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revista Estampas
Caracas, sábado 14 de julio de 2007   

Los míos, los tuyos
y los nuestros


Hogares que se mezclan: padrastros, madrastras o medios
hermanos que conviven. Las familias reconstituidas son cada
vez más frecuentes en la  actualidad, pero no por comunes
son fáciles de manejar. Aquí algunas recomendaciones.

Irene Carrasquero

Foto: www.latinstock.com.ve/corbis/ Jean -Michel Foujols

Con el divorcio no termina la familia. Muy por el contrario, es bastante probable que, superados los estragos de la separación, cada integrante de la pareja busque establecer nuevas relaciones, lo cual ha dado paso a un concepto moderno, cada vez más común: las familias reconstituidas.

La psicóloga Dora Vera de Restrepo, especialista en desarrollo infantil, explica que una familia reconstituida se forma cuando un hombre y una mujer, ambos (o uno) con hijos de un matrimonio anterior, deciden unirse. A raíz de esta decisión se inicia una relación estrecha, muchas veces de convivencia, no sólo entre este hombre y esta mujer, sino entre cada uno de ellos y los hijos del otro y entre los hijos de uno y los hijos del otro. Y pronto, entre los hijos de cada uno y los hijos comunes que muy probablemente nacerán. Plantear la situación es de por sí complicado. Vivirla lo es todavía más; todo un desafío.

Las relaciones familiares, por íntimas y profundas, son inmensamente significativas y tienden a complicarse. Qué decir de los desafíos que deben enfrentar quienes conviven, sea permanentemente o por períodos, con hermanastros, madrastras o padrastros que, sin haberlos elegido, son ahora parte de la familia.

A juicio de la especialista, uno de los rasgos que diferencia a estas familias reconstituidas de hogares originales, en los que todos son hijos de un mismo padre y una misma madre, es que los vínculos afectivos no surgen instantáneamente y pueden tomar mucho tiempo. “Es importante respetar el ritmo de cada uno de los integrantes de estas familias y entender que a través de la fuerza y la imposición no se establecen los mejores lazos”.

Para ello, hay algunas claves fundamentales que pueden marcar la diferencia entre el armonía en las relaciones y una cadena interminable de conflictos.
La especialista habla de ellas.

La comunicación

“Una de las variables fundamentales a considerar en todo sistema familiar, y muy especialmente en las familias reconstituidas, es la comunicación. En la medida en que ésta sea más efectiva y clara va a haber menos problemas”.

Explica Vera que existen distintos niveles de comunicación, todos imprescindibles, aunque no siempre bien establecidos. El primero y fundamental es el que debe haber entre los cónyuges. “La pareja debe tener una idea clara de qué espera de sus hijos, de los hijos del otro y de los hijos comunes, y saber cuáles son los valores fundamentales que rigen a cada quien”. Y averiguar esto sólo se logra con un buen sistema de comunicación.

También es importante la comunicación entre los padres y sus hijos biológicos e hijastros, así como entre los hermanos biológicos y entre ellos y sus hermanastros y medios hermanos. “En toda esta red hay que establecer códigos caracterizados por la claridad y la verdad”.
La comunicación es, pues, el primer escalón hacia el éxito de este nuevo núcleo familiar reconstituido.

La madurez

Uno de los errores frecuentes de las parejas que deciden unir sus vidas y las de sus hijos es pretender que todos se lleven bien de forma automática. Pero la realidad es otra.
Los vínculos van surgiendo y, contrario a lo que podría pensarse, mientras más contacto haya, más probable es que los conflictos se vayan resolviendo y las relaciones sean más armoniosas.

Es aquí donde entra en juego la madurez, especialmente de los adultos. Madurez para entender que la situación que se presenta puede no ser fácil y que es inútil forzar las relaciones entre los miembros de esta nueva familia. Madurez para esperar, con paciencia, a que la armonía se vaya alcanzando poco a poco, a fuerza de contacto y sin presiones. Madurez para no desesperar ante los conflictos, aprender de ellos y darles su justa medida.

“Otra cosa importante es que los adultos no deben esperar mucho reconocimiento y gratitud de parte de los hijos, sean biológicos o hijastros”. Cuando los adultos enfatizan en los hijos todo el esfuerzo que han hecho por ellos, reclamando recibir algo a cambio, no logran acercamiento sino rechazo. “Los padres deben simplemente dar y la sensación de estar haciendo lo correcto debe ser su mayor recompensa. En la medida en que dan seguro van a recibir, siempre respetando los tiempos de cada miembro de la familia”.

Este desprendimiento de todo lo que pueda sonar a agradecimiento requiere mucha madurez de parte de los padres, pues como humanos, todos necesitamos algo de gratitud y reconocimiento, especialmente cuando de los hijos se trata.
“Se puede dar el caso también que los hijos compitan con el nuevo cónyuge por
la atención y el cariño del padre o la madre”. Aquí viene nuevamente la madurez
a jugar un papel fundamental. Es el padre o la madre, como adulto que es, quien debe entender que estos celos son, hasta cierto punto, normales, y darse cuenta de que no tiene por qué competir. “En la medida en que los hijos vean más generosidad en el nuevo cónyuge del papá o de la mamá, tendrán una actitud menos defensiva”.

