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revista Estampas
Caracas, sábado 14 defebrero de 2009 
 

Cuando el amor
es una droga

El extremo exacerbado y sobredimensionado del sentimiento que mueve nuestra vida puede llevarnos, sin advertirlo, a la crónica roja. Conozca cómo el amor llevado al límite es una perniciosa enfermedad. Ysabel Velásquez


foto wwwshuterstock.com / kalim

La pasión y la euforia caracterizan al enamoramiento, estado maravilloso en el cual, como si se tratase del efecto de un elixir embriagador, vemos la vida de otro color y al ser amado como el artífice de todo cuanto poético y sublime podamos experimentar. Sin embargo, cuando el apego a la pareja se intensifica y convertimos a esa persona en un órgano vital, cuando le conferimos el poder de definir nuestro yo y dirigir nuestro destino, estamos en presencia de la adicción interpersonal o dependencia afectiva.

Consultamos a Luis Madrid, psiquiatra especialista en trastornos afectivos y terapia de pareja, para conocer las señales de alerta que tornan el delicado rosa del amor sano en el peligroso vinotinto de las relaciones tormentosas, esas donde el sufrimiento y la angustia imperan.

Más que celos
"La adicción al amor es un trastorno emocional y conductual, en el cual el sujeto deposita en su pareja una excesiva carga de amor y dependencia", indica Madrid y explica que por ello la relación se torna en una fuente de angustia, frustración y dolor, en lugar de predominar el bienestar. Un rasgo distintivo es la incapacidad que tienen sus miembros de alternar los roles de amante y amado, ya que existe mucho control y demanda por parte de la persona dependiente.

En la adicción afectiva -trastorno hasta veinte veces más frecuente en las mujeres- existe una dependencia emocional muy intensa con la persona amada a tal punto que sólo pensar en la separación produce un terrible cuadro de angustia y abstinencia, similar al experimentado al dejar cualquier droga o comportamiento compulsivo.

El objeto de adicción no es una cosa o substancia sino una persona particular. Puede tratarse de un individuo que establece vínculos muy fuertes con varias personas, pero su dependencia se manifiesta con la pareja de ese momento que lo genera. "Lo más común es que termine una relación con una pareja a la cual era adicta y luego inicie otra repitiéndose el patrón", explica Madrid.

Amarte o morir
El adicto al amor es muy voraz, le gusta acaparar a su pareja, que constantemente y de forma obsesiva le demuestre su afecto y deseo, que públicamente haga saber a los demás cuánto lo quiere, que le colme de detalles, que le dé la seguridad de que no le va a dejar, lo cual lo convierte en una persona absorbente que agobia al otro, quien termina por abandonarlo u opta por el maltrato y haciendo que la relación se torne sadomasoquista.

Esta situación hace de los adictos personas de relaciones múltiples y cortas, porque no les toleraron su comportamiento o lo contrario, relaciones muy largas pero llenas de maltrato y descalificaciones.

Existe una psicodinámica entre los miembros de esta pareja, en la cual el dependiente afectivo se automutila psicológicamente y coloca su autoestima y su esencia como individuo, de manera irracional, en su pareja; "Esta persona es el depositario de mi existencia, si ya no está, mi vida no tiene sentido, es imposible sobrevivir", afirma Madrid, y agrega que así el sujeto dependiente se siente infravalorado, con poca confianza y piensa en él como algo sin consistencia que se materializa sólo junto a su pareja.

Uno de las rasgos distintivos de los adictos al amor es la presencia de distorsiones cognitivas asumidas como verdades absolutas. Estas concepciones se expresan como frases que, aunque sean dichas en tono lúdico, si son repetidas constituyen una señal de alarma: "no puedo vivir sin él o ella", "prefiero la muerte a estar sin él / ella", "si él se va, el dolor es tan intenso que me voy a morir / me voy a volver loca", o "prefiero morirme antes que él". Estas expresiones evidencian la percepción de la muerte como la única alternativa ante la pérdida, "Lo cual tiene sentido porque en esta persona están depositadas cosas muy valiosas, es como si me arrancaran un órgano vital", enfatiza el especialista.

Otra de las distorsiones de los adictos, que Madrid describe como clásica en las consultas, es "como él no hay otro, así que no llegaré a sentir algo como esto". Esta frase describe el carácter único que el adicto le confiere a su pareja y el afecto sobredimensionado que esgrime como justificación para continuar en esta díada patológica. Este parámetro distorsionado se desmonta fácilmente al preguntar cuándo conoció a la pareja: "Si el paciente me dice 'la conocí a los 26 años', yo le hago ver que vivió tranquilamente y feliz antes de conocerla". A través de preguntas como ésta el psiquiatra va trabajando en un proceso que en terapia se denomina corrección de las distorsiones cognitivas.

