Afrodisíacos ¿mito o realidad?
Desde tiempos antiguos,
la comida
se ha vinculado
al despertar
de la líbido, produciéndose
mitos en torno
a ciertos alimentos. Varios
especialistas comparten
aquí su visión
en torno
a este tema.
Maritza Jiménez
Foto: www.latinstock.com.ve/serge krouglikoff/zeta/corbis

Por una manzana, el hombre perdió el paraíso, y seis granos de granada obligaron a Perséfone a regresar periódicamente al reino de Hades. Así, comida
y sexualidad, placeres de fines semejantes,
han estado al parecer vinculados siempre
en la historia de la humanidad.
Hija de esa unión es la cocina afrodisíaca. En la evolución de las culturas, cuando el hombre dejó de comer como mera necesidad biológica —y parece que esto ocurrió en el II milenio, según unas tablas sumerias consideradas las recetas más antiguas del mundo— empezó a otorgarle a ciertos alimentos propiedades para aumentar su vigor o seducir al sexo opuesto. Pronto su imaginación lo llevaría a una carrera sin fin en la combinación de colores, sabores y olores en su preparación y presentación, con el fin de lograr su objetivo.
Un afrodisíaco, según las definiciones, es cualquier sustancia que, en teoría, aumente el apetito sexual, y aunque, sin duda, en esto tienen un peso determinante la imaginación y los otros sentidos —los árabes, por ejemplo, destacaban el valor de los perfumes y fragancias aromáticas— la comida ha sido la protagonista cuando de despertar la libido se trata.
El término proviene del nombre de la diosa Afrodita, nacida del mar cuando Cronos castró a su padre, Urano, y lanzó sus genitales al océano. Y aunque los griegos conocían la cocina afrodisíaca y las pasiones que algunos platos provocaban, la referencia más antigua que se tiene de los afrodisíacos proviene de unos papiros médicos egipcios que datan de 2.200 años a. C.
En el Kamasutra, famoso tratado amoroso de la India, se recomienda al hombre leche, huevos y miel, para incrementar su energía sexual, y la medicina china tradicional apelaba a remedios como la raíz del ginseng para garantizar la longevidad y potenciar el vigor del hombre.
En principio se pensaba que el poder afrodisíaco le venía a ciertas frutas y verduras, por el parecido de su forma con los genitales masculinos, mientras que otros, como las ostras, remiten a los femeninos. Esta creencia no desparece del todo, pero bien pronto fue desplazada hacia los olores y sabores fuertes y picantes de ciertas especias, hierbas y sustancias.
El cruce de las culturas a lo largo de la historia, ha ido enriqueciendo el recetario afrodisíaco universal, con los aportes de tradiciones y productos distantes y exóticos, en cuyo halo de misterio se ha basado también la creencia en sus poderes.
La industria de las llamadas medicinas naturales, una de las más florecientes del mundo, también se ha aprovechado de esta búsqueda del placer comercializando productos, que, por su supuesta concentración de los componentes de los naturales, ofrecen un efecto directo y garantizado. Nada más alejado de la magia y el encanto demorado del arte de la cocina y la seducción.
Bioquímica y sugestión
Para la ciencia, los afrodisíacos mantienen su dudosa reputación, pues nada parece comprobado todavía. “No hay pruebas que lo confirmen, son sólo cuentos”, expresa Cyn-thia Finley, dietista del Centro para el Con-trol de Peso John Hopkins, de Estados Uni-dos, y para el endocrinólogo venezolano Mario Paolillo hay más de sugestión —efecto placebo— que de realidad. “No conozco ningún alimento que científicamente pueda afirmarse que posea esas propiedades”, declara.
Pero, ¿no juega la sugestión un papel importante cuando de libido se habla? Alicia Torres, poeta y psicoterapeuta jungiana, afirma que “es la imagen que asociamos con el alimento lo que cambia nuestra química corporal. Ciencias nuevas, como la psiconeuroinmunología, están comprobando la influencia de las imágenes mentales no sólo en el flujo sanguíneo, el ritmo cardíaco y la tensión muscular, sino también en hormonas, neurotransmisores y neuropéptidos que interactúan con los componentes celulares”.
