Ese gran día de Blanco
En Venezuela, el cenit de todo desfile de moda llega con la aparición del traje de novia. Esto indica la importancia de esta faceta del diseño, de allí que nuestros hacedores de moda den tanta importancia a la creación de trousseau nupcial. Mayte Navarro

1. Modelo inspirado en la
Princesa Grace de Mónaco
2. Consuelo Vanderbilt,
desposada por el Duque
de Marlborough
3. Vestido nupcial inspirado en Consuelo Vanderbilt
4. Simplicidad y elegancia caracterizan este traje
5. Grace Kelly, una de las novias más bellas y recordadas de la historia
6. Jacqueline Bouvier Kennedy, buen gusto e
indiscutible estilo
7. La espalda es bellamente enmarcada con este diseño
La alta costura tiene en el segmento de las novias un capítulo especial, ya que permite ciertas fantasías creativas, se pone a prueba la capacidad de interpretar la personalidad de la clienta por parte del modista y representa una interesante fuente de ingresos para el taller.
Las llamadas bodas del año o del siglo, como suelen calificarse las de los miembros de las casas reales, estrellas de cine y celebridades, tienen en el vestido de la contrayente el punto focal y los modistos se han visto en la necesidad de guardar, bajo estricto secreto, los detalles del traje matrimonial. En estos tiempos los integrantes de los talleres de alta costura deben firmar cláusulas de confidencialidad con el fin de mantener el gran secreto y no tentar la suerte, pues bien se sabe que ver el arreglo antes del día de la boda resulta de mal agüero para la novia; por eso se castiga cualquier indiscreción, tanto del diseñador del traje como la de algunos de los trabajadores del taller.
La moda nupcial ha ido cambiando con el tiempo y se ha convertido en expresión de cada época. Las desposadas venezolanas, al igual que las del resto del mundo, y desde siempre, han querido para ese momento algo especial, que pueda ser recordado. Es el traje que representa la ilusión y sobre él estarán posadas todas las miradas, bien sea en la iglesia, la sinagoga o el registro civil.
Al buscar referencias sobre los trajes de boda durante la Colonia no se encuentra gran cosa; sin embargo debe intuirse que este tuvo la influencia española. El historiador y estudioso de nuestros años coloniales, Carlos F. Duarte, en su libro Historia del traje durante la época colonial venezolana explica que las mujeres blancas tenían indumentarias especiales para ir a la iglesia, por lo que la moda nupcial debía estar regida por esas normas.
Mantillas, encajes y peinetas marcaban la usanza en el siglo XIX. Con la reactivación del comercio exterior y la emigración también llegan telas, encajes, revistas de moda, llamadas figurines que dejaban testimonio de lo que se llevaba en Europa.
En esos días, las costureras fueron las encargadas de interpretar los deseos de las futuras esposas. En sus máquinas Singer cosían encajes de Bruselas, rasos y tafetanes. El tul siempre quedó reservado para el velo, se llevó largo y descendía hasta la cola, que sin lugar a dudas fue un símbolo de estatus.
La moda marca a las desposadas
En 1910 el blanco entró definitivamente como el color para desposarse. Ya las páginas sociales daban fe de los enlaces como el gran acontecimiento familiar. De manera escueta describían el traje, pero no fue sino bien entrado los 60 cuando comienza a detallarse el atuendo, gracias a las fotografías que ilustraban los reportajes, que la curiosidad del lector podía darse por satisfecha.
Si a principios del siglo XX los trajes eran largos, en 1920 las novias reflejaron las nuevas libertades al subirse el ruedo y dejar las piernas al aire. Una de las elegantes de esa década fue Lolita Zavarce, quien llevó un atuendo igual al que se seguía en París: falda a la rodilla y largo velo de tupido encaje.
En los años 30 el vestido se vuelve a alargar, lo que se impone hasta nuestros días. Las novias que desfilaron por la nave central de las iglesias de La Pastora, Catedral y Altagracia llevaban una línea más pegada al cuerpo, destacaban las mangas abullonadas y el satén como materia textil que se adaptaba al cuerpo y daba un aire de sensualidad. En los accesorios, los guantes resultaban obligatorios.
Elegancia regida por el blanco
Entre los nombres conocidos en los años 40 está el de Berta van Steni, quien trabajó los modelos rígidos de esa década, donde el raso comenzó a apoderarse de la figura femenina. A finales de esos años, con la llegada de la paz después de la II Guerra Mundial, regresan los bordados y las grandes colas. Otros nombres comienzan a circular entre las caraqueñas cuando hablaban del atuendo nupcial: Rosita Roura de Carrillo y Rafa Martínez, quienes junto con Luisa Ferrari, tía de Piera Ferrari, acaparaban la clientela de las jóvenes desposadas. Eran trajes importantes con mucha tela. Hay que subrayar que en aquel entonces en las recepciones sociales de bodas no se bailaba y hasta surgió un dicho que rezaba: "Matrimonio bailado, matrimonio llorado".
