza del mobiliario de las casas: sus camas, llamadas kliné,
eran unos armazones fabricados con madera, piedra o mármol
y tallados o chapados con
marfil, carey y metales preciosos,
y con patas de plata u oro macizos. Sin embargo, ¡eran sumamente duras!, pues daban más importancia a la belleza que
a la comodidad, eludiendo
el concepto de colchón. Para disminuir la dificultad de una base sin amortiguación, colocaban telas que hacían las veces de almohadas.

Los grandes sibaritas

Pero las camas verdaderamente cómodas aparecieron en los tiempos del imperio romano. López Falcón asegura que: “Los romanos, sibaritas por excelencia, se fueron más al detalle al concebir el triclinio, que era una especie de sofá levemente inclinado hacia uno de los extremos, en el cual la persona se podía sentar, reclinar o recostar para poder comer y conversar con los amigos”.

De esta época destaca el uso de la cama como punto de reunión: había un lecho para dormir, otro para estudiar o recibir visitas durante el día y uno para tumbarse en él mientras se comía.

“Hacerse la cama”

A principios de la Edad Media, esta expresión tenía un significado literal: había mucha gente errante que viajaba de ciudad en ciudad, y que a la hora de dormir buscaba el mejor sitio bajo techo o en la calle; de esta manera, cualquier rincón en el suelo se convertía en un improvisado colchón.

Puesto que no existía un lugar exacto para dormir, cada noche los usuarios tenían que fabricar su lugar de descanso sobre una base de paja o cualquier otro material extendido en el piso. Por eso las camas se hacían una y otra vez.

De sala a cuarto de dormir

Los dormitorios entendidos como tales no se configuraron sino en el siglo XVIII; hasta
ese momento, en todos los hogares, las
camas simplemente estaban en lo que se denominaba la sala y se utilizaban durante
el día como asientos. Por la noche se
separaban con cortinajes para evitar las corrientes de aire y conseguir una habitación dentro de otra. De esta forma apareció el
“dosel” que se sujetaba al techo o de las paredes, o colgaba de un armazón. Este
tipo de cama era de madera tallada, con
una decoración delicadamente pintada;
llevaban unas cortinas laterales que
protegían a los durmientes del polvo,
los insectos y las miradas inoportunas.

Durante la Edad Media las colgaduras indicaban la posición económica, por lo que las pertenecientes a la clase acomodada a menudo estaban cuidadosamente bordadas.

Sin embargo, este mobiliario era un derroche para la mayoría de las personas, las camas de los pobres estaban hechas por colchones de paja apoyados directamente en el suelo, o por cajas grandes rellenas de musgo sobre las que dormía una familia completa.

El renacimiento del lecho

Con la llegada del Renacimiento las camas volvieron a retomar el esplendor visto en la antigua Roma. Por primera vez, los artesanos franceses e italianos podían fabricar estos muebles usando las chapas de madera ligeras en lugar de tallar pedazos enteros de ésta. Y fue también en esta época cuando aumentaron paulatinamente de tamaño y riqueza, hasta que hacia el siglo XV adquirieron proporciones enormes, al punto de que se requerían escalerillas para poder acostarse en ellas. Los más humildes se conformaban con camas armario o bretonas, cerradas por puertas, costumbre que perduró en el norte y oeste de Europa hasta el siglo XIX.

La fastuosidad de los reyes franceses

En el siglo XVIII, durante los gobiernos de Luis XIV y Luis XV, reyes de Francia, la técnica de la construcción de camas refinadas alcanzó su cenit, armonizando diseños, ornamentos y un hermoso colorido. Se utilizaron distintos tipos de madera y se puso de moda un estilo de tallado muy delicado.

En este período el colchón mejoró, pues se comenzaron a utilizar otras cubiertas, tales como el lino y el algodón y los rellenos disponibles eran naturales y abundantes: pelo de fibra de coco, algodón, lanas, entre otros.

Cama para todos

La suntuosidad recargada que definía los lechos de tiempos anteriores, fue desapareciendo cuando se comenzaron a fabricar camas en serie, al alcance de todas las clases sociales, esto sucedió paulatinamente, consolidándose hacia finales del siglo XIX. Para ese momento los franceses ya habían introducido el armazón de hierro, erigiéndose como modelo en muchos hogares europeos; mientras que en Inglaterra hacia 1830 las camas de latón resultaban más atractivas, y perduraron hasta comienzos del siglo XX.

La cama diván actual, introducida en la década de 1930, acabó con la necesidad del armazón, ya que se prescindía de la cabecera y el pie.

