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revista Estampas
Caracas, sábado 22 de septiembre de 2007   

Enamorados
on line


¡Ese Cupido se las trae! Se las ha ingeniado para flechar a través de una pantalla y un teclado. Los relatos que se presentan están empapados de lágrimas, gestos, sonrisas y la certeza de un final feliz. Aunque la experiencia ha sido gratificante, ninguno recomienda Internet como la mejor vía para enamorarse.
L.M. / Fotos: Leo Álvarez


FOTO: WWW..SXC.HI

Carla Hernández
y Fernando Espinoza

Amor en español, inglés
y quechua


La invitación para la boda de
Carla y Fernando ya está lista.
Sólo que no se trata de la convencional tarjeta con sobre
y perfecta caligrafía que se suele utilizar para estas ocasiones.
Por tratarse de una pareja que
se conoció y enamoró a través
de medios tecnológicos, la novia decidió convocar a sus invitados
con una presentación multimedia que será entregada en un CD.
Aquí se resumen todas las vicisitudes que ambos debieron atravesar para poder estar juntos, meta que lograron hace ya cuatro años, y la grafican con fotografías, imágenes, confesiones y frases que describen los momentos más importantes de su relación, aderezándola con los temas musicales que sirvieron de soundtrack a la historia que es contada por el hijo de ambos, el pequeño de más de un año, Gabriel Fernando.

Un amor imposible, así lo describe Carla: ella tenía novio y él era casado y vivía en Canadá. La necesidad de comunicarse con su pareja, que viajaba frecuentemente, la hizo iniciarse en la web y probar en algunas salas de chat. Recuerda que una noche de 2001, luego de despedir a su novio, entró en una sala de conversación y dijo que estaba triste porque acababa de dejar a su amado en el aeropuerto. No sabía ella que la respuesta y el consuelo iba a venir de “Tumoso”, nick que utilizaba Fernando y que, casualmente, significa tu “amante” en quechua, pues él nació en Ecuador.

La cháchara fluyó de maravilla, razón que los impulsó a seguir visitando la sala. Intercambiaron correos y cada vez sentían que, a medida de que pasaban los días, era más necesario la comunicación. La situación hizo que Carla terminara con su pareja para dedicarse por completo a su nueva conquista. Fernando, por su parte, atravesaba por una crisis en su matrimonio y poco a poco se fue desprendiendo de su esposa.

Luego de un año de llamadas, chats, fotos, encomiendas, cartas y muchos e-mails, decidieron conocerse en Miami. Carla cuenta que esa primera vez fue mágica y se convenció de que había encontrado un “amor perfecto”. Tiempo después vino Fernando a Venezuela, luego se vieron un Quito. Siguieron encontrándose hasta que, finalmente, él se vino a vivir a Caracas. Ahora ambos trabajan en un negocio familiar, tienen un bebé y viven felices junto a los dos hijos de ella. La novia dice que su caso es uno entre millones. Pese a haber encontrado a su pareja en Internet, no lo recomienda. La distancia hizo sufrir mucho a los dos y aunque la experiencia dio muy buenos frutos al final, “no hay nada como tener a tu pareja a tu lado”, según Carla.

 

 

Karla Pérez Poleo
y Yhonnathan Cordero

Enamorados, criollos y digitales

 

 

 



Un guaro y una caraqueña se conocieron en una sala de chat. Pero este no era cualquier site o canal, sino un grupo de conversación de venezolanos, de todas
las regiones del país, que había creado un sitio para encontrarse y hablar de todo un poco después de la jornada de trabajo. “Nos conectábamos tarde, siempre
los mismos”, recuerda Karla, quien apenas era una adolescente, y la más joven
de los internautas, cuando empezó a integrarse al recinto virtual junto a su mamá.

Una de las características del chat era que contaba con reglas y coordinadores que evitaban la entrada de non gratos. Y como siempre hay un rebelde que rompe las normas, esta actitud no se hizo esperar y provino de un barquisimetano que
se valía de sus conocimientos técnicos —Yhonnathan era estudiante de Ingeniería— para hacer algunas trampas y hacerse, muy frecuentemente,
director de las conversaciones.

