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revista Estampas
Caracas, sábado 09 de febrero de 2008 
 

Celos
que atan

Asociado a una conducta enfermiza, este sentimiento puede estrangular la relación o bien contribuir
al mantenimiento del vínculo afectivo si es manejado de forma adecuada.
María Ángela Valbuena

Los celos parecen estar irremediablemente atados
a las relaciones amorosas, según consta en centenares de canciones, poemas, novelas, argumentos de obras teatrales y cinematográficas, así como también en las crónicas policiales. Hera, diosa de la mitología grecolatina casada con Zeus
y arquetipo de la esposa, se caracterizaba por ser sumamente celosa y vengativa, persiguiendo y castigando cruelmente a las amantes de su infiel marido y a los hijos de éstos. Por otra parte y del lado de masculino está Otelo, protagonista de la obra homónima de William Shakespeare y quizás la mejor y más conocida personificación de los celos y exponente de las terribles consecuencias que puede acarrear este sentimiento desbordado: su esposa Desdémona muere estrangulada por sus propias manos a causa de una supuesta infidelidad, otros dos amigos son asesinados por el malentendido y finalmente Otelo se suicida. Por desgracia este hecho no es ajeno a nuestra realidad: las estadísticas señalan que cada 10 días fallecen dos mujeres a manos de su pareja en Caracas, según declaraciones de María Hernández Royett, defensora delegada de los derechos humanos de las mujeres del Área Metropolitana, dadas a la Agencia Bolivariana de Noticias en septiembre de 2007.

¿Una pareja explosiva? Parecería que sí, pero en realidad la pasión y los celos son sólo dos lados de un triángulo en el que el sentido de pertenencia completa la figura. Y es que los celos pueden definirse como un sentimiento que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se tiene y aún más, lo que se pretende tener. En otras palabras: que la persona depositaria de nuestro afecto mude su cariño poniéndolo en otra; lo que genera una sensación de malestar, angustia, tristeza y rabia. El rasgo más acusado de una persona celosa es la permanente desconfianza en la pareja, que va minando poco a poco la relación, pudiendo incluso acabar con ella.

“Los celos son una vivencia emocional que, dependiendo de la intensidad, puede volverse algo patológico”, explica la psicólogo y psicoterapeuta Urimare Castillo. Sin embargo —y al igual que sucede en otros casos— este sentimiento puede tener una connotación positiva en la medida en que nos llevan a cuidar lo que tenemos: “se es celoso / cuidadoso de lo que para nosotros es importante”, apunta la especialista. De hecho, una de las definiciones que la Real Academia Española atribuye al celo es “cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo”. En este sentido y manejados de forma correcta, los celos pueden contribuir al mantenimiento de la relación de pareja. Y como casi todas las otras experiencias afectivas difíciles, pueden propulsar el crecimiento personal, convirtiéndose en el primer paso de una enriquecida conciencia de sí mismo y
de una mayor comprensión tanto del compañero como de la relación.

Sentimiento, pensamiento y conducta
Como sentimiento inherente a la naturaleza humana, los celos surgen de manera automática y espontánea cuando la persona se siente amenazada, si bien no siempre el peligro es real. Los cambios repentinos en el comportamiento del compañero —su forma de vestir o actuar, el establecimiento de nuevas rutinas, las desapariciones inexplicables y el aumento de la frecuencia de las reuniones de trabajo o con amigos— pueden actuar como detonantes. “Cuando la emoción crece en intensidad y el miedo se transforma en terror de perder a la pareja, los celos se vuelven enfermizos o patológicos —apunta Castillo—; los pensamientos de infidelidad se tornan recurrentes y todo se vive como amenazante del vínculo amoroso, pudiendo llegar incluso al delirio (es decir, a la pérdida de la conciencia de lo que es real)”.

Las conductas más comunes son un apego excesivo al otro y un sentimiento de posesión exacerbado, un deseo morboso de información (circunstancias de la otra relación, quién es, dónde se ven, desde cuándo...) y un desmedido afán de control. El celópata busca minuciosa e incansablemente las “pruebas” de la infidelidad en la ropa, las carteras y maletines; revisa el celular, el correo electrónico y los estados de cuenta de las tarjetas de crédito del compañero; le llama constantemente para saber dónde está y qué está haciendo, le sigue o aparece de imprevisto en los lugares que éste frecuenta con el objeto de capturarlo in fraganti. Cuanto más le persigue, más se siente impulsado el otro
a demostrar su autonomía, esforzándose en alejarse y no dejarse obligar; y cuanto más lo hace, tanto más busca el celoso reclamarle como posesión propia y limitar su libertad de movimientos y de sentimientos. La víctima de los celos se transforma entonces en victimario.

