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Fotos: Archivo |
Al igual que se puede vivir a plenitud una segunda relación, se puede
celebrar a plenitud una segunda boda. Sin importar las veces que se dé el SÍ,
un matrimonio siempre será motivo de celebración. La clave es sentirse feliz
Emil Salazar
Contraer segundas nupcias o casarse después de haber cumplido 40 debe significar un evento tan mágico y lleno de ilusión como quien se casa joven o por primera vez. Ser mayor, con una visión más clara de lo que se desea de la vida en pareja, resulta una gran ventaja. En cuanto a la boda en sí, la mayoría de las veces resulta ser un evento mejor pensado, con más libertades para los gustos de los novios y con menos pero los más cercanos invitados. Limitaciones que hay que tener en cuenta, muy pocas; la nueva oportunidad y el deseo de reconstruir el futuro personal y familiar opacan definitivamente cualquier vieja creencia y señalamientos de la sociedad.
Según la doctora Sonia Padrón, psicoterapeuta de Familia, "no hay que tener miedo a las segundas nupcias; el amor no tiene edad y se puede vivir a plenitud en cualquier momento". Para el ser humano no existen recetas ni tiempos medidos, sólo oportunidades que se presentan o la decisión que se tiene de rehacer el camino; la confianza, el respeto y el amor, en cualquier faceta de nuestra vida, es lo que hará funcionar un compromiso matrimonial, complementa la experta.
Es una boda, no un dilema
Las estadísticas indican que un gran porcentaje de personas divorciadas logran rehacer su vida y contraer nuevamente matrimonio en los tres siguientes años luego de haberse separado, y lo que más les cuesta es superar ese sentimiento de pérdida y fracaso porque en el primer intento no fue "para toda la vida". Cuando hay una ruptura del tipo que sea, explica Padrón, se necesita un tiempo para pensar y analizar lo que pasó, si no se correría el riesgo de ir cargando con la problemática anterior, hasta la nueva relación.
Una vez resueltos los conflictos internos y de haberse establecido con otra pareja -con quien se debe haber acordado ciertas reglas de convivencia para una vida armoniosa- la boda debe ser preparada como si fuera la primera vez. ¿Por qué no tener una gran fiesta o comprar el vestido de tus sueños? Si la decisión ya está tomada, lo mejor es que la pareja no dé tanta importancia a las miradas y los murmullos de quienes le rodean, y que lleve a cabo un acto según sus deseos.
Aunque la vieja etiqueta indica que las segundas nupcias y bodas maduras deben llevarse a cabo sin tanta festividad porque resultaría fuera de contexto, no son si no los novios los que deben escoger entre realizar una gran celebración o, por ejemplo, ahorrar dinero para un gran viaje o el mejoramiento del futuro hogar. Hay quienes más bien se sienten tan afortunados de haber encontrado el verdadero amor, que no escatiman en tener la boda que siempre soñaron.
En ese sentido, los pasos para organizar una boda no cambian: primero, visualizar el tipo de celebración que se quiere; luego, decidir la fecha, elaborar la lista de invitados, solicitar la documentación legal necesaria (partida de nacimiento, carta de soltería, acta de divorcio) y dirigirse a la prefectura más cercana; inmediatamente, arrancar en la búsqueda de presupuestos para la contratación del salón u otro espacio para una boda no convencional (playa, posadas, haciendas, etc.), agencia de festejo, servicios de catering, comida y bebidas, agrupación musical e invitaciones; finalmente, planificar la luna de miel, elegir los aros matrimoniales -aunque sólo se trate de una ceremonia civil- y demás detalles necesarios para la ocasión. De hecho, por qué no librarse de estrés y acudir a un wedding planner que no solamente ofrezca asesoramiento a la pareja sino que la libere de ese bulto de tareas que, seguramente, interferirá con su ritmo de vida actual, familia e hijos.
Por otra parte, pensar en segundas nupcias propicia un momento importante para la reflexión, para enfrentar con mayor madurez lo que se quiere y necesita como ser humano en un nuevo punto de partida. Entonces hay quienes prefieren celebrar una boda mucho más íntima y quizás emotiva, en compañía de un petit comité y sin mucha parafernalia. Por supuesto, en estos casos la organización y el tiempo invertido en los detalles se simplifica. En conclusión, el tipo de boda debe ser producto de una decisión personal, y sólo dependerá de la negociación y el acuerdo de lo que aspira la pareja, sin tener que complacer al mundo que les rodea.