A Karla le irritó tanto la jugada del joven saboteador que estableció contacto
con él sólo para reclamarle. Y aquello que comenzó con una discusión
terminó en largas pláticas nocturnas e intercambio de fotos.

Luego de cuatro meses, el grupo decidió hacer una reunión para conocerse personalmente. Yhonnathan viajó para ver a Karla y tras charlar por algunas horas le robó un beso. Ambos habían hallado una persona con quién hablar y de quién enamorarse.

La relación provocó que los padres, sobre todo los de la chica, estuvieran en desacuerdo, pues se trataba de una menor de edad. Sin embargo, ese obstáculo fue superado y el joven demostró que su vínculo con Karla no era un juego.

Yhonnathan afirma que, gracias a Internet,
desarrolló la habilidad de conocer más a las personas a través de su conversación, sin
necesidad de tener contacto visual. Su
novia señala que esta opción digital para
conocer gente representa un riesgo.
“Aquí te enfrentas a algo que no
vas a ver”, dice.

Desde la fecha en la que se vieron por primera
vez ya han transcurrido seis años. Ahora el novio
no vive en Barquisimeto. Hace dos años decidió
dejar atrás la distancia, las interminables horas
de conexión y teléfono, las lágrimas, los frecuentes viajes para ver a su amada y, cuando se le presentó la primera oportunidad para establecerse en Caracas, no lo pensó dos veces. La pareja confiesa que ya hay planes para “saltar al agua”.



Glenda Guerrero
y José Alejandro Foucault

Un tango en la red


Esta relación ya tiene un poco más de
un año. Glenda no se valió de salas
de chat, ni del messenger para conocer gente. La tendencia actual dicta el uso
de canales más avanzados como el
Skype. A esta comunidad se unió
luego de la insistencia de un amigo
que terminó siendo el único
contacto que tenía en su lista.

Un día, de la nada, apareció un argentino interesado en hablar con ella, quizás atraído por su nick que decía “Yo soy mía”. Con un tanto de desconfianza, Glenda aceptó la invitación para conversar y, con el paso de los días, este acto se convirtió en una necesidad imperante para los dos. Pronto se dieron cuenta de que había algo más. El eterno coqueteo virtual fue asumido por ambos y se sintieron comprometidos.

Luego de casi un año conectados, él decidió hacer el largo viaje para conocerla. La experiencia sirvió para compartir todas las caricias, besos y momentos imposibles a través de la pantalla de un ordenador.
La criolla dice que, pese al abismo que significa pertenecer a dos culturas distintas, han sabido comunicarse muy bien. Confiesa que a veces se pierden en el hilo de una conversación cuando se detienen a preguntar lo que significa una determinada expresión. Ambos han tenido que aprender palabras del léxico local de cada uno.

Desde Mendoza, ciudad donde vive, José Manuel no hace más que expresar el amor que siente. No precisa qué fue lo que le atrajo de ella para establecer el primer contacto o qué hizo que —sin experiencias previas— se lanzara a mantener una relación por Internet. “No importa la nacionalidad de ambos, o que ella sea de allá y yo de aquí. Sé que ella es mi vida entera y no puedo negarlo, no puedo vivir sin ella, sin saber de ella”, dice en unas cuantas líneas que escribió emocionado.
Glenda tampoco había mantenido ningún amor a distancia y menos por la vía digital. Más bien criticaba a quienes se enamoraban en los chats y no justificaba sus acciones. Ahora que la tiene, nada la hace mirar atrás. Se siente segura y encantada con su pareja. “Simplemente, confío”, dice.

José Alejandro dice que la mejor manera de manejar estas relaciones es siendo sincero: “Ambos nos damos más de un millón de motivos diarios para confiar el uno en el otro”.

A futuro, piensan irse a tierra neutral para casarse y hacer una vida juntos
 
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