"La separación produce un cuadro de angustia
y abstinencia, similar al experimentado al dejar cualquier droga o comportamiento complulsivo
"

Amar es soportarlo todo
La dependencia afectiva es el caldo de cultivo del maltrato doméstico. La persona adicta pone en riesgo su dignidad: "Son mujeres, por lo general, que a pesar de ser humilladas, no tratadas con ternura o incluso tratadas con violencia, ya sea física, verbal o psicológica, inclusive poniendo en riesgo su vida, no valoran estas agresiones como un factor para considerar la separación sino lo ven como un impulso para hacer más sacrificios, con la esperanza de que la situación mejore"
.
De esta manera, y pese a los esfuerzos que pueda hacer y el apoyo de su familia, la persona dependiente es incapaz de desvincularse sola de esta relación de maltrato, necesita ayuda profesional que le permita poner en perspectiva su situación.

"Asumir el autosacrificio como estrategia para mantener la relación con la esperanza de que todo mejorará cuando el otro comience a apreciar sus esfuerzos es un error conceptual de lo que es el amor, ya que colocarse en esta situación genera minusvalía porque para ser amado se necesita cierto nivel de admiración que estimule el deseo", explica el psiquiatra y apunta "Normalmente el hombre maltratador busca mujeres débiles, con un autoestima baja, dependientes, porque necesita quien lo aguante".

Síndrome de abstinencia
Existen comportamientos típicos de los adictos al amor que acompañan su idea catastrófica de la separación del sujeto amado. La persona dependiente no soporta mantener distanciamiento físico o perceptivo con su pareja. "Cuando se separan temporalmente experimentan un síndrome de abstinencia que les impulsa a llamar por teléfono, presentarse en su trabajo... es decir, desarrollan conductas para establecer una aproximación física o al menos perceptiva". Esta situación se produce porque el individuo dependiente es incapaz de hacer abstracciones, o sea, de representar en su mente la realidad de su relación y el hecho de que su pareja estará con él o ella con prontitud; por ello necesita reiteración del afecto de manera constante para calmarse.

Así como el adicto a las drogas, el dependiente al amor experimenta un conjunto de síntomas físicos o síndrome de abstinencia producto de la falta de su sujeto amado: ansiedad, pánico, tristeza, taquicardia, deambulación, dificultad para respirar, dolores de cabeza, sensación de vacío en la "boca del estómago", inquietud, inapetencia e insomnio son los más frecuentes.

La irritabilidad es otro signo distintivo, manifestada sobretodo cuando alguien contraviene su percepción de que se trata de "el único en el mundo que me puede hacer feliz", esto dispara de manera inmediata los síntomas de abstinencia.

Este cuadro físico corrobora la tesis que tiene el adicto de morirse sin su ser amado, hasta el punto que se pueden desencadenar depresiones muy graves que sólo se alivian si asiste el sujeto-objeto de la obsesión, y ser el punto de partida de un intento de suicidio.

¿Por qué te amo tanto?
Para conocer cuáles son los factores que convierten a una persona en adicta es imperativo que el terapeuta indague en sus antecedentes personales. La pérdida de los padres a edad temprana, el manejo inadecuado de los duelos como cuando generan conductas violentas o abuso de alcohol y drogas en familiares cercanos, madres que experimentan depresiones severas o intentos de suicidio son conductas que predisponen a la dependencia interpersonal porque hacen conceptualizar que las pérdidas son catastróficas y fulminantes.

De igual manera, por modelaje, cuando ha habido relaciones dependientes en los padres, esta conducta se puede copiar. Un factor de gran peso, esta vez de índole genética, en la manifestación del trastorno es la predisposición a la depresión, expresado en el déficit del neurotransmisor serotonina, modulador del estado ánimo, facilitador de la vinculación con objetivos, personas y situaciones y responsable de la adaptación al cambio. La falta de serotonina produce dos tipos de personalidades extremas: una independiente, impulsiva y egocéntrica; y otra dependiente, adhesiva y sensible que propende a la adicción afectiva por deprimirse fácilmente.

Otro neurotransmisor que se ve alterado es la dopamina, ligada al placer y al reforzamiento de la conducta. Cuando hay un déficit de dopamina, la persona siente inmediatamente la necesidad de subirlo a través del afecto de la persona amada.

Los rasgos que predominan en la personalidad también inciden en el desarrollo de la adicción al amor. Madrid explica que personas obsesivas e inseguras, muy exigentes consigo mismas y con los demás, tienen mayor predisposición a desarrollar adicciones afectivas. Por otra parte, personalidades pasivo-dependientes, que necesitan del otro para que resuelva sus cosas y le motive e impulse, suelen acaparar al sujeto de su afecto, manifestando con el tiempo adicción afectiva.