Efectivamente, es el cerebro, en última instancia, el que controla las glándulas endocrinas, responsables de las hormonas de la sexualidad (testosterona, para los hombres, y estrógeno/progesterona, en las mujeres).
El funcionamiento del cerebro depende de los llamados neurotransmisores, constituidos por aminoácidos, que son construidos a su vez por las proteínas. Para transportar las órdenes cerebrales, los neurotransmisores necesitan de la vitamina B, mientras que la vitamina C y el magnesio ayudan a producirlos, y el selenio los protege.
¿Quiere entonces decir que las sustancias contenidas en los alimentos tendrían el poder de actuar, positiva o negativamente, en los neurotransmisores y, por ende en la sexualidad?
“¡Claro que los afrodisíacos funcionan, y mucho!”, responde enfático el doctor Salomón Jakubowics. Explica que existe un fundamento bioquímico que permite afirmar la acción de ciertos alimentos y sustancias sobre nuestro comportamiento cerebral y, por tanto, podemos utilizarlos en lugar de los medicamentos. Es lo que plantea en su libro, Ni una dieta más.
Entre los alimentos con propiedades afrodisíacas, Jakubowics destaca el yogurt, la leche descremada y el chocolate negro sin azúcar, los cuales subirían el triptófano, aminoácido que sólo se obtiene de la alimentación. Su papel es fundamental para que el cuerpo elabore sus propias proteínas y hace que el cerebro segregue el neurotransmisor serotonina, llamado la hormona del placer.
Jakubowics recomienda, además, para disfrutar del amor, evitar los alimentos que suben mucho el azúcar y los que contienen lo que llama “grasas malas”, es decir, la leche completa, grasa de la carne y, sobre todo, las “transgénicas”, contenidas en helados, galletas, ciertos cereales y aceites que se usan repetidas veces en sitios de comidas rápidas.

Cocina del amor
La lista de los alimentos afrodisíacos, tan antigua como interminable, varía según el tiempo y las culturas, pero hay algunos que figuran en casi todas.
Las especias están a la cabeza. No en vano, en la búsqueda de otro camino para llegar a ellas, los europeos arribaron al Nuevo Mundo. En el pasado, se utilizaban el aroma de las hierbas frescas y las especias aromáticas y picantes para despertar el deseo. El jengibre es la más reputada, seguida por la canela, filtro de amor de Tristán e Isolda. Pero también la pimienta, los clavos, el curry, la menta y el romero, comparten las virtudes estimulantes.
Los aztecas utilizaban ya el chocolate con fines sensuales, y está hoy entre los afrodisíacos célebres. Se dice que contribuye a estimular la circulación sanguínea y que contiene arginina, un aminoácido esencial al que se atribuyen propiedades vasodilatadoras. Además, su textura, color y perfume proporcionan una sensación agradable y relajan los sentidos.
El tercer lugar lo ocupan las ostras, y en general los mariscos, a cuyos elevados porcentajes de hierro, yodo y fósforo se atribuyen sus propiedades vivificantes, ¿o tal vez su fama les venga de compartir el mismo origen marino de Afrodita?
Recomendados en el Kamasutra para recuperar el vigor sexual, de los huevos se comenta que contienen las proteínas de mayor calidad y que están repletos de las vitaminas del grupo B, particularmente B5 y B6.
La miel está mencionada ya en El cantar de los cantares y el Kamasutra. Hipócrates, 54 años a.C. la recomendaba como vigorizante sexual, al igual que el célebre médico árabe Avicena. Cleopatra se bañaba en ella y hace muchos siglos los recién casados debían beber sus cocciones cada noche, desde el día de su matrimonio hasta la primera luna nueva, de donde vendría el apelativo “luna de miel”.
Aunque los estudios nada han demostrado, el ginseng es uno de los afrodisíacos más populares, pero quizás más por sus propiedades para vencer la fatiga, lo que, sin duda, es importante a la hora de la intimidad.
