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revista Estampas

Caracas, sábado 28 de junio 2008

 

Fotos: Archivo

 


 

 

 

 

 

Mary-Kate y Ashley
¿Víctimas o íconos?

Las gemelas Olsen son suficientemente excéntricas como para hechizar a los más altos círculos de la moda. Con una nueva línea de ropa -The Row- intentan llevar sus extrañas inspiraciones al nivel más alto del mercado.
A.L.




Las gemelas Olsen derrochan estilo. El look de cada una
se ha desarrollado como reflejo chillón opuesto a la otra

En el vestíbulo del hotel Chateau Marmont, Mary-Kate Olsen constituye una presencia extraña, como un duendecillo. Lleva kilos de delineador de ojos, zapatos con tacón de aguja y un abrigo de lana negra abotonado hasta el cuello. Parece una mezcla de J. T. Leroy, Merlina Addams y uno de esos niños abandonados de grandes ojos de las pinturas de Margaret Keane. Luce frágil y gótica, con sus diminutos dedos cubiertos de anillos. Es tanto glamorosa como bohemia, excéntrica y afectada, y una vez que entra en el salón, es casi imposible mirar hacia otra parte. Su look -marca registrada e inconfundible- es como una especie de disfraz, que ha sido tan extensamente copiado que resulta abrumador ver al original en acción.

Mary-Kate Olsen y su hermana gemela, Ashley, han sido famosas toda su vida. Son las más raras de todas las estrellas infantiles, en el sentido de que no se han vuelto feas, malhumoradas ni (aparentemente) locas con los años. Han conservado su carisma preadolescente, con sus ojos y rostros redondos y esas pequeñas naricitas de botón; también han conservado su increíble fortuna. Siendo niñas interpretaron el papel de Michelle Tanner, la graciosa bebé de la familia en la serie televisiva Tres por tres (Full House). Las niñitas se volvieron locas con Michelle, incluso más locas al descubrir que eran dos y sus padres finalmente entendieron que aquello era una mina de oro. Junto a su entonces apoderado, Robert Thorne, fundaron Dualstar Entertainment, una empresa con la meta de apalancar la popularidad de estas dos muñequitas vivientes. En poco tiempo, las Olsen estaban haciendo grandes negocios en películas que de una vez se convertían en videos, así como en programas de TV con nombres tales como Mary-Kate and Ashley in action!, Puppy Love y muchas más. Además, autorizaban el uso de su nombre para líneas baratas y alegres de muebles y ropa para jóvenes preadolescentes. Dualstar es actualmente la marca más vendida en Estados Unidos en varias categorías: es la principal marca de moda y estilo de vida para chicas, y la franquicia de videos para muchachas número uno de todos los tiempos. Los libros sobre las aventuras de las Olsen han vendido 40 millones de copias. En 2005, en el cumpleaños 18 de las hermanas, asumieron funciones de liderazgo y de toma de decisiones en Dualstar; en ese momento, la compañía facturaba 1,2 millardos de dólares en ventas al año. La empresa vendió a las Olsen como un producto para las masas, accesible y sin lados oscuros. Pero sus vidas se han tornado mucho más complicadas y sofisticadas que sus productos. Han estado vendiendo dormitorios Formica en colores pasteles, pero ahora también adoran a Nicolas Ghesquière. Sin embargo, sus contradicciones se resuelven con el lanzamiento de The Row, una línea más cónsona con aquello en que se están convirtiendo de adultas que con lo que fueron, a ojos del público, durante tanto tiempo.

