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revista Estampas

Caracas, sábado 23 de mayo de 2009

 

¿Competencia sana?


fotos: www.shutterstock.com/jacek chabrazewri

Estimular a un niño para que compita con sus hermanos y compañeros puede llevarlo a adoptar un modelo de vida en el cual lo importante es medirse con otro, no su propio rendimiento ni su valor. Teresa León

"Aprende de tu hermano, que es un buen niño; fíjate en tu prima, ella sí tiene buenas notas, trata de ser como ella… Mis padres siempre me comparaban con uno de mis hermanos y con una prima, y en el colegio las maestras siempre ponían a una compañera como el modelo a seguir, lo que me hacía sentir frustrada y resentida porque creía que yo nunca podría alcanzar ese ideal", expresa Jennifer Aragón, supervisora de una empresa en la que la cultura imperante es la rivalidad entre los compañeros, entre los jefes y entre las unidades, y donde la meta es ganarle a la competencia en el mercado.

La competitividad está presente en los hogares, los colegios, las empresas, la comunidad; y a veces pasa desapercibida. Ese deseo de medirse con el otro, de igualarlo o superarlo puede responder a la necesidad de una persona de convencerse a sí misma de que ella sí es capaz de hacer o tener algo igual o mejor que el otro. "Si él entregó un proyecto, yo no me voy a quedar atrás, yo también tengo que presentar uno y el mío será el mejor". También revela una necesidad de ser reconocido y valorado por los demás. "Si mi mamá le cuida los hijos a mi hermana me los tiene que cuidar a mí también".

La persona que compite para convencerse de sus capacidades, en el fondo no está segura de su valor. Si compite por reconocimiento de la familia o de los jefes, puede estar sintiendo que no es suficientemente apreciada por los demás.

Si bien algunas personas parecieran ser competitivas por naturaleza, muchos aprenden a competir en la infancia. En etapas de la niñez es natural que los niños compitan por el cariño y la atención de los padres y maestros. Sin embargo, los niveles de competitividad pueden llegar a ser exagerados y enfermizos y hacer que la persona viva constantemente en función de los demás.

Este tipo de conducta la copian los niños de sus padres y maestros, cuando estos rivalizan todo el tiempo con otros. También se fomenta con las comparaciones y mostrando preferencia por alguno de los hijos o por algún niño en el colegio. Asimismo, los programas de televisión, los juegos en Internet, las canciones y los refranes promueven la competitividad, entendida aquí no como el uso de habilidades (competencias) para competir con posibilidades de ganar, sino como la práctica de medirse con el otro para igualarlo o superarlo. En este sentido el concepto está muy próximo a la rivalidad.

Hay padres que compiten exhibiendo a sus hijos como trofeos y así enseñan a sus hijos a ser competitivos. Le envían a sus niños mensajes como "si no superas al otro eres tonto, y me haces sentir vergüenza, me verán como una persona fracasada, como mal padre".

La doctora Cruz Velásquez, médico y psicoterapeuta, señala que "La competitividad se fomenta casi siempre con las comparaciones. Se compara a los niños en la familia, en el colegio, en diferentes espacios sociales, como por ejemplo los parques. Siempre se oye a las personas comparando a un niño con otro."

En el hogar, cuando constantemente se compara de forma desfavorable a un niño con respecto a otro, el mensaje que se le manda es "no seas tú, busca ser como otro más, no te aceptes a ti mismo". Cuando un niño ve que prefieren al otro, competir con él se convierte en su meta, ya que piensa: Si soy como él o mejor que él, me van a querer igual o más que a él.

Jane Nelse, terapeuta infantil con doctorado en psicología de la educación de la Universidad de San Francisco, California, señala que es común que los niños se comparen con sus hermanos y decidan que si un hermano o hermana se destaca en un área específica, las opciones que les quedan es desarrollarse en un área distinta, ser vengativos, darse por vencidos o competir y tratar de superar a su hermano.


fotos: www.shutterstock.com/sonya etchyson

Al estimular la cooperación entre los niños, se reduce la presión y
disminuye la rivalidad entre ellos

Cooperación versus rivalidad
En su libro Disciplina con amor, la doctora Nelse apunta que a los niños generalmente se les hace difícil entender que pueden ser buenos en un área en la que se destaque un hermano. Son raros los casos en los que los hermanos desarrollan sus habilidades en un mismo campo. "Esto tiende a ocurrir en aquellas familias en las que se da un ambiente de cooperación en vez de una atmósfera de competencia".