Sanar la mente y el corazón
Es frecuente que el adicto al amor acuda a terapia con una depresión producto de una ruptura. Se estima que entre el 8 al 12% de la población sufre de esta condición alguna vez en su vida, y si el psiquiatra no indaga en su biografía no advierte que subyace esta adicción interpersonal. En estos momentos de crisis, la prioridad del terapeuta es sacarlo del abandono y el aislamiento, tratar sus síntomas de abstinencia para luego abordar las implicaciones psíquicas.

Para curar el corazón de este incapacitante trastorno, el primer paso, enfatiza el especialista, es tomar conciencia de que se trata de una enfermedad que requiere tratamiento; esto aleja las concepciones erradas de que es una debilidad de carácter o un capricho. "El 95% de los pacientes con esta condición mejoran con tratamiento adecuado y aproximadamente el 96% de los crímenes pasionales se producen por celopatía o adicción al amor, de ahí la importancia de tratarlo a tiempo".

En las sesiones de terapia se busca explorar nuevas formas de placer distintas a la pareja como aficiones, vocaciones, compartir con amigos; reforzar la autonomía y enseñarle al paciente a disfrutar la soledad para perder el miedo a estar consigo mismo.

Enfrentar las recaídas es otro aspecto a destacar, ya que al igual que sucede en otras adicciones, es frecuente que el adicto al amor las experimente, con su pareja o, si la deja, con otra nueva; porque el individuo busca un complemento a su inmenso vacío existencial. "Los anclajes fundamentales en las relaciones de pareja son el afecto-amor, el deseo, y la necesidad y ésta última se divide en dos, similitud y complementariedad; el adicto busca a su pareja sólo por complementariedad, porque se encuentra anulado y le falta todo, está vacío y deposita todo lo que lo llena en el otro, es como un rompecabezas de una sola pieza".

Desmontar el estigma de que el dependiente disfruta del maltrato al que está sometido es otra labor importante de la terapia con el paciente y su entorno familiar más cercano. "Los adictos soportan las humillaciones producto de su inseguridad e inmadurez, elementos que tienen que trabajar, tomando conciencia de que no lo merecen, y que quien ama no lastima" asevera el especialista y añade "La dependencia económica es una justificación para aguantar situaciones desmoralizantes, porque toda persona es capaz de activar herramientas para salir adelante sola". Por otra parte, la intervención familiar es fundamental cuando el paciente está en riesgo: se deprime severamente, puede atentar contra su vida, deja de comer, etc. "Cuando el paciente está estable, es necesario que acuda a grupos de apoyo, para mí constituye una etapa fundamental del tratamiento", asegura.

Luis Madrid exhorta: "La adicción del amor es un trastorno que sólo debe ser abordado por psiquiatras o psicólogos clínicos con formación especial en el área afectiva puesto que toca muchos prejuicios sobre la vida en pareja".

Señas
• Luis Madrid P., psiquiatra especialista en trastornos afectivos y terapia de parejas.
Centro Clínico Profesional Caracas, Av. Panteón, San Bernardino.
Telf. (212) 574.6486 y 0412-262.3743.


TIPOS DE ADICTOS

» Neurótico: Obsesivo con la pareja. Inseguro, ansioso, tiembla con mucha frecuencia. Tiene pensamientos pesimistas y catastróficos.
» Adhesivo: No puede separarse físicamente de su pareja. Desarrolla fobias sociales, no puede exponerse en público sin su pareja. Experimentan pánico a la soledad.
» Depresivo: Alivia su tristeza cuando tiene una relación de pareja y cae en un cuadro de apatía cuando ésta marca distancia. Experimenta llanto, inapetencia e ideas de suicidio.
» Borderline o límite: Sumamente voraz; agrede, amenaza, persigue y reacciona violentamente ante una separación inminente. Considera incluso matar al otro si lo abandona.
» Psicótico: Confiere a su pareja características sobrenaturales como ser la reencarnación de su compañero de la vida anterior. Delirante y ezquizoide. Es el tipo menos común.

FARMACOLOGÍA

El apoyo farmacológico es un coadyuvante de la terapia, requerido sólo en pacientes que tienen un alto grado de adicción o apego intenso, personas compulsivas y neuróticas o depresivas y con ideas recurrentes de suicidio.

Los medicamentos de elección son los antidepresivos, porque aceleran la síntesis y producción de serotonina sin causar adicción, además de mejorar significativamente los síntomas de abstinencia y dependencia.

En casos de ansiedad intensa se prescriben medicamentos ansiolíticos por períodos no mayores a seis semanas, porque este tipo de pacientes tiene alta probabilidad de desarrollar dependencia.

Por último, en casos muy específicos, se prescriben antipsicóticos de nueva generación a dosis muy bajas para mejorar aspectos muy rígidos de la personalidad.

 
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