No es lo normal que las celebridades de cualquier edad realmente tengan estilo, un estilo personal, que sea único e individual y que lo hayan logrado por su propia cuenta. Pero las Olsen, para bien o para mal, lo tienen por toneladas. Aunque dejaron la trillada práctica de vestir igual, el look de cada una se ha desarrollado como reflejo chillón opuesto a la otra; aún viven en un pequeño mundo de dos. Pero hay sutiles diferencias: Mary-Kate puede ponerse diez anillos alocados, mientras que Ashley se pone sólo dos o tres. Pero, como lo expresa Mary-Kate: "Si duermo en casa de mi hermana, sin duda me puedo poner ropa de su clóset en la mañana". El look característico de las dos combina Edie Beale con Balenciaga, Johnny Depp y John Galliano. No usan ropa que sea evidentemente vulgar, sexy o fácil de predecir. Aunque los periódicos sensacionalistas las condenan a las listas de las peores vestidas, la gente de la moda está obsesionada con su forma directa de abordar la vanguardia. Ellas experimentan con la proporción y la silueta. Mezclan lo clásico con lo nuevo, de marcas y sin marcas. Han llevado el uso de accesorios a una forma de arte elevada y glamorosa. Si el estilo de las Olsen recuerda el de alguien, no será el de Lindsay Lohan, Mandy Moore ni el de ninguna de sus supuestas rivales: ellas visten como si fueran las editoras de Vogue Francia.

Hoy en día, Mary-Kate y Ashley prefieren conceder entrevistas separadamente. Es parte de un prolongado proceso de maduración que realmente comenzó durante los dos años que pasaron en Nueva York como estudiantes de la New York University. "Conseguimos un apartamento enorme y lo decoramos, pero nunca nos mudamos porque decidimos vivir separadas; fue la mejor decisión que hayamos tomado", dice Ashley. Exploraron intereses individuales: arquitectura en el caso de Ashley y fotografía en el de Mary-Kate. Pero en lo que coincidían entonces y en lo que aún coinciden es la moda.

The Row consiste principalmente en costosas franelas tejidas con elegantes costuras francesas y algunas pocas piezas minimalistas, como un blazer muy bien cortado y una ajustada minifalda al estilo de Hervé Léger. Más llamativos son los abrigos de pieles, ultragrandes y sensuales, aunque de alguna manera también simples. Mary-Kate y Ashley están íntimamente involucradas en el proceso de diseño, desde el principio hasta el fin, las hermanas desarrollan el concepto y trabajan en coordinación con un diseñador. La paleta de colores es tan mínima como la colección: negro, blanco, crema, gris, el ocasional toque de rojo y la propia etiqueta, una pequeña cadena dorada que fácilmente pasa desapercibida con las palabras The Row grabadas en relieve. Es como las propias Olsen en su deseo simultáneo de ser notadas y permanecer ocultas.

"Crecí montada en un caballo", dice Mary-Kate, encendiendo el primero de muchos cigarrillos Marlboro rojo. "De niña nunca agarré una revista de moda", agrega. Pero le gustaba la moda, y se maravilla ante la incredulidad de los adolescentes que se quedaban boquiabiertos con su código de vestir en el liceo (pantalones de caqui, camisas con cuello, zapatos cerrados), lo cual fue lo que primero la inspiró a lucir menos como todos los demás.


Mary-Kate puede ponerse
diez anillos alocados,
mientras que Ashley
se pone sólo dos o tres.

El primer desfile al que asistió Mary-Kate fue a uno de Marc Jacobs. Luego viajó a París: Balenciaga, Christian Dior, Ives Saint Laurent, Chanel. "Cuando realmente comencé a ver moda, quedé asombrada", comenta. Afirma que llegó a su look vampírico europeo mediante una serie de accidentes. Hubo el período bohemio de los suéteres gigantescos de su (efímero) paso por la New York University -"¡Sólo trataba de mantenerme caliente!". También insiste en que procuraba, de alguna forma, pasar desapercibida cuando iba a clases, pero las capas de ropa, los enormes lentes oscuros y los increíblemente grandes gorros tuvieron un efecto diametralmente opuesto. Todas las demás estrellas en ciernes mostraban mucha carne, pero aquí estaba esta pequeña duendecilla, enterrada bajo un colosal sombrero. ¿Cómo no sentirse intrigado?

Maky-Kate dejó la New York University (aún está inscrita y sólo le falta un año y medio) porque no se sentía a salvo, señala. La volvían loca los chicos de su clase que vendían anécdotas a los periódicos sensacionalistas, y en algunos casos, incluso, obtenían créditos académicos por ello. "Hacían pasantías en los semanarios", dice, agregando, "Aprender no es divertido si no te sientes segura".