Hubo novias que después de ver a Linda Christian con un traje de cola catedral quisieron imitarla. Pero una de las mujeres que más ha influenciado en las venezolanas ha sido Grace Kelly, quien representó el sueño de muchas de ellas. El vestido de la esposa de Rainiero lo diseñó Helen Rose, una obra con delicada sobriedad. Hoy todavía sigue inspirando las creaciones de más de una desposada.
La influencia de Dior llega a Venezuela a través de su tienda y aunque no hay registros de alguna novia nacional vestida por el padre del New look, sí fue fuente de inspiración para las novias y los hacedores de sus trajes.
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Maquillaje dramático y muchas flores llevaron las novias en los '70 |
Las faldas amplias y con mucho volumen caracterizaron los '80 |
El minimalismo y el clasicismo
rivalizaron en los '90 |
Originalidad con marcha nupcial
Para los años '60, en plena vigencia de la minifalda, surgieron los sentimientos de renovación, lo que da un giro al arreglo de las novias venezolanas. Líneas rectas, trajes étnicos, flores en el tocado, en el traje y en el bouquet. El rasimir aparece como nuevo tejido que se combina con guipure. Cabe destacar que en esos años el velo se acortó y aumentó de volumen, lo que no siempre resultó elegante.
Berta Oráa es otro de los nombres que se sumaron a la lista de hacedores de trajes nupciales de mediados del siglo pasado. De su taller salieron modelos enterizos, marcados por las líneas rectas. Allí también se dejó sentir Piera Ferrari. Bajo ese concepto de sencillez y depuración, la señora Ferrari confeccionó el vestido de Carmen Luisa Torres Núñez, campeona nacional de golf.
En esa década los botones se convirtieron en adornos y los trajes adquirieron cierto aire infantil, subrayado en el más vintage de todos los diseños, el cuello Peter Pan.
Las casas norteamericanas representaban otra interesante opción para ese gran día. Así lo hizo María Cristina Granier Haydon, quien escogió su arreglo en una de ellas.
En los '70, década de libertades, Guy Meliet ganó espacios, le dio un giro al diseño de los trajes nupciales e impuso su estilo a lo Balenciaga. Uno de sus diseños marcó época en aquellos años: lo llevó Isabel Cecilia Silva Pacaníns cuando se desposó con Gustavo Reyna Parés.
Los tocados dejaron de ser nubes de tul para centrarse en los estilo turbantes. María Eugenia Boulton Guzmán lució una cofia adornada con un lazo. También se llenaron de flores. En cuanto a los vestidos, predominaron los cortes arquitectónicos y simétricos. En esa época también aparecieron los trajes que recordaban hábitos religiosos.
Entonces ganan importancia social las segundas nupcias, que comenzaron a considerarse tan importantes como las primeras. Una de las más elegantes, en 1974, la protagonizó Ticky Atencio, quien llevó una pamela espectacular.
La capilla Nuestra Señora del Carmen se convirtió en la preferida de las más elegantes de Caracas. Hasta su altar llegó Teresita Machado Uzcátegui con un traje firmado por Meliet, combinación de raso y crepé, tela que se imponía entonces. Este francés también incorporó el terciopelo. Piera Ferrari tomó para sí las telas bordadas, género que continúa manejando con maestría.
Retorno de lo clásico
Llegaron los '80, década que acompaña la opulencia. Los vestidos volvieron a ser muy elaborados y es ahí cuando los diseñadores de moda dejaron puerta abierta a su creatividad y con ella aparecen los volados de las mangas, del ruedo y el cabello largo adornado con flores naturales y muy frescas.
Leonor Mendoza Jiménez ilustra una página entera de El Universal. Así se pudo detallar su original atuendo: su vestido se caracterizó por la amplitud de la falda y la riqueza del encaje; su tiara nació de un broche antiguo de diamantes.
Leonardo de Armas, quien desde los '80 diseña trajes de novia, señala que el uso de las prendas en éstas es limitado: "Debe llevar unos zarcillos que pueden ser una joya familiar. Nunca deberá usar fantasía". También recuerda que el primer vestido que hizo costó 40 mil bolívares.
