Venecia
a golpe
de remo
La ciudad de los canales, espera siempre a los cientos de enamorados que aspiran a ver su afecto renovado en sus pequeñas calles y canales, cuando el sol se posa para marcharse sobre los tejados antiguos; espacios
manchados por el agua perenne que acompaña estos islotes, vueltos ciudad, a fuerza de la voluntad de la gente del Véneto. ¿Quién no se enamoraría, como escribió el poeta español Juan Luis Panero, “bajo las estrellas perdidas de aquel cielo / el golpe de remo en el agua nocturna”, en las míticas góndolas que llevan a los viajantes a otro tiempo, mucho más lento, el tiempo del amor? La prisa no es posible
en un entorno donde se anda principalmente a pié o en estas
pequeñas embarcaciones como los vaporetti, traghetti,
acua-taxis y las nombradas góndolas.


Su nombre, en diminutivo, dio nombre a Venezuela —Pequeña Venecia—, convirtiéndola —según se dice— en la única ciudad del mundo de cuyo nombre fue bautizado un país, por la evocación de sus casas rodeadas de agua que Américo Vespucio vio en los palafitos del Lago de Maracaibo.
Venecia siempre es un destino; hoy es tiempo de adentrarse en sus más de 120 islas unidas entre sí por unos 800 puentes, pasar del Puente de la Libertad al Piazzale Roma. Pronto, ante la llegada del otoño, las calles serán tomadas por la acqua alta (marea alta) dos veces al día y la plaza de San Marcos —considerada por Bonaparte como “el salón más bello de Europa”— se inundará de agua hasta tal punto que se deban colocar pasarelas de madera sobre las que la gente tendrá que andar en fila india. Así que volverá la lentitud, propicia para los besos.
—C. I.M.
Imprescindibles
La lista es infinita, pero el visitante no debe dejar fuera de su lista palacios como Ca' d'Oro, Ca' Rezzonico, Palacio Ducal, Palacio Grassi, Ca' Pesaro, Ca' Tron y Palacio Vendramin; iglesias como la Basílica de San Marcos, Santa María Gloriosa dei Frari, Basílica de Santa María de la Salud, Basílica de San Jorge el Mayor y Santísimo Redentor. Los puentes, debajo de los cuales pasan los pequeños navíos que trasladan a los cientos de turistas que pululan en la ciudad, son otro espacio para contemplar su belleza: el de la Academia, el de los Suspiros, Rialto, el puente de los Descalzos y el cuarto puente sobre el Canal Grande o Puente de Calatrava. Otro espacio singular es el Gran Canal, con 3.800 m de longitud, a cuyas orillas se levantan cerca de 200 palacios, construidos desde el siglo XII al XVIII.
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