El estilo de Mary-Kate ha evolucionado desde entonces. La moda la siguió cuando comenzó a usar grandes abrigos y anteojos, así que ahora busca lo pequeño; hoy está vestida con un pequeño vestido negro tejido y un abrigo bien ajustado.
The Row, comenta, "era el bebé de mi hermana y, por supuesto, quería hacer cualquier cosa para ayudarla". Ella sugirió la incorporación de nuevos elementos a la línea, tales como pantalones grandes de corte masculino.

Ambas hermanas insisten en que no hacen muchas compras. Les gustan las piezas sencillas, un tanto anónimas, y muchos accesorios. "Me encanta la forma en que puedes alterar totalmente tu look cambiándote de zapatos", dice Mary-Kate. "O quizás no luces diferente y más nadie piensa que te ves diferente, pero de todas formas yo me siento diferente". Lanza esa sonrisita de ardilla, arrugando la nariz y poniendo los ojos bizcos, que la convirtió en una reina de los preadolescentes, para luego anunciar que debe ir a una audición y se marcha.


La ropa de The Row es sofisticada,
elegante, versátil, modesta."

Ashley llega después, tambaleándose en sus alocados zapatos: son sandalias, plataformas, zapatos de tacón de aguja, todo al mismo tiempo. Ashley es diminuta, pero de alguna forma más robusta que su hermana. Nació primero, es quizás cinco centímetros más alta y su presencia es más de líder que la de Mary-Kate. Su look es un poco más elegante: lleva enormes lentes oscuros Christian Dior, pantalones ajustados y una diminuta chaqueta de cuero con pequeñas mangas arruchadas. Mientras que Mary-Kate pidió café descafeinado con leche de soya, Ashley pide café cargado. Segundos después de sentarse (y encender su cigarrillo Parliament Light) está hablando de negocios. "Esto es práctico", dice. "Es producción, es planificación, es dar los pasos adecuados. Es todo lo que necesitas hacer para arrancar un negocio".

Las Olsen han sido empresarias desde hace años, desde adolescentes tuvieron que examinar concienzudamente sus contratos de comercialización con Wal-Mart y otras tantas compañías. Pero su trabajo tanto en la moda como en la TV y el cine nunca ha sido exactamente un reflejo de quiénes eran o de la vida que llevan como adultos. "Cuando estábamos creciendo, siempre se trataba de tener el tono adecuado", dice Ashley en referencia a los años que transcurrieron combinando vestidos de fiesta floreados y tontos sombreritos de marinero. Pero han crecido y se han convertido en algo distinto de lo establecido o lo adecuado. La universidad le enseñó a Ashley lo que ella quería hacer, aunque, como a menudo ocurre, sin que ella se diera cuenta de ello. "Estaba estudiando arquitectura y psicología, y me encantaba, pero seguía pensando en franelas y cómo hacer una que fuera perfecta. Fue mi papá quien dijo 'Debes hacerlo'".

Así que llamó a una amiga de la infancia, La diseñadora Danielle Sherman, y se puso a trabajar. "En eso es en lo que soy buena", opina. "Ver huecos (en el mercado)". Ashley dice que dejó la universidad porque estaba lista para hacer The Row.
"Wal-Mart tenía que ver con el cliente. Nos enseñó a ser comerciales. Esto tiene que ver conmigo
y mi hermana, y con lo que nos gusta vestir".

Las Olsen están conscientes de que su fama, tan útil en Dualstar, seguramente será un obstáculo para su nueva línea, los fashionistas no se matarán entre sí para comprar una franela de 150 dólares de una marca para jóvenes adultos. De allí
que el nombre Olsen no salga en ninguna parte del producto, y ellas no serán fotografiadas en la promoción del mismo.

Está por verse si The Row atraerá a los clientes que compran Alaïa y Balenciaga. Pero la ropa, de hecho, tiene su valor propio. Es sofisticada, elegante, versátil, modesta. En cierta forma, es una fase intermedia entre ser ídolos tanto de niñitas tontas como de estiradas señoras interesadas en la moda. Y pese a todo, la línea es todo lo que ellas querían que fuera. "Creo", dice Mary-Kate, "que mi hermana estaría feliz si la vendiera hasta poniéndola en la maleta del carro".

TRADUCCIÓN: JOSÉ PERALTA

 
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