Si bien podría afirmarse que se trata de un sentimiento universal, existen algunas diferencias socioculturales y de género. Las mujeres y los hombres son igualmente celosos, pero lo experimentan de manera distinta: ellas, por su papel de “receptoras” y creadoras naturales del vínculo (relación madre-hijo) son celosas afectivas, mientras que ellos —“dadores”— son celosos sexuales. “Los hombres, por lo regular, no perdonan las infidelidades, si bien hoy esto ha cambiado un poco porque la mujer ya no está reducida a la sexualidad”, apunta
la psicoterapeuta. En cuanto a ellas, “no es lo mismo enterarse de que fue infiel con una prostituta, o con una mujer que conoció en un viaje y que no vio más nunca, que con alguien que conoce, porque la mujer sabe —en su conciencia afectiva e intuitiva natural— que allí es donde está el peligro de perder su afecto.”

La forma de reaccionar es otra variante: ellas son más histriónicas —lloran, lanzan improperios y amenazas— mientras que ellos suelen ser violentos y más agresivos físicamente (golpes, forcejeos y hasta homicidios). Podría decirse entonces que cuando nos mostramos celosos experimentamos sensaciones inherentes a nuestra condición de seres humanos y a la vez, manifestamos un comportamiento adquirido y heredado de nuestra cultura y modus vivendi.

Hasta cuándo y hasta dónde
Un poco de celo o cuidado de la relación amorosa podría considerarse una actitud saludable, en tanto contribuya efectivamente a mantener y fortalecer el vínculo de pareja. Sin embargo, Castillo advierte que hay que estar atento a los niveles de intensidad: cuando la sesión
de inseguridad con respecto a la relación aumenta de manera recurrente toca hacer un trabajo reflexivo y de revisión. ¿Qué está pasando? ¿Qué cambios hay en mi vida que me hacen sentir así? Luego comienza un proceso de diferenciación —que tiene que ver con el individuo y con la pareja— que permita asumir una actitud que sea una respuesta más congruente con la realidad. Las actitudes propias de los celos enfermizos (control excesivo, persecución, amenazas) no son una forma efectiva de impedir la infidelidad sino por el contrario, resultan infructuosas y hasta contraproducentes. Si la amenaza es real, hay que revisar la vigencia de la relación. La confianza y
la comunicación son las mejores herramientas para subsanar el desencuentro.

¿Cuándo se debe solicitar la ayuda de un profesional? Cuando el individuo ya no puede funcionar en su cotidianidad —explica la psicoterapeuta—. “El celópata pierde su libertad, porque toda su energía —sentimientos, pensamiento y acción— está puesta en cuidar al vínculo, en protegerlo. En cuanto al objeto de los celos, se siente atosigado, asfixiado, totalmente perseguido y también se enferma. Los niveles de ansiedad aumentan en ambos y la dinámica de pareja se llena de miedo y de culpa”, señala.

Los celos pueden manifestarse en áreas distintas a la sentimental, como son la familia y el trabajo, si bien sus principios básicos son similares. Cómo y dónde se depositen obedecerá a los recursos emocionales y estructuras particulares de cada individuo. Las personas inseguras o frágiles psíquica y emocionalmente son más proclives a los celos enfermizos o patológicos.


QUÉ HACER

›› Si es víctima de un ataque de celos, actúe de inmediato:
›› Comunique sus sentimientos a su pareja especificándole claramente cuáles son las conductas que le ponen celoso.
›› Hablen cuanto sea necesario pero evite la presión. Se trata de saber qué ocurre en la realidad y cotejarlo con su percepción de los hechos.
›› Descarte las amenazas y las agresiones de cualquier tipo.
›› Si se trata de un pensamiento irracional, apóyese en la realidad y destiérrelo definitivamente.
›› Contar con la ayuda del otro facilitará el proceso, pero no olvide que también es un afectado. Deben comprenderse y apoyarse mutuamente.
›› Observe por un tiempo su actitud hacia la otra persona para comprobar que los celos han desaparecido.
›› Fortalezca el diálogo continuo, la confianza y el contacto amoroso: son los mejores instrumentos para superar el desencuentro y los celos.
›› Acéptese, confíe en sí mismo y trabaje en su seguridad y autoestima.
›› Si sufre un cuadro agudo de celos o se siente incapaz de manejarlo por sí mismo solicite ayuda profesional.
›› Si el motivo de sus celos es real, plantee la situación a su pareja. Quizás sea tiempo de separarse.

TRIÁNGULOS

Cualquier amenaza para la relación de pareja puede desencadenar los celos:

El trabajo: puede generar malestar por varias razones: el tiempo que se le dedica, las relaciones con personas del sexo opuesto que pudieran resultar atractivas o por competencia profesional (quién de los dos es más exitoso).

La familia: las relaciones suegra-nuera y suegro-yerno pueden estar impregnadas por los celos. Si hay hijos de un matrimonio anterior, éstos compiten directamente por la afectividad del compañero y su “ex” puede convertirse en un fantasma que altere la tranquilidad del hogar.

Los amigos: pueden surgir celos en la relación con los amigos por tener un pasado en común con la pareja del cual no se forma parte. La competencia entre amigos también puede generar ruido en la pareja (él gana más dinero, ella es más bonita, su casa es más grande, etcétera).

El otro / la otra: cuando, efectivamente, existe un tercero es necesario hacer un alto y revisar la situación de pareja. Se requiere de valor, paciencia y comprensión para superar el hecho de la mejor manera posible.

 

 
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