El lecho contemporáneo se caracteriza por las alternativas en cuanto al tipo de materiales con que se elaboran, lo que garantiza su comodidad y durabilidad, además de una gama casi ilimitada en el diseño del colchón.

Sabías que ...

Se dice que las primeras camas de agua se utilizaron en Persia, unos 3.600 años
a. C. y consistían en pieles de cabra llenas del líquido.

Los antiguos griegos daban al mosquito el nombre de konops, y los romanos adoptaron la mosquitera griega y latinizaron la palabra konops transformándola en conopeum, de donde procede el vocablo canapé.

En el siglo XII el rey de Escocia prohibió a sus nobles dormir en un buen colchón de plumas para evitar que éste los convirtiera en soldados de carácter débil.

A Luis XIV le gustaba permanecer tanto tiempo en cama, que a menudo el trabajo de la corte se realizaba en su dormitorio. Según información de la época, el rey poseyó 413 camas de todo tipo, pero tenía especial gusto por las muy grandes y ostentosas.

El tatami, símbolo de la casa japonesa, es utilizado cotidianamente por los habitantes de mayor poder adquisitivo. En las casa de menores recursos sólo se saca para Año Nuevo.

En la China actual, un citadino sólo dispone para alojarse de 3 m. cuadrados, por eso el mobiliario consiste esencialmente en una cama, una cómoda y una mesa plegable.

Los hindúes duermen en la cama, pero en ella no deben ni nacer, ni hacer el amor, ni morir; para todos estos eventos es preciso el contacto con la Madre Tierra.

 
¿Sin cama matrimonial?

El escritor francés Honoré de Balzac decía: “La cama es todo en el matrimonio”. Esta afirmación es confirmada por muchas  parejas, principalmente si no hablamos del uso exclusivo de realizar el acto sexual, sino de compartir muchas otras cosas.

Despertar junto al ser querido puede llegar a ser una gran ilusión para cualquier persona, porque ofrece la posibilidad de hacer rutinas íntimas compartidas, tales como: hacerse cariño, conversar, leer, tomar café, ver televisión, entre otras muchas cosas. En fin, pareciera que pocos conciben una vida matrimonial en camas o en habitaciones separadas.

Pero el tema no es tan particular como parece. Hoy día la tendencia parece confirmar que muchos jóvenes deciden compartir casa pero no cama. Los motivos pueden ser muchos y variados, por ejemplo: necesidad de autonomía, decorar la habitación como más guste, dormir para el lado que cada cual prefiera, trabajar en horarios diferentes,
ver televisión hasta tarde, roncar, sufrir de insomnio, entre otros.

Algunos especialistas dicen que esta nueva forma de descansar no tendría por qué ser un problema para la pareja, siempre y cuando exista un acuerdo previo. Incluso, afirman que una de las ventajas de las camas separadas es que hace que la intimidad no sea forzada.

Hay tantas costumbres diferentes que podrían sacar a uno u otro de sus casillas. Ante esto se podría decir, ¿para qué pelear?, si se puede llegar a determinados arreglos.
El punto es respetar la comodidad, el equilibrio y la autonomía de cada uno.
Por eso finalmente, la elección es siempre una decisión compartida...

 
Según el gusto

Actualmente existen en el mercado gran variedad de camas, siendo necesario conocer sus características a la hora de adquirir una u otra:


››Individual  


Es la más sencilla y se utiliza muy frecuentemente en las habitaciones infantiles. Las más usuales son de cuatro patas, aunque son cada vez más corrientes las versiones con gavetas debajo.


››Matrimonial  


Aunque se utiliza muchas veces para una sola
persona, es la cama más extendida para
los dormitorios de pareja.

››Nido

Son en realidad dos camas individuales, aunque una queda escondida debajo de la otra. Su uso es muy frecuente cuando el espacio es reducido.


››Sofá cama  


De gran utilidad debido a su doble función, su ventaja es que pueden colocarse en cualquier estancia como un sofá convencional.

››Litera 

Dos camas individuales superpuestas, una encima
de la otra, con una escalera para acceder a la superior.

››Plegable 

Recomendadas sobre todo para un uso ocasional, generalmente se pliegan en tres partes, y permiten disponer de un lecho en muy poco espacio.

 
 

Fuentes consulatadas

Dibie, Pascal. Etnología de la alcoba, Barcelona, España: Gedisa, 1999

www.konsiensia.blogspot.com
www.latiendahome.com
www.univision.com

 
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