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Comunicación interferida
Aunque no es capaz de articular palabras, un infante tiene necesidades de comunicación que satisface, en los primeros meses, a través de la mirada, el llanto, la risa y los gestos. Pero a veces, este proceso puede verse afectado. Veamos cómo detectarlo y corregirlo Irene Carrasqueño
Foto: Archivo
Una mirada atenta al incipiente proceso comunicativo de un bebé, especialmente en sus primeros 12 meses de vida, permite detectar posibles fallas que, corregidas a tiempo, garantizan un futuro de relaciones sociales sanas y eficientes.
Amelia Carrasquero, terapista de Lenguaje y Comunicación, explica qué esperar de un pequeño desde el punto de vista del lenguaje y cómo enfrentar cualquier indicio de problemas en esta área.
La etapa prelingüística
Durante el primer año de edad, el niño desarrolla un lenguaje propio de señales y gestos, sin palabras todavía articuladas, que cubren su necesidad de comunicarse y satisfacen sus solicitudes más básicas.
Esta etapa, a la cual se le conoce como prelingüística, es de importancia vital en el proceso comunicativo, pues en ella se sentarán las bases para el desarrollo de esta área y es cuando puede detectarse —a tiempo— cualquier falla. Durante esta fase, el lenguaje pasa por tres períodos muy bien diferenciados que los padres deben conocer:
La comunicación refleja
Se da desde que el bebé nace hasta los tres meses. Durante este período, el recién nacido interactúa con los demás de una manera totalmente inconsciente y refleja, gracias a un mecanismo innato con el cual todos nacemos. “El bebé se comunica con los demás y acepta a la gente, pero no está consciente de ello”.
La comunicación preintencional
Es el segundo período de la etapa prelingüística, que va desde los tres hasta los ocho meses de edad. “En esta etapa, el bebé no tiene conciencia de que quienes lo rodean van a satisfacer sus necesidades, pero lo toma en cuenta. Él ya tiene idea de que su conducta afecta a los demás”.
La comunicación intencional
Se da desde los ocho meses hasta el primer año de edad, y es cuando el niño toma plena conciencia de que él afecta a los demás y viceversa. “Es entonces cuando normalmente aparece la palabra”.
¿Qué esperar en el primer año?
Aunque pueden variar entre un niño y otro, las conductas esperadas en la etapa prelingüística están muy bien definidas.
Durante el período de comunicación refleja (de 0 a 3 meses), el bebé debe ser capaz de comunicarse a través del llanto, el movimiento del cuerpo y la sonrisa.
“Lo normal es que produzca ciertos sonidos vocales y guturales para demostrar satisfacción o incomodidad. Además, durante la toma del pecho o tetero, ya debe hacer contacto visual”.
Ya en el período de comunicación preintencional (de 3 a 8 meses) comienza a verse una evolución clara de la interacción y se incorporan conductas determinantes para el futuro desarrollo comunicativo. En este lapso comienza a darse la toma de turnos en la interacción (el bebé es capaz de esperar mientras el otro responde) y la atención compartida (alterna el contacto visual con un adulto, objeto o situación dada). “Además, ya es capaz de relacionar personas con situaciones y eventos, comprende órdenes con ademanes, identifica su nombre y asocia sonidos que son significativos en su propio mundo. Hace sonidos más precisos, inicia el balbuceo y comienza a imitar vocales”.
Finalmente, ya en el período intencional (de 8 meses a un año), el niño se comunica deliberadamente utilizando estrategias más convencionales, a través de gestos y, ya cerca del año, palabras. “En esta etapa, el niño es capaz de pedir, ofrecer, negar, protestar, llamar y solicitar acción. Además, hace evidente que espera una respuesta de su interlocutor, impone su voluntad y muestra satisfacción cuando logra un objetivo”.
Los primeros síntomas
La etapa clave para identificar un problema en el área comunicativa es durante ese primer año en que se da el prelenguaje, momento apropiado, además, para hacer una intervención terapéutica que solucione o mejore la falla.
“Es importante aclarar que un trastorno de la comunicación se da cuando hay fallas en la función del lenguaje; es decir, cuando el niño no habla porque no sabe para qué debe hacerlo, pues no entiende que a través de las palabras puede satisfacer sus necesidades básicas”. Esta aclaratoria es fundamental, pues muchos padres enfocan su atención en el hecho de que el niño no articula palabras, lo cual no necesariamente es síntoma de un trastorno de la comunicación.
“Un niño puede comunicarse perfectamente a través de gestos y sonidos, sin que ello signifique que estamos ante un trastorno de la comunicación”. Existen niños que articulan palabras más tarde que otros, pero que tienen un desarrollo comunicativo efectivo y normal que le permite interactuar con los demás y demandar la satisfacción de sus necesidades.
“Cuando efectivamente hay un trastorno de comunicación la palabra no aparece porque el niño no sabe para qué hablar. No porque no sea capaz de hacerlo. Las palabras van a surgir en la medida en que él entienda la función que ellas tienen”.
Las señales de que un niño tiene un trastorno de comunicación varían entre uno y otro y dependen mucho del ambiente. Sin embargo, hay muestras muy claras que permiten diagnosticar algún problema.
Desde el nacimiento hasta los tres meses, la primera señal de alarma es que, al tomar el pecho o el tetero, el bebé no hace contacto visual con su mamá. “Éste es el primer y más claro indicio de un trastorno de la comunicación”, indica el especialista.
También pueden ser síntomas a esa edad si el bebé es muy irritable, llora en exceso y no es capaz de calmarse con nada, o, por el contrario, si es muy pasivo, no pide comida o no llora.