En cuanto al alcohol, que también aparece en ciertas listas, las opiniones también coinciden en que si bien en pocas proporciones, y acompañando alimentos energéticos como la carne o el pescado, puede tener un efecto expansivo y relajante que favorece la libido, en exceso produce un efecto contrario, sobre todo en los hombres.
Por su alto porcentaje de vitamina E, las semillas o frutos secos, estuvieron presentes siempre en las noches de boda antiguas. Entre ellos, la almendra, en la mitología surge de la vulva de la diosa Cibeles. Almendra, leche y miel nos evoca Las mil y una noches. Se asocia con pasión y fertilidad y es el componente más sensual de la pastelería árabe. En Italia se usaba como medicina y excitante amoroso. Su aroma penetrante y persistente, a veces ligeramente amargo, se supone que excita a las mujeres y por eso se usa para cremas y jabones.
Si de la cocina criolla hablamos, destacarán las combinaciones populares “siete potencias”, “rompecolchón” y otras por el estilo. Menos publicitado, el picante de nuestros indígenas del sur —el katara de los yekuana o, más elaborado, el kumachi de los pemón, hechos con jugo de yuca amarga, ají, bachacos o termitas—, ostenta su fama.
Las cebollas y el ajo igual se encuentran en los tratados antiguos, aunque desprestigiados contemporáneamente por su fuerte aroma; las zanahorias, plátanos y espárragos, por su forma fálica; el aguacate por su parecido con los testículos, y los higos, fresas y frambuesas, para animar a la mujer. En fin, una infinita gama de argumentaciones justifica la interminable lista de los alimentos considerados afrodisíacos.

Mente y cuerpo
Pero la salud y la calidad de vida, aseguran médicos y deportistas, son quizás mucho más importantes. El estrés es el primer enemigo del placer, seguido de la
obesidad, que no sólo limita la acción
de la testosterona y disminuye la libido,
sino que golpea la autoestima y la
confianza para el encuentro.
Para combatir estos males, ejercicio y buena alimentación, recomiendan los expertos.
“La única forma real de aumentar la líbido es hacer ejercicio y comer bien”, sostiene Finley, y según María Teresa Hurtado de Mendoza, médico endocrino y docente de la Universidad Nacional Autónoma de México, “los mejores afrodisíacos resultan ser la buena salud, el ejercicio y la ausencia de estrés. La mente es el afrodisíaco más potente. La imaginación en cada uno de nosotros puede llevarnos a conseguir mejores metas que cualquier alimento”. “Es la imaginación la que es afrodisíaca”, coincide Alicia Torres.
Pero ¿por qué no ayudarla un poco? “Un bello plato compartido en una cena, puede ser un ritual donde ya antes de comer estás conectado con toda una esfera de la sensualidad”, añade la psicoterapeuta.
Digamos, entonces, que una dosis de ejercicio y vida sana, y algo de romanticismo aderezado ¿por qué no? con algún afrodisíaco, nos ayudan a disfrutar mejor de la comida y del amor. Pero, cuidado: los excesos pueden ser perjudiciales. En ambos casos.
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| Comida de reyes |
Espárragos de Madame Pompadour
Prepárense y hiérvanse los tallos de espárragos en la forma acostumbrada, sumergiéndolos en agua hirviente. Córtense oblicuamente hacia la punta, en pedazos
no mayores que el meñique. Tómese únicamente los cortes más bellos y, mientras
se mantienen calientes déjese que se escurran al tiempo que se prepara la salsa de la manera siguiente. Amase diez gramos de harina y una cucharada de mantequilla, añada sal, una buena pizca de nuez moscada pulverizada y las yemas de 2 huevos diluidas
en cuatro cucharadas de agua acidulada con jugo de limón.
Después de cocer esta salsa, introduzca las puntas de los espárragos y sirva en una cacerola tapada.
(Atribuida a Jeanne-Antoinette Poisson, marquesa de Pompadour, la más célebre amante del rey Luis XIV) |
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