Si cada día es menos el tiempo que puede pasar con sus hijos, tenga cuidado de no tratar de compensarlo siendo un papá demasiado “chévere”. Sabemos que resulta mucho más cómodo ser un amigo, que un padre, pasar por simpático que por exigente. Sin embargo, con este tipo de actitud, no le hace ningún favor a su hijo. Por el contrario, puede estar evadiendo su responsabilidad como padre.
Recuerde que aunque suene “arcaico” la relación padre-hijo debe ser de tipo vertical, ya que los niños necesitan límites, saber que sus padres son la autoridad y que las decisiones que estos toman no se negocian. Es la manera de prepararlos para un mundo que no va a negociar constantemente con ellos.