Otro aspecto importante es el entendimiento entre los cónyuges actuales y los anteriores. “La mayor muestra de madurez de un adulto en una familia reconstituida es tener una buena relación con los padres originales de sus hijastros”. Es muy positivo para los hijos que existan relaciones cordiales entre todos los adultos que tienen que ver con su núcleo inmediato. Pero, lamentablemente, esto no siempre sucede y son los hijos quienes terminan pagando las consecuencias del desentendimiento entre padres biológicos y padrastros.

El respeto

Es un principio fundamental de toda relación que cobra especial importancia en las familias reconstituidas. “El respeto debe estar siempre presente, independientemente de la situación o el conflicto”.

Explica la especialista que cuando las familias reconstituidas conviven en el día a día hay más probabilidades de que haya conflictos, aunque igualmente hay más oportunidad de irlos resolviendo. “En el compartir diario todos tienen más tiempo de trabajar sus diferencias y crear mayores lazos de afecto y solidaridad en la medida en que éstas se van solventando”.

Pero con los enfrentamientos aumentan también las posibilidades de que se pierda el respeto. Por eso, este valor cobra especial significado y debe estar siempre en el tope, pues es un soporte básico sin el cual es difícil resolver problemas y lograr la armonía.

Normas claras

“No hay nada mejor para cualquier niño que tener normas claras. Esto le da mayor seguridad, libertad y claridad para desenvolverse. Mientras las normas sean precisas y coherentes y se hagan cumplir de una manera lógica y fluida, los niños se ajustan. Por el contrario, lo peor en una relación, y más en este caso de familias reconstituidas, es la incertidumbre”.

Una vez que los padres deciden unir a sus familias deben, antes que nada, propiciar un proceso de conocimiento previo entre los miembros que van a convivir, de manera de poder anticipar de alguna manera la situación. “Después, es necesario que establezcan claramente las condiciones en las que van a vivir y definir qué esperan de sus hijos”, explica Vera. Y durante la convivencia, deben estar muy alerta e ir estableciendo los puntos claramente, sin dar por hecho que todo va a ir bien de una vez.

“Además, es fundamental que haya coherencia entre papá y mamá en cuanto a normas, pues, de lo contrario, la posibilidad de conflictos se incrementa al máximo”.

Pero la coherencia no siempre se logra. Una de las situaciones en la que más problemas se presentan debido a las normas es cuando los hijos de uno de los cónyuges, casi siempre del papá, van a pasar temporadas en el nuevo hogar. “Los conflictos aparecen porque es muy común que este papá (o esta mamá, aunque es menos frecuente) que recibe a sus hijos y que no siempre los tiene con él, decide no aplicar las mismas normas que rigen en el hogar para los hijos que viven en él. Esto termina generando grandes problemas tanto con los hijos que están en casa como con el otro cónyuge”.

Las normas, dependiendo lógicamente de las edades, deben ser las mismas en el hogar para todos los hijos: los que viven allí y los que vienen a pasar temporadas, sean hijos de papá o de mamá. “Es imprescindible establecerlas desde un principio, al tiempo que se respetan y validan las normas del otro hogar, sin descalificarlas”.

Un espacio propio

Lo ideal cuando se trata de recibir a los hijos de uno de los cónyuges en el hogar es que ellos tengan su propio cuarto y su espacio particular. Sin embargo, es muy frecuente que esta posibilidad no exista, pues normalmente no se cuenta con tales comodidades.

Sin embargo, hay alternativas que pueden solucionar el problema. Lo importante es que cuando estos hijos lleguen tengan un espacio específico, destinado para sus cosas, como una gaveta o un clóset. Un sitio reservado para ellos que les
dé la sensación de pertenencia y la seguridad de que los están esperando.
“Si cuando el niño llega no hay espacio para él ni para sus cosas, seguramente
se dará cuenta y muy probablemente lo va a tomar como una agresión”.

Entre divorciados

Lo que no se debe hacer:

›› Predisponer a los hijos en relación con el cónyuge nuevo, descalificándolo o culpándolo del fracaso del matrimonio, sólo va a producir mayor angustia en ellos

›› Exagerar lo mucho que se va a extrañar al hijo cuando está por un período con su papá o su mamá le puede hacer sentir que está siendo desleal con el progenitor que deja, además de que le va a impedir ser feliz y disfrutar ese tiempo

›› Poner a los hijos de espías o mensajeros los hace sentir que están siendo utilizados

›› Intervenir en las peleas entre hermanos, hermanastros o medios hermanos les impide
a ellos mismos resolver sus diferencias, haciendo más bien que se profundicen los celos
y la rivalidad

›› Establecer alianzas entre padres biológicos y sus hijos, dejando por fuera al padrastro, la madrastra o los hermanastros, promueve triangulaciones dentro del núcleo familiar
y genera guerras internas

›› Hacer diferencias entre los hijos que vienen y los que viven en casa crea rivalidad
y conflictos entre ellos

 

Señas

Dora Vera. Psicólogo y especialista en desarrollo infantil. Alternativas
para el Desarrollo. Av. Mohedano, cruce con calle El Bosque, quinta
El Jabillo. La Castellana
Telfs.: 261.6182 / 265.4135

 
 
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