A saber
Para que la pareja pueda anunciar su matrimonio, es necesario que ya estén legalmente divorciados. En cuanto al
anillo de compromiso, dice el protocolo que la mujer podrá aceptarlo, pero no usarlo en público hasta que su situación legal o la de su prometido esté clara definitivamente, y ambos seguros
de su decisión. Ya estando divorciadas,
se supone que las personas podrán celebrar una boda a su antojo. Sin embargo, también hay que mencionar
que no conviene -por tacto y buen gusto- intentar opacar la primera boda.
Ahora bien, si la novia se casa por
primera vez con un divorciado, son
menos las restricciones para el tipo
de celebración, aunque lo ideal sería adaptarse a las necesidades
emocionales de la pareja.
"Hay detalles como el traje blanco y las damas de honor que ya son un extremo, pero se puede perfectamente hacer una fiesta, compartir con los amigos y el grupo familiar, disfrutar de estar iniciando una vida nueva" dice la especialista.
Si la novia ya ha estado casada y tiene hijos, el compromiso suele anunciarse informalmente, dependiendo de su carácter y personalidad. Y siempre que haya hijos de por medio, deben ser los primeros en enterarse; por ello la importancia de ir involucrándolos en la relación de pareja, así será más fácil explicarles sus sentimientos y que los acepten. Resulta vital hacerles entender que la nueva pareja no viene a reemplazar a su padre o madre, y que tampoco esta persona cambiará su relación. Lo recomendable es promover un acercamiento afectivo entre ellos así como una relación respetuosa.
"Si hay hijos, la nueva persona nunca suplantará a sus padres biológicos, en la medida que estos respondan adecuadamente, por lo que hay evitar cualquier tipo de competencia o protagonismo con la familia y sobre todo con los hijos de la nueva pareja, y sensibilizarse con sus sentimientos al momento de realizar la boda", expresa Padrón.
Cada familia es totalmente diferente, así que comunicar lo que quiere la pareja es esencial. Desde el afecto que se siente hacia la persona que se escogió, hasta los pormenores de lo que será la celebración, pueden discutirse e incorporar a los hijos y familiares más allegados.
¿Casarse de blanco?
Bajo las circunstancias que sean, una novia siempre será una novia. El vestido que usará, por ejemplo, debe ser como ella sueña que sea. Sin embargo, los expertos dicen que aunque se trata de una decisión muy personal, la novia siempre debe considerar su edad y el tiempo que ha transcurrido desde su primer matrimonio, si fuera el caso, como también el lugar donde será la boda, si será una ceremonia formal o informal.
El color blanco representa tradicionalmente la pureza y virginidad de la novia, y si se rige por ese significado pues para un segundo casamiento no debería vestirlo. Pero como tampoco está prohibido, si le gusta e ilusiona mucho llevar este color, lo sugerido es que el modelo no sea tan formal (muy largo, con armador o velo). La ventaja es que hoy en día se han modernizado tanto los vestidos de novia, que algunos hasta podrían llevarse en ocasiones distintas. Para las que de entrada obvian el blanco, el beige o los colores pastel son una buena opción.
Señas
Sonia Padrón, Psicóloga y Psicoterapeuta Familiar.
Centro Profesional Santa Paula
Teléfonos: 985.0955 / 987.0501
| Tomar en cuenta |
No hay mejor ocasión para sentirse feliz que haber encontrado nuevamente el amor. Pero si hubiera algún sentimiento de culpa por la experiencia anterior, aquí unos tips que pueden ayudar:
» Si el tema religioso es muy importante para la pareja, y no puede contraer nupcias por la iglesia, pueden acercarse a su sacerdote de confianza y conversar sobre la importancia de la relación matrimonial o bien asistir nuevamente a cursos prematrimoniales.
» Acudir a la amplia literatura sobre las dificultades y el reto que significa estar casado puede ayudar a la pareja a prepararse para enfrentar una segunda vida en matrimonio.
» Tan pronto tomen la decisión de casarse, comuníquenla a sus hijos, familiares y amigos cercanos. La pareja debe expresar sin miedo lo que siente sobre esta nueva ilusión y sus expectativas personales.
» No detenerse a pensar qué pensarán los otros; por el contrario, enfocar todas las energías en el amor y compromiso que les lleva a una segunda boda.
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