Continúan los encajes, que destacan en los cuellos estilo capa o con transparencias. Ejemplo de ello es el que llevó Ana Beatriz "Nitu" Pérez Osuna. Las hombreras las introduce Meliet, así como las mangas cuya curva se alzaba dándole un aspecto alado. Las faldas amplísimas, con mucho volumen caracterizaron esta década.
El fin de siglo
Ana Julia Thompson es una de las diseñadoras que se perfiló entre las preferidas de las casaderas. Sus hijas, Mariana Sucre y María Eugenia Ugueto son algunas de las niñas que vistieron trajes salidos de su taller.
Para ella, si los '80 fueron años de opulencia en la gala nupcial, los '90 representaron una confusión velada. Se vivió una despedida a lo voluptuoso para pasar a lo minimalista, que no sólo se vio en las líneas sino en el uso de materiales como el chifón. El encaje seguía vigente.
Ángel Sánchez es otro de los nombres que se suma a este corolario nupcial e hizo de la cibelina una de sus telas aliadas, además de ser el dueño de uno de los escasos capítulos de color de la última década del siglo XX con el traje que diseñó para Elsa de Lemus, en verde manzana y de clara inspiración medieval. También usó el blanco plata y bordó con hilos dorados unos cuantos de sus modelos. Impuso el calado de cintas que otros imitaron.
Ana Julia recuerda que hace su aparición el trabajo con transparencias que marcaron el escote y los hombros. También hace referencia a cierta contradicción que apareció en los '90, ya que se quería romper con lo rígido pero no abandonar lo clásico.
Jennifer y Jennie Gramcko, madre e hija, tuvieron éxito en los '90 gracias a sus vestidos que engalanaron con detalles de lujo, como la flor de lis. Dos novias hicieron historia con sus trajes: María Fernanda Vaamon-de Gómez, quien llevó un vestido de Vera Wang y Claudia Cisneros Fontanal, con un versátil modelo exclusivo de John Galliano.
Y llegó el tercer milenio
Con el 2000 se dejan atrás los armadores y se regresa a un clasicismo en las líneas. Piera Ferrari continúa dueña y señora de las grandes bodas. Sus encajes franceses los trabaja en vestidos con evidente caída. La superposición de los géneros da riqueza a las creaciones.
Los tonos van desde el beige al off white. La sencillez determina la elegancia. Muchas novias siguen utilizando el velo. Lo romántico marca las creaciones y los detalles son más arriesgados. Puede haber un gran lazo como único detalle. Los strapless siguen vigentes, especialmente cuando se busca realzar la figura.
Hoy las novias venezolanas buscan escenarios diferentes (Margarita o Los Roques), lo que exige un vestido vaporoso, con el que se sientan cómodas sin dejar de ser las más bellas de la fiesta.
Al revisar el álbum de fotos, la novia debe representar
una época pero no verse como un disfraz
| IMPRECINDIBLES |
Cuando se revisan los nombres que le han dado soberanía a los trajes de novia surgen dos que son esenciales: Guy Meliet, quien dejó una obra que incluso ha trascendido, pues en algunas ocasiones se ve que sus vestidos son heredados y pasan de una generación a otra sin perder personalidad ni factura. Meliet creó un estilo que se adaptó a los gustos de las caraqueñas y
utilizó recursos que calzaron con las tendencias barrocas de los años '80.
La otra hacedora de trajes de novia sigue al frente de su taller. Ella es Piera Ferrari, ganadora de la Aguja de oro. Piera ha dado muestras de su genialidad creando diseños que han pasado de lo clásico a lo
moderno sin perder la elegancia que la caracteriza. Líneas y textiles hablan de una profesional que no sólo domina los secretos del diseño, sino que es una maestra del corte y la costura, además de lograr que sus trajes se identifiquen plenamente con la novia, lo que se traduce en una protagonista bella y feliz. |
| INTERNACIONALES |
Carolina Herrera y Ángel Sánchez son los venezolanos que han vestido a las celebridades.
En la lista de Herrera aparecen Caroline Kennedy, Mariska Hargitay, Renée Zellweger y Diana Alvares Pereira de Melo, duquesa de Cadaval y esposa de Carlos Felipe de Orleans. Para la diseñadora lo importante es que un vestido para ese día tan especial sea
espectacular pero a la vez cómodo. Su colección más reciente deja ver a una novia sofisticada; abundan las plumas y lentejuelas.
Ángel Sánchez, quien también está residenciado en Nueva York, ha vestido a novias de la alta
sociedad venezolana y fue el
encargado del traje nupcial de Eva Longoria, y que le dio la vuelta al mundo. La colección 2009
presenta trajes sencillos pero con detalles que los hacen únicos. Nada de armadores pero sí cortes que destacan la figura.
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