Desde los tres hasta los ocho meses, hay otros indicios importantes como, por ejemplo, si el infante no es capaz de tomar turnos o compartir la atención con su interlocutor. Igualmente, si no puede seguir un juego, se aísla y no se relaciona con nadie o no distingue entre una persona extraña y una conocida.
Entre los ocho y los doce meses, los síntomas más comunes están relacionados con la dificultad del pequeño para pedir o señalar lo que quiere, o de ofrecer, negar o protestar. También es un indicio si el niño no llama o no solicita acción, sino que trata él mismo de satisfacer sus propias necesidades sin buscar ayuda o requiere apoyo sin verle la cara a la persona a la cual está acudiendo. Finalmente, cuando cumple el primer año de edad y no es capaz de articular ni una sola palabra, sino que todas sus demandas las hace mediantes llantos, chillidos y berrinches, es probable que no se trate simplemente de un niño que se porta mal, sino que a lo mejor debe descartarse un trastorno de la comunicación.
“Es muy importante aclarar que un solo síntoma, en cualquiera de las etapas del prelenguaje, no es suficiente para diagnosticar en el niño un trastorno en esta área. Tienen que darse varias de estas señales para pensar en tal posibilidad. Lo que hay que hacer es poner la lupa en cada indicio”.
La intervención terapéutica
Tratar un trastorno de la comunicación es posible y, dependiendo de la causa y del momento en que se diagnostique, puede corregirse totalmente el problema.
“Uno de los errores más comunes en los padres es querer enseñar al niño a decir palabras, lo cual no significa que se le está enseñando a comunicarse”.
Para corregir un trastorno de la
comunicación es necesario tratar
en el niño la función del lenguaje
y no la forma; es decir, enseñarle
“para qué” hablar y no “cómo”
hablar.
“La forma del lenguaje —las palabras—
no se enseña en un niño con un trastorno
de la comunicación. Ellas aparecen solas
en la medida en que el niño aprende su utilidad. Y esto se le enseña trabajando
con él la función del lenguaje”. El tratamiento más común en estos casos
se basa en lo que se llaman las tentaciones comunicativas, que son
situaciones que se crean para estimular al niño a que interactúe
y se comunique.
Una tentación comunicativa es, por ejemplo, mojarle el pie al niño con agua muy fría y repetirle la palabra “fría” o la frase “no me gusta”, de modo que él relacione las palabras con la situación. Otro ejemplo es ofrecerle un plato de comida vacío y repetirle la frase “quiero comer”, de modo que él entienda que a través de esas palabras obtiene la comida para ese plato.
“Obviamente, si el tiempo pasa y el problema no se trata, la situación se agrava, pues aumenta la frustración del niño y éste tiende a aislarse más. Por eso, el diagnóstico oportuno y la intervención temprana especializada determinarán, en gran medida, el éxito de la intervención terapéutica”, añade Carrasquero.
Finalmente, la duración de un tratamiento para corregir un trastorno de la comunicación va a depender mucho del avance del problema y del compromiso de los padres con la terapia.
¿Incomunicados?
No existe un acuerdo mundial sobre las razones por las cuales un infante desarrolla un trastorno de la comunicación, pero algunos estudios coinciden en que puede haber varias causas:
• Un problema de nacimiento
• Consecuencia de abandono, falta de atención familiar o maltrato (niños en albergues o de la calle)
• Una condición asociada a otros problemas como autismo, síndrome de Asperger, trastorno generalizado del desarrollo no específico, disfunción en la integración sensorial, déficit de atención, hiperactividad, retardo mental y actitudes superdotadas
“El pronóstico futuro de un niño con trastornos de comunicación va a depender de cuán comprometido está su desarrollo en esta área y de qué tan a tiempo se hace la intervención”. En todo caso, este tipo de trastorno tiene solución siempre que no esté dentro del espectro autista.
“En los casos de autismo, síndrome de Asperger y trastorno generalizado del desarrollo no específico (estos dos últimos considerados dentro del espectro autista), la intervención terapéutica oportuna sin duda va a mejorar la situación. Estos niños, de adultos, pueden desenvolverse normalmente dentro de la sociedad, pues aprenden a vivir con su condición, pero siempre van a tener las habilidades comunicativas interferidas. Por eso, es necesario darles muchas estrategias de socialización”.
| Sabias palabras |

›› La etapa previa a la aparición de las
primeras palabras es crucial para
el desarrollo futuro del lenguaje de un niño
››Es un mito que los gestos y las señas
retardan la aparición del lenguaje. Por el
contrario, éstos permiten al infante
comunicarse efectivamente en momentos
en que todavía no dispone de la palabra
››El hecho de que un niño articule palabras no implica que se esté comunicando. Y viceversa. Aunque no tenga vocabulario, un chiquillo puede comunicarse efectivamente hasta que es capaz de hablar
››Cualquier señal comunicativa en un bebé, por más leve o poco convencional que sea, debe ser tomada en cuenta. De lo contrario, su sistema comunicativo no progresará e incluso puede desvanecerse
››Hablar, hablar y hablar no es suficiente para estimular la comunicación. Lo fundamental
es lograr que cualquier estímulo genere una respuesta
››No hay horario para la estimulación del lenguaje; ésta debe hacerse durante las rutinas diarias a lo largo de todo el día |
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Señas
Amelia Carrasquero
Terapista de Lenguaje y Comunicación
Grupo Alternativas para el Desarrollo
Tlfs.: 261.6182 / 265.4135 |
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