"Vas a tener un hermanito, te quitaron el puesto"; las personas que pronuncian frases como éstas generalmente no están conscientes del daño que pueden causar con ellas. El niño puede sentirse desplazado y pensar que no lo van a querer igual, puede sobreexigirse a sí mismo en búsqueda de perfección para no ser superado por ninguno de sus hermanos o puede asumir una actitud conformista y derrotista.

Uno de los pensamientos que subyace a la competitividad es el de escasez. En su fantasía, el niño piensa: "Si nace otro niño no habrá suficiente amor para los dos; si mi primo es bueno en música, yo no podré serlo, en la repartición de talento ya no alcanzará para mí".

Los hijos únicos, aunque no tienen que luchar con otros niños en el hogar para lograr lo que desean, sí pueden ser competitivos. "Es frecuente encontrar hijos únicos altamente competitivos, que provienen de hogares en los cuales, desde muy pequeños, les han inculcado la importancia de ganar, de ser el primero, de no perder, de tener lo mejor (…). Así, la actitud frente a la competencia es otro factor que está más ligado al enfoque de los padres que a la condición misma de ser hijo único", señalan María Elena López y María Teresa Arango en el libro El hijo único (editorial Norma).

Es importante ponerse en el lugar del niño ¿Cómo se sentirá un pequeño que cree que debe ganar siempre para no decepcionar a sus padres y para ser aceptado?


fotos: www.shutterstock.com/mandy godbehear

Los deportes y juegos son excelentes para canalizar la competitividad

Falso estímulo
En el colegio, muchas veces se recurre a las comparaciones y la competitividad como una manera de estimular a los niños a rendir más. "Muchos maestros comparan a los estudiantes creyendo que eso es un estímulo, pero con esto lo que hacen es invitar a la descalificación, a que el alumno no valore las cosas que hace bien, sino que se fije en lo que el otro hace. La motivación debe estar en función de lo que el niño hace bien, no en función de la comparación con el otro", añade la doctora Cruz Velásquez.

En los colegios donde se estimula la competitividad, el niño aprende a medir su rendimiento y sus capacidades en función del otro, no en función de su propio avance.

En la cultura estadounidense ser un loser (perdedor) es un insulto, tal es la cultura de la competitividad, de ganar a toda costa, en la que reconocer las propias limitaciones y los méritos de otros, y el compañerismo parecen tener poca cabida.

Afortunadamente, desde hace ya varios años ha cobrado fuerza la idea de "ganar-ganar" en la cultura empresarial y de negocios, algo que se ha ido trasladando al resto de los campos. Que una persona tenga éxito no significa que otra no pueda tenerlo.

Los deportes son excelentes medios para canalizar la competitividad natural de los niños y para enseñarles a que si pierden un juego no están perdiendo su valor como persona. Los juegos también son buenas oportunidades para que padres y maestros enseñen a afrontar los fracasos y a reforzar valores y virtudes como la honestidad, humildad, tolerancia y el respeto.

Es importante atender las emociones del niño que se muestra celoso, hablarle para que conciencie lo que está sintiendo y pensando, sin hacerlo sentir avergonzado por ello, y ahondar en sus necesidades.

En la mayoría de los casos, lo niños compiten por atención y cariño. Generalmente lo que quieren es ser reconocidos por lo que son y por lo que hacen, sentirse aceptados y amados incondicionalmente.

fotos: www.shutterstock.com/jacek chabrazewri
teresaleon7@yahoo.com

Recomendaciones

» Fomente un ambiente de cooperación en el hogar.

» Estimule a sus hijos a hablar de sus celos. Hágales sentir que los quiere por lo que son.

» Reconozca las capacidades individuales del niño y las capacidades de los otros; estimule a los niños a reconocer su propio valor y el valor de los otros.

» Evite las comparaciones. Al hacerlo, sufre quien es puesto como ejemplo ya que siente el rechazo de los otros y la presión por satisfacer las altas expectativas que tienen de él, y sufre el que se siente menos apreciado.

» Trate a sus hijos como iguales. Siempre imponga las mismas sanciones para todos, así evitará que alguno sienta que es menos importante que los otros.

» Incentive la cooperación entre hermanos. Al reducir la rivalidad entre ellos, se les ayuda a centrarse en los retos de la vida sin la preocupación de tener que compararse o medirse con otros.

 

Señas:
Doctora Cruz Velásquez,
médico y psicoterapeuta.
Teléfono: (212) 576.9470
 
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